Radiografía de una infancia hiperconectada: móvil propio y redes sociales desde los 10 años en Andalucía
El primer teléfono móvil llega cada vez antes a la vida de los niños, niñas y adolescentes andaluces. Esa es una de las conclusiones a las que llega el último informe sobre Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, elaborado por UNICEF España con la colaboración de su comité andaluz y la Junta de Andalucía.
Según el estudio, basado en las respuestas de 5.153 escolares de entre 10 y 20 años de 45 centros educativos de Andalucía, la edad media de acceso a un dispositivo propio con conexión a internet se sitúa en los 10,52 años. La presencia en redes sociales también está generalizada: el 84,4% del alumnado de 5º y 6º de Primaria ya está registrado en alguna red social, un porcentaje que alcanza el 94,5% en el conjunto de la muestra.
El informe ofrece así una radiografía de los hábitos de los menores en el entorno digital, pero también de los riesgos a los que se enfrentan: desde el ciberacoso y la violencia en las relaciones de pareja hasta los usos problemáticos de las redes sociales, asociados a peores indicadores de salud mental.
Más del 50% usa el móvil de madrugada
La presencia de los menores en las redes sociales no solo es cada vez más temprana, sino también más intensa. Uno de cada diez adolescentes (el 10,1%) dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales durante los días lectivos, un porcentaje que se eleva hasta el 23,4% los fines de semana. WhatsApp (80,8%), YouTube (79,9%), TikTok (70,9%) e Instagram (62,1%) son las aplicaciones más utilizadas.
La conexión tampoco se interrumpe necesariamente cuando llega la hora de dormir. El 43% de los escolares tiene el teléfono móvil en su habitación todas o casi todas las noches y, entre quienes mantienen este hábito, el 51,2% reconoce utilizarlo de madrugada. Una dinámica que, junto al uso intensivo de las pantallas, plantea interrogantes sobre el descanso y los espacios de desconexión durante una etapa clave del desarrollo.
Más allá del tiempo de conexión, el informe advierte de que una parte de los adolescentes podría haber desarrollado patrones de uso problemático de las redes sociales y conductas inadecuadas, relacionados con una exposición digital temprana y sin acompañamiento.
En Andalucía, el porcentaje alcanza el 6,6% del alumnado, superando el 5,7% registrado en el conjunto de España. La incidencia del uso problemático es casi el doble entre las chicas (8,7%) que entre los chicos (4,5%) y aumenta con la edad, hasta alcanzar el 9,8% en Bachillerato y Formación Profesional.
Impacto de las redes en la salud mental
Los resultados muestran también diferencias importantes en los indicadores de salud mental entre quienes presentan un uso problemático de estas plataformas y quienes mantienen un uso considerado normativo. Entre los primeros, el 34,5% presenta síntomas de ansiedad y el 37% de depresión, frente al 13,1% y el 11,3%, respectivamente, del segundo grupo.
La relación también aparece en los indicadores de riesgo suicida, que se triplica: el porcentaje de adolescentes con riesgo elevado pasa del 6,6% entre quienes hacen un uso normativo de las redes al 20,4% entre quienes presentan un uso problemático.
El ciberacoso escolar constituye otro de los riesgos identificados. El 8,4% del alumnado andaluz presenta indicadores de cibervictimización, según la escala específica utilizada en el estudio. Cuando se pregunta directamente a los escolares, el 11% afirma haber sufrido ciberacoso en algún momento de su vida.
El informe también encuentra una relación entre la cibervictimización y peores indicadores de salud emocional: quienes la sufren presentan un riesgo suicida elevado cuatro veces mayor que quienes no están involucrados en estas dinámicas.
La violencia también se traslada a las relaciones digitales
Uno de los datos más relevantes del estudio aparece en el ámbito de las relaciones afectivas. Uno de cada tres adolescentes andaluces (32,6%) que tiene o ha tenido pareja reconoce haber sufrido alguna manifestación de violencia digital de forma frecuente, al menos una vez al mes.
Entre las conductas más habituales, figuran el control de las amistades de la pareja en redes sociales, que reconoce haber sufrido el 21,9%; la vigilancia de dónde o con quién está a través de dispositivos digitales (15,1%) y la revisión del teléfono móvil sin consentimiento (14,8%). Las chicas refieren más presiones para enviar fotos o videos con contenido erótico o sexual (12,9% frente a 5,4% de los chicos).
La exposición temprana a contenidos sexuales ejerce “un papel modulador de actitudes y conductas desde la infancia”, según el informe. En Andalucía, la edad media del primer contacto con la pornografía se sitúa en los 11,51 años. El 30,3% del alumnado afirma haber visto este tipo de contenidos alguna vez y aproximadamente uno de cada diez reconoce consumirlos semanalmente.
Pornografía, videojuegos y apuestas
En uno de cada tres casos, el primer acceso se produce de manera fortuita y el 71,9% considera que le ha resultado bastante o muy fácil acceder a estos contenidos. Las diferencias por sexo también son significativas: el 43,3% de los chicos afirma haber visto pornografía, frente al 16,4% de las chicas.
El estudio identifica además un patrón de consumo problemático de la pornografía en el 21,4% de los adolescentes que la consumen. La incidencia es especialmente elevada entre los chicos: alcanza el 14,2%, frente al 2,2% de las chicas. El porcentaje también es mayor en el uso de videojuegos: casi 4 de cada 10 chicos andaluces (39,8%) presentan un uso problemático en este ámbito frente a 2 de cada 10 chicas (20,7%).
Más preocupantes son los datos relativos a las apuestas con dinero. Pese a estar prohibidas para los menores de edad, el 11,9% de los menores de 18 años encuestados reconoce haber apostado o jugado dinero alguna vez. De ellos, el 78% asegura que nunca le pidieron el DNI para comprobar su edad. Las webs de apuestas y los propios videojuegos aparecen entre las principales vías de acceso al juego online.
El papel de las familias y la falta de límites
El informe también pone el foco en el acompañamiento familiar y en la capacidad de los progenitores para establecer hábitos saludables en el uso de la tecnología. Aunque más de la mitad (el 52,1%) habla habitualmente con sus hijos sobre los riesgos de internet y cómo prevenirlos, el porcentaje cae hasta el 43,8% cuando se pregunta por el establecimiento de normas sobre el tiempo que pasan con el móvil, internet o las redes sociales. Solo el 27,7% pone límites a los contenidos que sus hijos e hijas publican.
Partiendo de estos resultados, UNICEF destaca que la mediación parental sigue siendo “un área de mejora en los hogares andaluces”. Hábitos sencillos como no dormir con el móvil en la habitación o evitar su uso durante las comidas familiares pueden reducir a la mitad las tasas de uso problemático y las conductas de riesgo online, según el informe.
El ejemplo de los adultos también influye en los hábitos digitales de los menores. El 25,7% del alumnado afirma que sus progenitores utilizan habitualmente el teléfono móvil durante las comidas o cenas familiares.
Propuestas para mejorar
Ante esta situación, UNICEF y las entidades que colaboran en el estudio plantean reforzar la educación digital de las familias, mejorar los protocolos de protección frente a la violencia digital y abordar el malestar emocional y los usos problemáticos de la tecnología desde los ámbitos educativo y sanitario. También reclaman una mayor responsabilidad de las empresas tecnológicas en la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes.
“Nos encontramos ante una generación que vive hiperconectada y que, aunque es más consciente de los peligros que conlleva el uso de la tecnología digital, sigue afrontando importantes retos. Tenemos la responsabilidad colectiva de garantizar su protección y la de sus derechos en el mundo digital”, resume José Sánchez, presidente de UNICEF Comité Andalucía.
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