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Uno de los contenedores exportados a Francia.

“Cada gota de agua cuenta”. Esta es la filosofía de la empresa aragonesa Marcosa Riegos, afincada en un pueblo de la comarca de Cinco Villas, Ejea de los Caballeros, y que hace unos años decidió diseñar un sistema de riego automatizado y de fácil transporte que diera respuesta a las necesidades de los profesionales de la agricultura. “Varios de nuestros clientes se dedican al cultivo de hortalizas como cebolla, tomate o pimiento y para evitar repetir cultivo en la misma tierra, por los perjuicios para el propio cultivo que ello conlleva, necesitan cambiar de fincas casi anualmente”, explica José Antonio Marcellán, director de la firma.

Esta necesidad les hacía tener que desmontar los sistemas de riego o hacer inversiones astronómicas para poder dotar a cada terreno de su propio sistema. El resultado era la pérdida de oportunidades de producción o la merma de la rentabilidad debido a la necesidad de inversión en riego. Esta problemática hizo pensar a los miembros de esta empresa ejeana y, apoyándose en las sugerencias de los afectados, los agricultores, buscaron una solución. Así fue como diseñaron un sistema que permite tener equipos de riego completos, integrados dentro de un formato que se puede transportar fácilmente, aislados de las inclemencias del tiempo y que evita tener que montar y desmontar continuamente las partes principales de una instalación de riego: bombas, filtros, depósitos de fertilizante o programadores, entre otros.

El primer paso fue buscar un espacio que pudiera albergar toda la instalación y que, además, se pudiera mover. “Vimos factible aprovechar contenedores marítimos nuevos o ya usados pero que están en buen estado, para acondicionarlos y dotarlos en su interior de una instalación de riego”, señala Raúl Villanueva, ingeniero agrónomo en Marcosa Riegos. Se pusieron en contacto con una empresa de Valencia y cerraron un acuerdo para el suministro de contenedores.

Como no todos los clientes tienen las mismas necesidades, los formatos de contenedor también varían. En función del número de elementos de riego que debe de haber en cada contenedor acondicionan el de 40 pies (12,19 metros de largo x 2,44 metros de ancho x 2,59 metros de alto) o el de 20 pies (6,10 metros de largo x 2,44 metros de ancho x 2,59 metros de alto). “La ventaja es que ambos se pueden transportar por vía terrestre; en camión o en tren, y por vía marítima; en barco”, apunta Raúl Villanueva. Es este detalle el que ha hecho posible que estos contenedores, dotados con sistemas de riego diseñados y fabricados en un pueblo aragonés, puedan llegar a cualquier parte del mundo.

El objetivo que se persigue con la fabricación de estos equipos de riego automatizados es que el cliente pueda cambiar de finca para cultivar cada año o cada dos años de una forma rápida y sencilla. Conectando el equipo contenedor junto a un punto de suministro de agua como una balsa, una acequia, o un pozo, “sería suficiente para dotar de agua de riego presurizada a la instalación de goteo o de aspersión, la que el cliente haya elegido para regar”, explica el ingeniero agrónomo.

No hay dos contenedores iguales

No hay dos contenedores iguales. Cada equipo es diferente y se fabrica en función de las necesidades de riego que va a tener que cubrir. Se obtienen las necesidades de cada finca y se dimensionan todos los elementos de riego que se integrarán en el interior del equipo contenedor para cubrir las necesidades hídricas del cultivo en tiempo y en cantidad.

Una vez estudiadas las necesidades a las que debe dar respuesta este sistema de riego, el equipo se compone de una bomba de agua para aportar caudal y presión a la red de riego y un sistema de filtrado y depósitos de fertilizante, además de válvulas hidráulicas para regular las diferentes partes de la instalación. Otra de las comodidades que ofrecen estos contenedores aragoneses es que todas estas funciones se pueden manejar desde un teléfono móvil o un ordenador conectado a internet. “No es necesario que nuestros clientes estén físicamente donde está el contenedor para poder accionarlo, pararlo o cambiar algún parámetro”, explican desde la empresa, que cumple así el objetivo de “aplicar las nuevas tecnologías en el sector primario en beneficio de las personas y de su tiempo”.

En la mayoría de los equipos también se instala un grupo electrógeno o incluso una pequeña instalación fotovoltaica para dotar de corriente eléctrica a los motores eléctricos de las inyectoras de abono líquido, agitadores, extractores de aire y abastecer a la red de iluminación interior y también exterior. El resultado es que el interior de un contenedor marítimo se asemeja a una sala de control, con revestimiento en las paredes, el suelo y el techo, ventanas y luz eléctrica. “Es como una oficina portátil, puedes llevarla de una explotación agrícola a otra sin necesidad de desmontar nada, solo desconectando el punto de suministro de agua”, apunta el ingeniero.

Los contenedores han viajado incluso al otro lado del charco, como explica José Antonio Marcellán: “Hemos fabricado varios equipos de riego que están funcionando a pleno rendimiento en Chile, Francia, Barcelona y también aquí, en Aragón”. El éxito de estos sistemas de riego made in Aragón reside en su versatilidad y, sobre todo, en su capacidad de adaptarse a las necesidades de los profesionales del campo “nosotros no producimos en cadena, diferenciamos y damos respuestas personalizadas. Esa es una ventaja que ofrecen las empresas pequeñas que conocen la agricultura porque venimos y vivimos de ella”, concluye Marcellán.  

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