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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

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Azcón, orgullo dental y fracaso personal

Jorge Azcón, en una entrevista con EFE.

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Hay sonrisas dentales y mordidas labiales. La mirada atrae la atención del rostro, pero la boca esconde la naturalidad de las emociones. Bajamos los ojos tras un empentón malsonante, a la vez que fruncimos el ceño de la embestida. Agachamos las orejas para no escuchar las malas lenguas, mientras elevamos las cejas para bajar la monotonía. Nos suda la frente por la vergüenza del apuro. Y hasta nos mesamos los cabellos con una palabra tan dulce que sugiere una caricia folicular, a pesar de que describe una poda capilar. Dicen que la cara es el espejo del alma. Más bien será de la personalidad. Porque los humanos somos desalmados por naturaleza corporal, aunque las religiones nos dibujen divinos por soplo celestial. El diccionario define como inhumanos a los que no somos creyentes. Y cuenta a los individuos por sus almas y no por sus cerebros. Las caras miran y las cruces nos ven. Apretamos los dientes para resistir despiertos y los frotamos mientras soñamos liberar tensiones. Unas veces los escondemos en la cavidad bucal y otras los enseñamos para disfrutar de la carcajada. La ironía besa los labios con su sonrisa, pero nos partimos la caja dando dentelladas al aire que nos rodea. Los dientes nos dan la primera leche vital y sirven para identificarnos si nos vamos de este mundo con una leche mortal.

La dentadura tiene su propia pseudociencia. La llamada psiconeurodontología. Ponga un nombre raro a cualquier cosa que parezca seria, utilice algo relacionado con la psicología y aplíquelo a lo que se le ocurra. Y cobre, por supuesto. Cuanto más, mejor. Esta falacia la puede ver usted publicitada en una variedad de consultorios de sacamuelas que extraen la billetera de la cartera sin anestesia. Estos vividores dentales se han molestado en adjudicar una emoción a cada diente. Sepa que cuando muerde con cariño esa croqueta casera de jamón, con el premolar catorce, en realidad está expresando el desamor paterno que arrastra desde su infancia. Es cierto que, saboreando el pasado de las croquetas maternas, todos hemos sentido un complejo de Edipo que justificaría el asesinato del autor que nos coloca el congelado que venden en el bar de la desidia. Este timo adivinatorio se suma así a otros, como la cafeomancia, que busca en los posos del café el futuro de nuestra vida. Como si el porvenir estuviera escrito en las cápsulas que nos recomienda George Clooney, y no en colgarnos de la percha de su protagonista. Así que, según esta superchería que se está poniendo de moda, tenga cuidado porque las piezas de su dentadura revelarán sus más oscuros secretos, por mucho que se cepille los dientes.

No sabemos si Azcón le hincó el diente a su adelanto electoral con su pieza quince (la traición) o con la veintitrés (la sumisión). Lo que está claro es que el lunes se despertó con dolor de muelas. La pieza veintiocho (los remordimientos) y la cuarenta y cinco (la frustración) estaban inflamadas y cariadas. El flemón ultra de sus mejillas se lo provocó él mismo de tanto comer Voxtos basura. Los últimos días de campaña se le vio moverse con dificultades. Le perjudicó mucho el gesto de caminar descansando todo el peso electoral en su talón de Quiles.

De la noche electoral nos queda mucho por analizar. Una participación expectante, una ultraderecha que utilizó de ascensorista a Jorge Azcón y una izquierda que retrocede, con la salvedad del buen resultado de la CHA de Pueyo. El bloque de la derecha (PP-VOX-PAR), con el apoyo de TE, tenía hasta ahora treinta y nueve escaños. Ha obtenido cuarenta y dos. La izquierda partía (PSOE-CHA-Podemos-IU) de veintiocho y ahora consigue veinticinco. Un bloque gana tres, que pierde la bancada más progresista. No hay un derrumbe del espacio progresista. Y ya veremos el papel de la formación turolense tras haber salido de partida como la fuerza que le iba a dar al PP la mayoría absoluta que pedía Azcón. No desmentirlo, y dejarse querer, le ha perjudicado. Veremos a un Guitarte más centrado y mejor aconsejado. Despedimos al PAR y Podemos que se han esforzado internamente por desaparecer. Fue bonito mientras existió. El PSOE obtiene un resultado escaso, no el peor de la historia como se ha dicho ya que en 2015, con el mismo número de diputados, el porcentaje fue de tres puntos menos. Con todo en contra, y sin tiempo, hay una base sólida y una jefa de la oposición que va a fortalecerse y crecer desde la Aljafería. Recordemos a Juan Alberto Belloch que no ganó en 1999 y que, tras cuatro años trabajando la alternativa, salió elegido alcalde en 2003. Lo mismo le paso a Salvador Illa en las elecciones autonómicas de 2021 en las que no pudo ser elegido presidente, para conseguir serlo en 2024. Esta sociedad del consumo, también político, nos tiene acostumbrados a tener que ganar o perder todo a la primera. El diálogo, el esfuerzo y el camino que se recorre es la trayectoria que se valora en unas elecciones de cercanía como son las autonómicas y municipales. No han vuelto a las urnas los que salieron en 2019 a votar progresista. Pero tampoco se han perdido para siempre. Muchos jóvenes han salido con una papeleta progresista y están esperando una oferta ilusionante que les convenza. Sobre todo, en los barrios y distritos. Una candidatura única en las municipales de toda la izquierda, que ahora se ha dividido en tres papeletas, tiene serias posibilidades de recuperar Zaragoza y Huesca. Queda un año para trabajar en las capitales y para pensar en las generales.

El domingo vimos más dientes que sonrisas en la boca de Azcón. Don Jorge ejerció más de dentalista que de mentalista, y tuvo que agigantar con el fórceps su fenomenal dentadura para tapar la autoría de tan amargo retroceso. Eso sí, en su primera comparecencia no escuchamos ni una palabra de su gatillazo electoral, ni un toque de modestia, ni una pizca de querer entender el mensaje de los aragoneses. La aparición para valorar su derrota como ganador estuvo llena de fracaso, rebosante de odio y henchida de orgullo. Como decía San Agustín: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”.  

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