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ARAGÓN

La Clamor Amarga, el torrente fronterizo que la agricultura convirtió en cloaca

Los informes de la Red de Plaguicidas de la CHE sitúan este barranco como el punto de la cuenca con mayor contaminación por herbicidas, pesticidas y biocidas

“Se observa una tendencia ascendente desde 2015 en la suma total de plaguicidas” en su curso

La Clamor, el Alcanadre, el Flumen y el Cinca, que confluyen en apenas 50 kilómetros, son, junto con el Arba en Tauste, los ríos más deteriorados de toda la demarcación del Ebro por los efectos contaminantes de la agricultura

El río Cinca a la altura de Zaidín, donde desemboca la Clamor Amarca.

El río Cinca a la altura de Zaidín, donde desemboca la Clamor Amarca. Zaidín

La Clamor Amarga, el gran torrente de aguas turbulentas tributario del Cinca que discurre entre el valle de Piñana y Zaidín, en la raya de Aragón con Catalunya, lleva camino de aparecer en más de un libro: en los de historia, por haber sido y dejado de ser la frontera entre aquellos estados medievales federados en la Corona; en los de Ciencias Naturales, por ser el principal colector de plaguicidas y residuos químicos de la agricultura de toda la cuenca del Ebro.

Sus niveles de contaminación se sitúan a la altura del Huerva, con sus lodos contaminados de metales pesados procedentes de la actividad industrial, y del Gállego, con la descomunal acumulación de residuos de lindano en Sabiñánigo, dos de los pocos que rivalizan con la Clamor Amarga en deterioro. Antropogénico en los tres casos; es decir, de origen humano.

El último informe de la Red de Control de Plaguicidas de la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro) señala a la Clamor Amarga como el único curso de la cuenca que supera la concentración media anual en algún tipo de residuo de biocidas, en este caso de Clorpirifós, un insecticida organfosforado cuya composición combina fósforo, carbono y oxígeno y que se utiliza para acabar con moscas, orugas, pulgas, escarabajos y otros insectos en la agricultura.

Su uso está restringido en la UE, ya que la exposición prolongada provoca disfunciones en los sistemas neurológico e inmunológico. Sin embargo, está permitido utilizarlo en la agricultura y en la jardinería.

Pese a esas restricciones y riesgos, sigue empleándose de manera habitual en el campo, tal y como prueban los resultados de la Red de Control de Plaguicidas en la Clamor Amarga, el principal colector de las aguas residuales y los retornos de riego de la zona alta del Canal de Aragón y Catalunya.

Residuos de 16 biocidas distintos en un solo río

Ese curso, canalizado en buena parte de su tramo desde mediados de los años 40, cuando pasó formalmente a convertirse en un desagüe y perdió una amplitud que llegaba al medio kilómetro en algunas zonas, es también el único de la cuenca en el que los técnicos de la CHE registraron el año pasado un positivo por superar la concentración máxima admisible de manera puntual, también por Clorpirifós.

Y nada apunta a que las cosas vayan a ir a mejor. “Se observa una tendencia ascendente desde 2015 en la suma total de plaguicidas”, señala la ficha de la Clamor Amarga, que añade que en sus aguas “se han detectado un total de 16” residuos de esas sustancias químicas.

El informe destaca la presencia de metolacloro y terbutilazina “en todos los sondeos” y la de dimetoato, desetilatrazina y dicloroanilina, además del clorpirifós, en concentraciones superiores a las admisibles a lo largo del año pasado. Se trata, en todos los casos, de herbicidas, insecticidas, acaricidas y bactericidas.

La confluencia más deteriorada de la cuenca

Esa intensa presencia de sustancias químicas es uno de los motivos por los que las aguas del Cinca presentan en Fraga, después de haber recogido las de La Clamor en Zaidín, una “situación similar” a las de su afluente.

El río también ha recogido en ese punto los caudales del Alcanadre, en el que “se han encontrado resultados por encima del límite de concentración en quince ocasiones” por, entre otros productos, metolacloro y terbutilazina (ambos aparecen “en todos los sondeos”), molinato, dicloroanilina y desetilatrazina.

En el Alcanadre, cuyas mediciones se realizan a la altura de Ontiñena, también se está dando una presencia creciente de este tipo de residuos químicos en los últimos años, lo que se traduce, por la suma con los de la Clamor Amarga y los de otros afluentes como el Flumen, que en 2018 registró catorce positivos por plaguicidas y donde “la suma total es similar a la del año anterior”, en un aumento de la contaminación de este tipo en Fraga.

El Flumen y el Alcanadre, en este caso, recogen los retornos de los regadíos de Riegos del Altoaragón.

El informe destaca entre “los puntos de mayores concentraciones de plaguicidas” de toda la cuenca precisamente esos cuatro: la Clamor Amarga en Zaidín, el Flumen en Sariñena, el Alcanadre en Ontiñena y el Cinca en Fraga, todos ellos en la provincia de Huesca. Se les añade el Arba a su paso por Tauste, donde llega como colector de los riegos del Canal de Bardenas.

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