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ARAGÓN

La luz llega a las calles de Jánovas, el pueblo que sobrevivió al pantano hidroeléctrico

Las farolas iluminan las principales calles del pueblo más de cuatro décadas después de haber quedado desierto

Diez familias se preparan para volver a vivir a orillas del Ara, con una casa ya habitable y dos en obras a las que en unos meses se sumarán otras dos

“Ojalá volviéramos a ver abierta la escuela, eso sería un magnífico síntoma del renacer de Jánovas”, explica Óscar  Espinosa

La iluminación de las calles, que comenzó a funcionar en pruebas el pasado fin de semana, se inaugurará oficialmente el próximo, en las fiestas del pueblo

La iluminación de las calles, que comenzó a funcionar en pruebas el pasado fin de semana, se inaugurará oficialmente el próximo, en las fiestas del pueblo Óscar Espinosa / Jánovas (Huesca)

Era una deuda pendiente: la luz eléctrica ha comenzado a iluminar las calles de Jánovas, el pueblo de Sobrarbe, a orillas del río Ara, que hace más de cuatro décadas quedó despoblado por el proyecto de un embalse hidroeléctrico que nunca llegó a ser construido, cuyos últimos vecinos y sus descendientes se empeñan en devolverle la vida.

“Está en fase de pruebas. Todavía queda algún trámite y algún ajuste, pero en unos días funcionará con normalidad. Para nosotros es un logro”, explica Óscar Espinosa, uno de los descendientes del pueblo que quiere instalarse a vivir en él. La inauguración oficial del alumbrado público tendrá lugar el próximo fin de semana, coincidiendo con las fiestas.

Las farolas están instaladas en la calle principal y en dos de las adyacentes, San Roque, El Pilar y San Fabián, las mismas que en unas semanas comenzarán a ser urbanizadas gracias a una ayuda de 100.000 euros para la Fundación San Miguel concedida por el Departamento de Vertebración del Territorio del Gobierno de Aragón, que el año pasado aprobó otra de la misma cuantía para construir la línea de media tensión y el transformador que han permitido la llegada de la luz.

“Poco a poco vamos recuperando el pueblo”, explica Espinosa, quien señala que “ojalá volviéramos a ver abierta la escuela, eso sería un magnífico síntoma del renacer de Jánovas”.

Vecinos de Jánovas

Vecinos de Jánovas, en una imagen de archivo Jánovas (Huesca)

Una casa recuperada y cuatro en marcha

El renacimiento del pueblo avanza poco a poco. Tras la recuperación del antiguo edificio de la escuela como centro social y la rehabilitación del puente colgante sobre el río Ara, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el Gobierno de Aragón, en Jánovas ya hay una casa habitable.

Se trata de Casa Frechín, en la margen izquierda del río, fuera del casco urbano, que ya dispone de todos los servicios y cuyos propietarios pasan temporadas en ella. También se están levantando Casa Castillo y la de los Espinosa, mientras que la reconstrucción de otras dos comenzará antes de que acabe el año.

“Una familia de Barcelona está vendiendo su casa allí para instalarse en Jánovas”, señala Espinosa, que anota que una decena de familias están decididas a trasladarse el pueblo del que proceden.

La mayoría son gente de edad avanzada, ya jubilados, que quieren pasar el último tramo de su vida en el pueblo en el que nacieron, aunque también hay tres familias de edad media.

Los vecinos de Jánovas colaboran en la reconstrucción del pueblo

Los vecinos de Jánovas colaboran en la reconstrucción del pueblo Jánovas (Huesca)

Despoblar un valle para nada

Jánovas quedó definitivamente despoblado en 1984. Para entonces hacía dos décadas que había comenzado un éxodo motivado por la amenaza del pantano que iba a inundar el pueblo y acelerado por la tensión que generaba la amenazante actitud del personal de Iberduero, que dinamitaban las casas conforme iban quedando vacías.

Ese proceso tuvo uno de sus puntos culminantes en febrero de 1966, cuando, pese a la oposición del Ministerio de Educación, cerró la escuela: un encargado de la hidroeléctrica sacó a la maestra del aula a empujones y tirones del pelo mientras le gritaba: “Te dije ayer que no volvieras a abrirla”, recuerdan los testigos de aquella escena.

Todo fue para nada. En esas dos décadas se habían vaciado 43 de los 74 pueblos del valle de La Solana, en los que vivían más de 4.000 personas cuando, en 1945, el franquismo concedió a Iberduero la explotación de cinco saltos hidroeléctricos que derivaron en el proyecto del embalse, una mole que sobre el papel iba a almacenar 354 hectómetros cúbicos de agua que inundarían el tramo medio del Ara, uno de los últimos ríos vírgenes del Pirineo.

El proyecto fue desestimado por el Gobierno central en 2001 ante su inasumible impacto ambiental, poco después de que su titularidad pasara a manos de Endesa, que el año anterior había absorbido a la zaragozana ERZ.

Sigue sin cerrarse, no obstante, el proceso de reversión de las 60 casas expropiadas en los años 60 y de las tierras de su antiguo término, hoy incorporadas al de Fiscal.

Las fiestas de San Miguel

Jánovas celebrará este próximo fin de semana sus fiestas patronales, una tradición que sus vecinos han mantenido durante décadas pese al abandono del pueblo.

El programa incluye, el sábado por la mañana, la proyección del documental Ara salvaje y la presentación del libro Ara, como el río; de la web janovas.org, que incluye contenidos sobre la historia del pueblo y sobre su proceso de recuperación, y del libro de pegatinas Las luchas de los ríos y pueblos vivos, de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA). Tras la comida popular, cerrará el programa una sesión de baile con el Show Musical Trifásico. Y lo hará con las luces encendidas en el pueblo que sobrevivió al pantano hidroeléctrico.

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