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La España doblemente dual: en lo social y en lo territorial

Un informe de la ONU y movilizaciones en las zonas despobladas señalan la desigualdad como uno de nuestros grandes problemas

Dos inmigrantes africanos se dirigen al asentamiento que ocupaban en la salida hacia Ayamonte, en Lepe.

Dos inmigrantes africanos se dirigen al asentamiento en la salida hacia Ayamonte, en Lepe.

Uno. La situación de los migrantes que recogen la fresa en Huelva es peor que en un campo de refugiados, ha dicho en las conclusiones preliminares de un informe oficial Philip Alston, relator especial de la ONU enviado a España a investigar sobre la pobreza extrema y los derechos humanos.

Dos. Una multitud de entre 57.000 y 80.000 personas se han manifestado este domingo pasado en las principales ciudades de la poco poblada León para denunciar que la provincia se muere por las crisis industrial, minera y demográfica.

Tres. Ninguna de las dos noticias han abierto la primera página de los periódicos de ámbito estatal ni los principales telediarios o informativos de radio ni se han colocado entre las prioridades de la mayoría de los líderes políticos.

Las condiciones en que trabajan y viven los temporeros migrantes están cerca de lo inhumano no sólo en la fresa de Huelva, sino en muchos otros cultivos y muchas otras zonas de España. Y no solamente ahora, desde hace décadas. Hay muy honrosas excepciones, pero parte del milagro del pujante y exportador sector agrofrutícula intensivo español se ha basado en salarios tan bajos que ningún residente en España aceptaba y en alojamientos tan precarios como -no es una metáfora ni una exageración, sino un caso real de hace no muchos años- una vieja furgoneta desvencijada plantada al borde de un cultivo de espárrago verde en la que pernoctaban los seis recolectores que los cortaban cada mañana.

La pobreza severa y la pobreza extrema no habitan entre nosotros solamente en los poblados de los temporeros migrantes. Se da también, por desgracia, en muchos otros ámbitos rurales y urbanos. La población afectada por la pobreza -en distintos grados- aumentó en los peores años de la crisis económica global hasta superar el 25% del total y acercarse en algunas zonas al 30%. Los años de salida de la crisis y los últimos de recuperación apenas han logrado cerrar esa brecha. Ni con Gobiernos de derechas ni, por ahora, en los casi dos años que llevamos con Gobiernos de izquierdas. El propio relator de la ONU ha señalado en sus conclusiones preliminares que el principal problema de España es su pobreza estructural, la que afecta a personas que antes pertenecían a la clase media, perdieron su empleo, después su vivienda y sus vidas "se desbarataron".

Tras la noticia de los migrantes temporeros y tras la de los manifiestantes de León hay una misma realidad, un mismo problema de fondo: la desigualdad creciente. En la práctica, a los migrantes no se les dan los mismos derechos laborales o habitacionales mínimos que se les reconoce al resto de la población. En realidad, a los habitantes de la España despoblada -de León a Teruel, de Cuenca a Zamora o a Burgos- no se les da el mismo acceso real a los servicios públicos y privados que tienen los habitantes de las zonas urbanas.

A la España dual y desigual en lo social, cuya brecha ha crecido durante la crisis hasta convertirse en una sima, se le ha añadido en las últimas décadas una España dual y desigual en lo territorial. Primero les quitaron los colegios, luego los centros de salud, después las farmacias, y los bancos, y los cajeros, y las gasolineras, y los cuarteles de la Guardia Civil, y el mercadillo, y las últimas tiendas, y el bar, y hasta los últimos repartidores ambulantes, y las oficinas postales, y se les dejó en larte fuera de cobertura en la nueva red de riqueza y civilización: Internet... Ahora son conscientes de que, en el fondo, lo que se les ha quitado es el futuro. Y por eso protestan, y con razón.

En el medio centenar de folios del programa de Gobierno que PSOE y Unidas Podemos firmaron hace dos meses, estaban detectados ambos problemas concretos y también el caldo de cultivo de todo ello, la desigualdad, pero no se fijaba calendario para abordarlos. Haría bien el Ejecutivo en considerarlos prioritarios y en tomar medidas cuanto antes. El relator de la ONU va a hacer público en unos dos meses su informe completo. Y todo indica que las movilizaciones de la España despoblada no han hecho más que empezar. Irán a más, a mucho más.

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