La libertad del Sáhara que también se lucha desde Asturias
“Somos un pueblo pacífico, hemos sido traicionados, pero seguiremos luchando hasta poder volver a nuestra tierra”, explica Sidahmed Matala Embarr, saharaui que vive en Asturias desde hace años. La eurodiputada Irene Montero acaba de liderar una misión europea en los campamentos de refugiados saharauis para denunciar, entre otros asuntos, la inacción de la Unión Europea y también las decisiones que el Gobierno de España ha ido tomando respecto a los derechos saharauis de la mano del Ejecutivo de Marruecos.
Desde Asturias también se mantiene en pie el activismo por la defensa de los derechos de las personas saharauis. Y no es algo nuevo, sino histórico. Entre otros asuntos, la Agencia Asturiana de Cooperación al Principado es un organismo que presume abiertamente de ofrecer “un apoyo prioritario a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia)”.
Ya el 19 de noviembre de 1975, un día antes de la muerte del dictador Francisco Franco, Antonio Masip —que con el tiempo llegó a ser alcalde socialista de Oviedo— presentó un recurso de contrafuero contra la ley por la que el régimen acababa con la descolonización del Sáhara Occidental, transfiriendo el territorio a Marruecos y Mauritania. Fundó también la Asociación de Amigos del Sáhara.
En Asturias viven muchas personas originarias del Sáhara Occidental y ya relataron para El Diario, con motivo del 50º aniversario de la Marcha Verde, a finales de 2025, el laberinto burocrático para obtener documentación en España como personas saharauis y cómo les ha acogido Asturias y su gente. Ahora cuentan cómo afrontan, desde el exilio, las decisiones políticas que toman tanto España como otros países y organismos internacionales.
Nostalgia desde el exilio
Eluali Alein desgrana que “han pasado 50 años de nuestra lucha por la libertad contra el colonialismo”. Él es de la generación que ya nació en el refugio y cuenta desde Asturias cómo su sueño y el de otras personas desplazadas “es volver a nuestra tierra, vivir como todo el mundo y construir nuestro país”.
Aunque llevan 50 años, y aunque “es verdad que tras la resolución de la ONU (del 31 de octubre) se puede alargar nuestro sufrimiento y nuestra esperanza, solo se quieren enterrar las voces que han luchado pacíficamente en el territorio ocupado”. La resolución mencionada, a grandes rasgos, respalda que el Sáhara Occidental sea un territorio autónomo dentro de Marruecos.
Sidahmed Matala Embarr recuerda que “como saharauis llevamos 50 años de abandono de la ONU y de los distintos gobiernos de España”. Y es que en el Sáhara Occidental, explica, tienen un refrán popular que afirma que la ONU no les ha servido ni para tomarse un té. “El derecho internacional y los derechos humanos que nos amparan en sus resoluciones sobre el Sáhara no se llevan a cabo por intereses geopolíticos y económicos”, explica el joven, que llegó aquí con 17 años con un visado de turismo y logró regularizar su situación para quedarse como ciudadano asturiano.
Una identidad que no acepta el borrado
Nayat Ahmed Abdesalam, escritora y activista en dar visibilidad a la situación de su pueblo y al racismo en las fronteras, llegó hace más de 15 años a vivir a Asturias. En su caso, su padre era saharaui nacido en Canarias en años en los que el Sáhara Occidental era una provincia española.
Ella tiene clara su posición ante la resolución que la ONU promulgó en noviembre: es “propaganda que divulga Marruecos”, pero está segura de que “nada ha cambiado”. Hace referencia a que desde hace tiempo Marruecos recibe apoyos internacionales. Y sobre el pueblo saharaui, afirma que “tenemos fe en lo que defendemos, sabemos quiénes somos. Nos da igual que venga Trump o quien sea a convertirnos en marroquíes. El Sáhara es de los saharauis, por mucho que el lobby marroquí lo quiera convertir en su país. La historia anterior a la colonización deja claro que el Sáhara era un territorio propio”.
La educación como forma de resistencia
Nayat, como escritora, ha recopilado mucha información sobre la historia saharaui, que divulga en espacios culturales de Asturias siempre que puede: “antes éramos una anarquía. Muchas tribus nómadas vivían en el Sáhara Occidental, el norte de Mali, parte de Argelia… y la gente circulaba por un gran territorio que no tenía control ni fronteras. Se decidía por los jefes de las tribus. No teníamos sultán, ni emir ni rey. A consecuencia de los acuerdos de 1884, cuando Europa se reparte África y cada país se apodera de una parte, pasan a existir esas fronteras que hoy conocemos”.
Hamza L. A. (omite sus apellidos por las repercusiones para su familia, que vive en ciudades donde Marruecos tiene el poder y ha sufrido persecuciones por su tarea como activista, lo que le llevó a escapar a Asturias en patera) explica que “a pesar de la distancia y el exilio, sigo creyendo que la paz y el respeto mutuo son el camino hacia un futuro mejor, donde el ser humano saharaui pueda convivir con los demás pueblos del mundo sobre la base de la justicia y la dignidad humana”.
Hamza tiene un máster en Derecho Privado: “a pesar del hostigamiento por parte del gobierno marroquí, continué mis estudios con la firme convicción de que la educación es una forma de resistencia”, explica. En su caso, no nació en un campamento ya en el exilio, sino en El Aaiún, ciudad ocupada por Marruecos.
La lucha por la libertad del Sáhara sigue latente desde Asturias.
0