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"Me parece crucial que el mundo del arte se involucre con la causa animalista"

El artista Juan Pablo Rada aúna en la exposición Autogeografías su actividad artística y el compromiso con la lucha por los derechos de los animales.

Sus impactantes miniaturas y obras artísticas de cartón en relieve se exponen hasta el 25 de junio en la galería KikeKeller de Madrid.

Juan Pablo Rada. Foto: Ruth Toledano

Juan Pablo Rada

La trayectoria profesional de Juan Pablo Rada ha discurrido siempre entre la creación artística y actividades profesionales como el diseño gráfico o la dirección de arte, pasando por la escenografía. Centrado durante muchos años en el sector editorial, ha realizado importantes trabajos para las más destacadas editoriales españolas, haciendo coincidir su gusto por la literatura con la creación de todo tipo de piezas para el sector, incluyendo de manera muy relevante las portadas de libros. En este campo ha creado diseños e imágenes para algunos de los más importantes escritores, como Ana María Matute, Camilo José Cela, José Luis Sampedro o Rosa Montero. Además de la creación editorial, su trabajo como ilustrador ha ido desarrollándose en paralelo con otros proyectos personales, como llustresPerros, con el que ha sido retratista de perros.

Tras varias exposiciones individuales y colectivas, su participación en Capital Animal 2016 con la obra El retablo de los inocentes le dio la oportunidad de aunar las dos grandes tareas que lo definen: la actividad artística y el compromiso con la lucha por los derechos de los animales. En la actualidad está centrado en su desarrollo como artista y en su vinculación con el mundo animalista, desde la actividad política hasta la colaboración con organizaciones protectoras de animales, así como participando en diversas iniciativas como El Venadito, en cuya última edición en Barcelona ha colaborado con una de sus obras en pequeño formato.

Dice que su relación con la causa animalista siempre había estado por debajo de su obra pero que en esta exposición esa relación ha quedado explícita.

El título de la exposición, Autogeografías, ya indica que he concebido la exposición como una especie de expedición por mis temas, por las cosas que me han ido impactando. Suelo contar que con 9 años me regalaron un bloque de plastilina y un libro de indios, y ya empecé a hacer pequeños mundos con figuritas. Siempre con selvas y animales. A muchos animalistas nos ha pasado algo parecido: hemos tenido ese instinto, esa cercanía con los animales. Se revela brutalmente cuando empiezas a ser consciente del maltrato, de lo que está sucediendo a nuestra espalda. Yo veía a los animales como un paisaje cotidiano, a los perros se les acariciaba, los caballos eran muy bonitos. Fue al informarme de lo que sucede cuando entró en mi trabajo como una tromba. No lo he mostrado hasta ahora de una manera explícita, personal, porque mi trabajo ha sido de diseñador gráfico e ilustrador, y había una creatividad detrás en función de unos requerimientos.

Exposición de Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

Exposición de Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

¿Por qué desnuda ahora su visión del mundo?

Porque tengo ese vínculo con los animales desde mi infancia y porque existe una realidad que para mí es devastadora, que me supera y me sume en la desolación. Cómo viven y sufren los animales, cómo se les mata. A través del arte he encontrado una vía para manejar algo que me resulta muy difícil, para poder ubicarlo, para poder mirarlo. Y con la intención de que las personas que vean mis obras puedan pensar un poco al respecto.

¿Cómo recibe el público este asunto?

Muy bien. Creo que muchas personas son ignorantes de lo que está sucediendo. Cuando lo muestras, hay un primer impulso de incredulidad, pero luego la gente reflexiona y se entristece. Lo que me desconcierta es que a veces esa tristeza es pasajera y no llega a cambiar ninguna actitud. Pero sí veo que el impacto se produce. Lo rodeo con una estética de cierta ambigüedad calculada, para que puedas acercarte simplemente por un sentido plástico y que luego la obra te dé una patada cuando te paras a pensar lo que te está contando.

'Retablo', obra de Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

'El retablo de los inocentes'. Foto: Pedro Arnay

¿Cree entonces en el arte como vía para trasladar un compromiso?

Sí, absolutamente. Es un mundo que está basado en el vínculo emocional con las personas. Antes de que tengamos un parapeto y un discurso racional para detener según que cosas o para juzgar otras, realmente la emoción llega, de inmediato, incluso a la persona más fría. Luego se establece la defensa, pero la llamada llega. Así que me parece crucial que el mundo del arte se involucre en la causa animalista, que lo asumamos.

¿El mundo del arte se involucra lo suficiente?

Lamentablemente, creo que hay demasiado posicionamiento artístico que ignora el sufrimiento animal. Es verdad que el animal es plástica en sí mismo, es belleza, y que puede parecer bello un tormento desde un punto de vista tipo Picasso. Porque, por ejemplo, la sangre es roja, la arena es amarilla, el cielo es azul. Hay muchos cuadros que aluden al sentido plástico de la barbaridad y muchos artistas se quedan en esa lectura. Son dos mundos: uno que empatiza y comprende, y otro que utiliza a los animales. Puedes utilizarlos para hacer un bolso, para unos zapatos, para comer o para hacer un cuadro. Yo siempre he huido de utilizarlos para hacer un cuadro, quiero que si salen en un cuadro ellos puedan, indirectamente, expresar su situación, que nos hagan pensar.

Usted les ha dado esa posibilidad en varias obras de esta exposición, que tratan los distintos ámbitos en los que los animales ven comprometida su existencia. ¿Manda un mensaje a la iglesia católica a través de El retablo de los inocentes?

No es la única obra en la que hago referencias eclesiásticas pero sí es la más directa. La iglesia (todas las religiones) tiene una gran responsabilidad en el maltrato animal. O lo apoya o lo utiliza o directamente lo promueve, como sucede en esa gran cantidad de festejos que se celebran en España en honor de santos y de vírgenes, y en los que su compasión olvida totalmente a los animales. En El retablo de los inocentes he querido reflejar lo que para mí son los mártires de esa cultura. En muchos casos es la iglesia católica quien ejecuta a esos mártires, alentando esa consideración de seres sin alma, de seres inferiores. La Biblia es una verdadera maldición para los animales.

'La traición', obra del artista Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

'La traición'. Foto: Pedro Arnay

De hecho, otra de sus obras, La traición, se inspira directamente en la iconografía cristiana.

Quería plasmar cómo, desde el principio de los tiempos, dios pone al resto de los animales al servicio del hombre, que para mí es algo escandaloso. Aún podría entenderlo en tiempos pretéritos pero que se siga manteniendo me parece pura ignorancia. Aunque yo soy ateo, culturalmente todos somos hijos de la iglesia, y echas en falta un mínimo de compasión por los animales. Siendo además la iglesia receptáculo de grandes obras maestras de la historia del arte: El retablo de los inocentes está inspirado en La Anunciación de Fra Angelico y La traición tiene mucho que ver con La última cena de Leonardo Da Vinci. El arte occidental ha crecido a la sombra de la iglesia.

'Menú', obra de Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

'Menú'. Foto: Pedro Arnay

También se remite a la industria y a ciertas expresiones culturales sin compasión por los animales, como la gastronomía. ¿Su respuesta es el retablo titulado Menú?

Vi que El retablo de los inocentes se percibía como una obra eminentemente estética y que se reparaba poco en lo que realmente quiero decir. Hay vinculaciones con otros artistas y escritores que también tratan el maltrato animal. Concretamente, Menú surge de la lectura de Elisabeth Costello, de Coetzee, un autor que me maravilla, en cuya obra los animales tienen una identidad y que se ocupa, por ejemplo, del horror de los mataderos. Quise trasladar esa visión. Menú, que es en blanco y negro, sería la sombra de El retablo de los inocentes. Quiero que la gente comprenda que cuando está eligiendo un plato del menú está eligiendo un animal que antes estuvo vivo, que tenía su derecho a vivir, un animal concreto, un individuo que fue alguien antes que algo.

El retablo Menú recuerda a un campo de concentración y exterminio.

El vínculo con el holocausto es deliberado. Pero sufrí tanto haciendo ese retablo que lo suavicé. Por ejemplo, en esos lugares reales los cerdos están hacinados, mientras que yo me he permitido dejarle a cada uno un habitáculo. Es mucho peor la realidad. Y he puesto fuera siete pájaros volando, como símbolo de que podemos respirar, de que hay cosas que pueden cambiar para bien. Pero también hay un perro encadenado en la azotea. Pienso en esos perros que pasan toda su vida encadenados en casetas. La verdad está muy alejada de lo que nos pintan las furgonetas que reparten carne por la ciudad, de los prados verdes con las vacas felices.

'El árbol del mal', obra del artista Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

'El árbol del mal'. Foto: Pedro Arnay

También tiene una obra, El árbol del mal, que representa el mundo de la caza.

La caza me parece una monstruosidad, algo inconcebible. Sobre todo que se transmita a los niños, hace poco leí un titular que decía “mata su primer ciervo a los siete años” y me dejó totalmente sobrecogido. Ahí no tengo ambigüedad alguna porque la caza no tiene ningún tipo de justificación. Quería hacer una obra muy directa, muy contundente, muy clara, sobre la muerte que siembra el rifle del cazador. Estoy colaborando con una protectora de animales, Animal Rescue Spain, adonde desgraciadamente, como a todas en España, llegan muchos galgos al final de cada temporada de caza. Por eso puse galgos en el retablo: esa tristeza, ese abandono, esa soledad.

Aparece un galgo que usted ha adoptado.

Sí, Claus. Lo adopté hace poco. Está absolutamente traumatizado, tiene miedo si se le acerca alguien, no puede escuchar ningún ruido sin asustarse. Llevará mucho tiempo rehabilitarlo, pero yo decidí trabajar con él. Un porcentaje de la venta de mis cuadros va destinado a algunas ONG, y en el caso de El árbol del cazador, irá a Animal Rescue Spain, que fueron quienes rescataron a Claus.

'Ballena', obra del artista Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

'Ballena'. Foto: Pedro Arnay

Su Ballena es una obra impactante. Impresiona de lejos pero también de cerca, si se mira con la minuciosidad con la que usted la ha creado. Nunca se acaba de descubrir detalles y referencias históricas, literarias, míticas.

Quería trasladar la potencia del símbolo de la ballena, que históricamente se ha tildado de monstruo siendo una animal pacífico, que se alimenta de plancton, familiar e hipersensible, que tiene fidelidad de por vida a su pareja. Y son extraordinariamente longevos, ahora mismo existen ballenas que pueden haber vivido la época de Moby Dick, alcanzan los 200 años, en el Ártico más porque han desarrollado un metabolismo muy lento, pueden llegar a vivir hasta 300. Cada ballena es una historia, una biografía no solo de sí misma sino también de una época. Busqué muchas referencias. Me gustan mucho los libros de Philip Hoare, como Leviatán o la ballena, un libro maravilloso. Quise hacer una ballena con un mensaje escrito en la piel.

Muchas de mis obras surgen de ideas un poco inocentes. En este caso, de la leyenda de la isla de San Barandán. Pensaba hacer una isla exuberante, tropical, con palmeras, maravillosa. Pero poco a poco fui derivando a esas praderas desoladas del Ártico, llenas de tumbas de marineros con huesos de ballenas clavados, los puertos llenos de mástiles negros de los barcos, los miles de barriles de grasa de ballena. El siglo XIX se movió con la grasa de las ballenas, las fábricas se alumbraban con grasa de ballena. Ha sido pavoroso, brutal, el exterminio de las ballenas, un ser tan noble, tan bello. Aún hoy se permite cazarlas, y no solo en Japón, también en países nórdicos europeos. En mi obra aparece la persecución de un barco ballenero por un barco de Sea Shepherd, una organización que combate la caza de las ballenas y a la que he destinado un porcentaje de la venta de esta obra.

¿Hace usted un llamamiento al activismo en defensa de los animales?

Como los grandes movimientos sociales del los siglos XIX y XX, el movimiento animalista es imprescindible hoy día. Lo que intenta combatir, sobre todo, es la ignorancia, que es el gran mal. No podemos tolerar en nuestras vidas que siga ocurriendo esa tragedia cotidiana detrás de la puerta. Aunque se nos tilde de escandalosos, de radicales, es comparable con lo que ocurrió en la Alemania nazi con el exterminio de los judíos. Cada vez hay más sectores sociales implicados pero es necesario seguir desde todos los ámbitos, de las protectoras al ámbito político. Es crucial que esta sensibilidad se incorpore a todos los partidos políticos, no solo al Partido Animalista, que se abra una conciencia sobre lo que sucede. Cuando se esgrime el argumento de la rentabilidad económica me remito al sur de los Estados Unidos cuando se abolió la esclavitud: también había voces que alertaban sobre el descalabro económico, pero al final la historia encontró su hueco. Pienso que con los derechos animales pasará lo mismo.

'Africa', obra de Juan Pablo Rada. Foto: Pedro Arnay

'Africa'

Aparte del animalista, la exposición abarca otros temas.

Hay obras que responden a un imaginario personal y a un placer que tiene que ver con mi descubrimiento de autores, películas o situaciones, pero siempre intento que los animales estén bien representados y tengan su espacio digno: por ejemplo, en La Ciudad Prohibida están las estatuas de bronce de las tortugas, de los leones; en La noche del cazador están los animales que aparecen en esa maravillosa película. Siempre hay aun alegato, al menos, medioambiental. En África he querido plasmar lo que sería ese continente si no lo hubiéramos destruido. Hay muchísimos animales felices, sin fronteras, ni cultivos, ni cazadores furtivos.

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