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El Paso: A Punk Story

El Paso

El Paso

 Algunos de los libros que hemos reseñado últimamente pertenecientes a la literatura rockera (o como lo queramos llamar) se empiezan a alejar de las canonizaciones típicas de la banda que empieza en la miseria lo acaba rompiendo, entran en barrena y (esto es opcional) renacen, tan del gusto del lector.  Estos títulos escarban en la mugre del fracaso sin concesiones. Hace meses hablábamos de Te potaría Encima, la infame historia de los Hollywood Brats, unos tipos que no asomaron la cabeza del arrabal a pesar de estar convencidos de que eran estrellas. En este caso al historia funciona maravillosamente por el estilo cáustico de Andrew Matheson, líder de la banda que a los treinta y pico años del fracaso decidió documentar su historia como exorcismo vital , y bien que le salió la jugada. El caso que hoy nos ocupa supone una vuelta de tuerca a la glorificación del fiasco: El Paso, a Punk Story. Escrito por Benja Villegas y publicado por Bandaàparte Ediciones es una suerte de mockumentary literario sobre una banda nacido en coordenadas paralelas a Nirvana pero que en lugar de petarlo en los 90 se consumieron en una espiral de desesperación y descalabro. Poco importa si la historia es ficticia, la conexión con estos entrañables perdedores es automática, y si además has formado parte de una banda que se comió los mocos esa conexión se multiplica exponencialmente. El Paso, la banda, surge de ese enclave fronterizo situado en esa imposible esquina sur de Texas, mitad yankee mitad mejicano, y se proponen documentar la influencia hardcore de los 80 con letras en castellano como elemento diferenciador. Mientras que sus coetáneos del noroeste reciben loas y gruesos cheques, el Paso se enquistan sin lograr salir de su zona entre miedos, amistades que se quiebran y tragedias. La historia, como comenta Villegas, del 99% de las bandas que han existido, pero que nadie cuenta. Combinando experiencias personales del autor con una historia de ficción de manera rocambolesca, que incluye viajes a Texas siguiendo la pista de la banda (o no), encontrando una escena de bandas formadas por personajes bastante peculiares, y es que el carácter fronterizo y marginal de la zona marca la personalidad de la música (y si no le preguntáis a los Butthole Surfers). No resulta complicado rastrear la personalidad del autor divida entre los dos protagonistas de El Paso, un Dr Jeckyll & Mr Hyde proto grunge, y como él mismo comenta, registrar las andanzas de El Paso sirvió como bálsamo para cerrar heridas y hacer las paces consigo mismo. Para rematar la jugada, no solamente se crea una banda ficticia para articular la historia, sino que Benjamín Villegas “resucitó” a la banda en forma de canciones y grabó las referencias musicales a las que hace alusión en la novela, que podéis encontrar en Spotify y que quién sabe si tendrán continuidad, rizando el rizo de lo improbable.

Charlamos con Benja Villegas acerca de la génesis del proyecto: “Hay un dato que me llama la atención y es que si el rock n roll comenzó en los años 50 con Elvis, entonces el 99% de las bandas que han salido de cualquier parte del mundo son absolutos desconocidos, solo el 1% consigue cierto éxito. El dato que me choca es que ese 1% copa el 100% de biografías y documentales musicales, y me parecía bastante injusto. Pensé que sería interesante escribir una biografía de uno de esos grupos desconocidos que resultase paradigmática para el resto de ese 99%. Cuando explicas a alguien la precariedad del grupo loser, la capacidad de empatía es absoluta.”

La acción de la novela se localiza en El Paso, un lugar atípico para desarrollar una historia musical: “Quería inventar una banda ficticia, en mi momento histórico musical favorito, que es la escena americana pre-grunge en los 80, y que por mi capacidad con el inglés tuvieran que cantar en español. Cuando investigué qué escena podría albergar una banda de estas características di con El Paso y la escena de Texas. Así es como empieza todo y le doy el pistoletazo de salida al proyecto. La historia arranca con una maleta llena de recuerdos, pero al empezar el proyecto esa maleta estaba vacía; mi objetivo era llenar esa maleta, a medida que el libro avanza, la maleta se va llenando y mi mente se vacía, como vasos comunicantes. Y para documentarme seguí algo así como el método de los actores. Empecé a hacer collages, compré una fotocopiadora antigua, quería vivir la experiencia completa. Eso me daba la seguridad para poder explicar lo que quería explicar.”

Inquiriendo sobre el tema de la maleta llena de recuerdos (flyers, cassettes, fanzines…) me surge una reflexión generacional. Los que vivimos las últimas décadas del sXX tenemos la memoria firmemente asida a objetos tangibles. Muchos conservamos cual oro en paño discos, libros, revistas (caray, yo aún conservo cintas de VHS) ¿Somos incapaces de desligar nuestros recuerdos del objeto? ¿Cómo se las apañarán los futuros nostálgicos en una época donde todo es temporal y no se ve respaldado por un soporte físico? Villegas opina: “Quiero pensar que de aquí a veinte años podremos recuperar enlaces actuales, pero a la vez soy muy nostálgico y benévolo con lo que viene. Antes los grupos que no tenían apoyos se creaban sus propios fanzines y sellos para distribuir su música, no me parece muy distinto de los que ocurre ahora con Bandcamp o Instagram, que tienen algo de fanzine si lo utilizas bien. Supongo que las nuevas generaciones tendrán que encontrar la forma de legar esta música a la posteridad

Recientemente, como decíamos, surge una corriente literaria que se aleja del mainstream más recalcitrante y se empecina en glorificar fiascos y reveses de bandas que quedaron fuera del radar. ¿Qué tiene el fracaso que tanto nos atrae?:“El fracaso tiene muchísimo atractivo, los hermanos Cohen sin ir más lejos llevan glorificando el fracaso desde hace décadas De hecho creo que se empatiza más con el fracaso; es difícil empatizar con Dave Ghrol o Coldplay. Al final los espacios de creación necesitan ir a buscar las historias que no se han contado y creo que las historias de fracasos estaban esperando a ser contadas.”

A diferencia de otras obras donde el fracaso se ve con cinismo y amargura, en El Paso hay cierta ternura con respecto a los personajes; Benjamín comenta al respecto: “Me reflejo totalmente en los personajes de El Paso; y el libro tiene algo de sanador, porque tras mi último divorcio musical acabé con un conflicto personal grande; me generó expectativas que no se cumplieron y me culpé, de manera que cuando abordé el libro me quise dividir en dos personajes, uno con la parte mala, y otra con la parte creativa. Al final me parece que el malo no es malo para nada, y fue muy sanador porque me dejé de culpar. Comprendo que el éxito es cosa del azar. Suturé heridas, la escritura es sanadora, te obliga a escribir lo que sientes. No hay cinismo, me quedó muy blanquito, porque al final como eres tú el que escribe, escribes sobre ti, ¿cómo iba a tratar con cinismo algo que quieres?

Antes de despedirnos bromeamos sobre la ironía que supondría que El Paso tuviese difusión y acabase siendo un proyecto musical estable, una banda tributo a una banda que nunca existió: “Lo ideal dada la historia es que el libro de El Paso fuese un fracaso y alguien lo recuperase dentro de 20 años; es curioso porque el libro no se acaba cuando lo escribes, el libro se hace cuando alguien lo lee. Quiero pensar que el boca a oreja hará que el  libro tenga su lugar en los libros de música en este país.”

 

Podéis escuchar la entrevista completa aquí: https://www.ivoox.com/30528107

 

 

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