Huertos familiares: de la “colonización” franquista a una nueva legislación para el autoconsumo

Huerto

La creación de huertos familiares destinados al cultivo de productos hortícolas para su consumo directo por las familias en los territorios más desfavorecidos de la España rural se convirtió en una cuestión de supervivencia durante la posguerra. Tanto fue así, que quedó instrumentalizada mediante un decreto de 1950 que formó parte de la política de "colonización interior" de la dictadura franquista, a través del Instituto Nacional de Colonización y del de Reforma y Desarrollo Agrario. En el territorio de lo que luego sería Castilla-La Mancha, una región con amplia extensión agrícola, se trató de una práctica habitual que todavía hoy pervive, pero con una regulación de hace casi siete décadas. Es decir, son fórmulas de autoconsumo que hoy no tienen ningún tipo de legislación.

Ecología, solidaridad y oportunidades: los productos que caben en los huertos sociales

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El Gobierno regional actual ha decidido afrontar esta cuestión mediante una consulta pública llevada a cabo por la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural para la elaboración de un decreto que regule el régimen jurídico de estos huertos en la comunidad autónoma.

Estas formas de cultivo son los lugares donde la familia o un grupo colectivo cultiva hortalizas, verduras, frutas, plantas medicinales, hierbas comestibles, frutales y la cría de aves de corral. Es un sistema que puede proveer todos o parte de los alimentos que diariamente necesita el grupo, y otros recursos alimenticios complementarios que están dirigidos para la comercialización. De preferencia, el huerto debe estar cerca de la casa para un mejor aprovechamiento y manejo.

Según el Ejecutivo, el decreto franquista es bastante ambiguo en lo referente a aspectos tan importantes como el título jurídico por el que se entregan estas tierras a sus beneficiarios o su duración y destino final. Por ello, se considera necesario actualizar este sistema de propiedad de los huertos a fin de que sus actuales concesionarios o causahabientes puedan ser titulares de los mismos.

Un nuevo régimen jurídico

Parte del hecho de que este modelo de desarrollo ha sido "ampliamente superado por la realidad socio-económica actual de los espacios rurales", por lo que no puede mantenerse la vigencia del sistema precedente, debiendo ser revisado para establecer un nuevo régimen jurídico de la cuestión. El principal objetivo es dar seguridad a la propiedad de tales terrenos, para el otorgamiento a sus legítimos titulares.

La última Encuesta sobre Superficies realizada por el Gobierno central y correspondiente a 2017, desvela que en Castilla-La Mancha hay casi 2.000 hectáreas en huertos familiares de secano y alrededor de 3.500 de regadío. En total, son 5.500 hectáreas, aunque en este caso se trata tan solo de aquellas superficies que están registradas y de una operación estadística por muestreo. Es decir, es muy probable que la extensión de este tipo de fórmulas de autoconsumo sea mucho mayor.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) los huertos familiares son una de las mejores formas de alimentación y nutrición. También destaca que en el huerto la familia o el grupo participa en las diferentes actividades productivas y los alimentos obtenidos ayudan al buen mantenimiento de las funciones del organismo. Establece los beneficios para la salud de cultivar plantas comestibles, aromáticas, medicinales y frutales, y subraya que en las comunidades rurales, los huertos son parte de una rica tradición, que ha sido practicada desde hace muchos años y transmitida de generación en generación.

“Un huerto bien establecido puede cubrir con su producción la demanda de alimentos de la familia, lo que representa un ahorro importante. Con la venta de algunos productos del huerto, se ayuda a mejorar los ingresos familiares y adquirir insumos, como semillas u otros materiales, y para la crianza de especies menores”, recalca el último informe de esta organización.

Incluye asimismo un catálogo con los principales beneficios de los huertos, como son el suministro de alimentos para una familia entera, ingresos con la comercialización, fortalecer la integración familiar, combinar cultivos de hortaliza, árboles frutales, árboles maderables, leguminosas como gandul y la cría de aves, fortalecer los lazos de amistad con el intercambio de material vegetativo.

En Castilla-La Mancha, numerosos huertos familiares han adquirido un marcado carácter social gracias a numerosos proyectos. Se han llevado a cabo iniciativas por toda la región donde estos proyectos apuestan por la agricultura ecológica, y trabajan con riego por goteo para optimizar recursos y respetar además la biodiversidad.

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