Dos exalumnas denuncian al religioso que violó a Alejandro Palomas por abusos en su última etapa en La Salle

El hermano Linares, abajo a la izquierda, y Alejandro Palomas, con un jersei verde, en la Salle Premià, en el curso 1980-1981.

El escritor Alejandro Palomas fue el primero en romper el silencio. Tras su denuncia, decenas de exestudiantes de La Salle pudieron dar el nombre de su pesadilla: el hermano de La Salle Jesús Linares. A finales de junio, una exalumna del centro que la institución tiene en Premià de Mar (Barcelona) denunció por primera vez al religioso por unos abusos sexuales que no han prescrito. A la de S. le han seguido otras dos denuncias de jóvenes abusadas en la última etapa de Linares en La Salle Premià, entre los años 2007 y 2008.

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Una de ellas, I., relató su caso en una investigación de elDiario.es. Como a tantos otros alumnos, Linares perpetró los abusos en la enfermería de La Salle Premià. Allí le ponía el termómetro sin que tuviera fiebre, y aprovechaba para manosearle los pechos. I. explicó que comentaba estos manoseos con sus amigas y que los abusos de Linares eran un secreto a voces en el centro.

Los Mossos d'Esquadra han confirmado que tanto I. como otra exalumna de Premià han interpuesto una denuncia por abusos contra Linares, que se suma a la que S. concretó el mes pasado. Ahora la Fiscalía y los investigadores deberán determinar si las dos nuevas denuncias bordean el muro de la prescripción o si deben archivarse porque ha pasado demasiado tiempo. La investigación de los abusos de Linares en Premià es la única que sigue viva contra el religioso.

La Salle Premià fue el prólogo y epílogo de los abusos cometidos por Linares durante más de cuatro décadas. El escritor Alejandro Palomas fue una de sus primeras víctimas a mediados de los 70. Llegó a violarlo. Su familia lo denunció a la dirección de la época, pero esta ni siquiera apartó al profesor. Los tocamientos y abusos se repitieron a decenas de alumnos.

Cuando las familias se atrevían a denunciar a Linares ante la dirección, la institución religiosa se limitaba a trasladar al pedófilo de colegio en colegio. En cada centro, Linares volvía a cometer nuevos abusos. A Premià le siguió La Salle Montcada en las décadas de los 80 y 90. Allí también se acumulan los relatos de exalumnos abusados durante su infancia y adolescencia. Al abuso hay que sumar el acoso y manipulación psicológica a los que el religioso sometía a los jóvenes. Una de las víctimas lo explicó en 1996 junto a su padre a la dirección, pero la respuesta del centro fue cambiar de clase a la niña.

En 2003, tras una etapa de 18 años en Montcada, tal como deja constancia él mismo en el libro del centenario, Linares volvió a Premià como director de la Comunidad –el grupo de religiosos que residen en el centro– y se ocupó de nuevo de la enfermería. Tenía entonces algo más de 70 años y siguió abusando de alumnos, como muestran las recientes denuncias.

Hoy el religioso tiene más de 90 años y vive en una residencia de La Salle en Cambrils (Tarragona). La cronología de hasta cuándo permaneció Linares en Premià no es del todo clara. En el libro del centenario de La Salle aparece que Linares fue homenajeado por su 50 aniversario al servicio de la institución en una fiesta con amigos y hermanos en 2010. En 2013, además, tocó la Lotería en el club de fútbol de la escuela, del que era el gran valedor, y apareció en la prensa como el religioso que había repartido la suerte en Premià de Mar.

Premià, única investigación abierta a Linares

La Fiscalía de Mataró es la única que mantiene abiertas diligencias por los abusos de Linares, en su caso cometidos en el centro de Premià. El resto de investigaciones ya se han cerrado porque los delitos contra la libertad sexual de los menores cometidos por Linares han prescrito, lo que impide actuar contra el religioso. Ocurrió en el caso de la denuncia de Palomas, archivada en febrero al estar prescritos los delitos, y también con la de los exalumnos de Montcada.

Tras entrevistarse con cuatro jóvenes abusados por Linares en Montcada durante los 80 y los 90 del siglo pasado, la Fiscalía de Sabadell, competente para lo ocurrido en esta ciudad del Vallès, concluyó que los hechos “serían constitutivos de cuatro delitos de abusos sexuales a menores de edad [...] de haberse perpetrado bajo la regulación actual”. Pero como tuvieron lugar entre 1987 y 1996, quedaron prescritos.

La de Linares es una de las más de 60 investigaciones que la Fiscalía mantiene abiertas por abusos en instituciones religiosas en toda España, según informó el Ministerio Público el pasado mes de febrero. La estadística incluye no solo lo ocurrido en el seno de la Iglesia católica sino también, por ejemplo, en colegios religiosos o en el seno de otras congregaciones. La que más registró, con 14 casos, fue la Fiscalía de Catalunya.

En paralelo a las pesquisas judiciales, el Defensor del Pueblo ha iniciado su propia investigación de los casos de pederastia en la Iglesia. El órgano encargado de realizar estas pesquisas contará con expertos en Derecho y en atención a las víctimas, psicoterapeutas, fiscales y también estará presente el coordinador del proyecto de la Archidiócesis de Madrid para asistir a los denunciantes de abusos. A pesar de que también fueron invitados a participar, los obispos se han desmarcado de la actuación del Defensor del Pueblo y han optado por llevar a cabo una auditoría particular liderada por el despacho de abogados Cremades & Calvo Sotelo, presidido por Javier Cremades, miembro del Opus Dei.

Si tienes información sobre casos de abusos y quieres facilitarla de forma segura puedes escribirnos a pistas@eldiario.es

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