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CATALUNYA

ENTREVISTA | Autor de 'La mirada lúcida'

Albert Lladó: "La pluralidad informativa no es tener un tipo de cada partido colocado en una silla"

"La autocomplacencia, los prejuicios y la autocensura son los grandes males del periodismo", diagnostica este periodista y escritor

Lladó analiza la relación entre anunciantes y medios: "A una marca hay que explicarle que le sale mucho más a cuenta apostar por un contenido que tenga credibilidad"

Albert Lladó es periodista y escritor.

Albert Lladó es periodista y escritor.

Albert Lladó es editor de 'Revista de Letras', escribe en 'La Vanguardia' y como tantos otros periodistas lleva tiempo dándole vueltas a los problemas y retos que arrastra su oficio. A partir de las reflexiones de Albert Camus sobre cómo ejercer de periodista, Lladó ha escrito 'La mirada lúcida', un libro en el que se analiza el papel de las redes, el combate contra el todo por la audiencia y en el que se reivindican los principios básicos que deberían regir en la práctica del periodismo.

Considera que los periodistas hemos confundido la actualidad con la tendencia. ¿Se puede explicar la actualidad sin tener en cuenta las tendencias en las redes?

Creo que no hay que olvidar que el periodista también es un creador y eso es algo que a veces hemos olvidado. Es como si siempre fuese a remolque de lo que digan las agencias de comunicación de las grandes marcas, los grandes partidos y también ahora las redes sociales. No es que podamos vivir sin mirar lo que está pasando, porque el primer motor del periodismo es la curiosidad, pero sí creo que en general hemos olvidado bastante esa capacidad creadora del periodista. Cuando digo creadora evidentemente no hablo de invención o de fabulación sino de la capacidad de tener una mirada diferente, de no solo mirar lo que miran los demás.

¿Las redes sociales son un enemigo o un aliado del periodismo?

Ni una cosa ni la otra. Son un instrumento y como cualquier herramienta pueden ser utilizadas de una manera u otra. Es tan peligroso caer en la tecnofobia como en la tecnofilia. La tecnología está aquí para ser utilizada y por eso creo que tratar al tecnólogo, al experto en SEO [posicionamiento en buscadores], como a un operario más, como han hecho algunas redacciones, es un error. Hay que darle una capacidad creadora porque esa capacidad creadora de mirar diferente es la que va a hacer que su trabajo pueda vincularse directamente con el nuestro sin imponer unos criterios que vienen de Google o de un buscador.

La cuestión es que muchos medios prefieren comprar tráfico en Facebook que invertir tiempo y recursos en investigaciones periodísticas.

Sí, pero esto es pan para hoy y hambre para mañana y ya lo estamos viendo. Se ha acabado el discurso de que solo se puede vivir a partir de un tráfico que nadie sabe muy bien de dónde viene. Ha habido medios dedicados solo a construir el tráfico masivo que han caído de golpe. Un cambio de algoritmo te puede hacer caer. Aquí está la gran diferencia entre construir tráfico y construir una comunidad de lectores.

Pero los anunciantes todavía hoy siguen primando cantidad a calidad y mientras sea así muchos medios seguirán apostando por el clic fácil.

Por eso decía que al tecnólogo hay que tratarlo como a un profesional creativo y las personas que se dedican al marketing tienen que hacer pedagogía. Soy bastante optimista porque creo que es algo que está cambiando. Después de escuchar durante años a los grandes gurús del tráfico, estamos viendo como patrocinios de secciones o de microsecciones están volviendo a funcionar.

A una marca hay que explicarle que le sale mucho más a cuenta apostar por un contenido que tenga credibilidad y crea una comunidad de lectores que por un simple tráfico que no sabes muy bien de dónde viene. Hace pocos años en las grandes redacciones de los diarios colocaron las pantallas donde aparecían las noticias más leídas. Ahora ya algunos las dividen entre lo más visto y los que han estado más tiempo de media en esa información. Eso es un cambio muy significativo porque quiere decir que ya estamos midiendo de manera cualitativa y no sólo cuantitativamente.

Defiende en el libro que decir que los medios ofrecen lo que los lectores quieren consumir es una perversión insultante. Pero viendo algunos de esos listados de audiencia que citaba se comprueba que los titulares y la información basura dan muchos clics.

Habrá medios que sólo vivan de eso, pero la pregunta es qué medio quieres ser y qué tipo de periodista quieres ser. Porque no sólo hablo de los medios sino de los periodistas como constructores de identidad. Al final lo único que puedes vender es tu credibilidad, sea la del medio o la del periodista, y eso no lo puedes apostar a la ruleta rusa de conseguir clics.

También se pregunta si los medios buscamos lectores activos y críticos o consumidores adictos a la autocomplacencia. ¿Tiene la respuesta?

En el libro no busco el purismo absoluto de cuál es el mejor periodista. El periodista es alguien que se equivoca, forma parte de su día a día, y constantemente se está analizando. No lo hace para mirarse el ombligo, que también y lo hemos hecho muchas veces, sino para no caer en la autocomplacencia. La autocomplacencia junto a los prejuicios, la autocensura y algún pecado más son los grandes males. Yo tengo prejuicios como los tiene cualquiera pero no me puedo dejar llevar por ellos a la hora de trabajar. Rousseau dijo que prefería ser un hombre de paradojas que de prejuicios. Creo que eso es aplicable a todos los periodistas.

Pero esto ha pasado siempre. ¿Cree que la autocensura o los prejuicios son dos problemas que se han agudizado en los últimos tiempos?

Ha pasado siempre y no creo que la llegada de tecnología nos haya hecho peores periodistas. No lo pienso en absoluto. Lo que pasa es que ha potenciado algunos de los vicios o tentaciones que teníamos. Cuando tú publicas un artículo, sabes que los tuyos te van a aplaudir al cabo de cinco segundos porque en Twitter la difusión es mucho más rápida. Los aplausos suenan más rápido y por lo tanto la tentación se multiplica. Pero es algo que ya pasaba. Una de las cosas más tristes que ocurren es leer en nombre de un periodista y saber exactamente en cada párrafo qué te va a explicar.

¿Qué opina de los periodistas que son en sí mismos una marca que trasciende incluso la del propio medio en el que trabajan?

El 'periodista marca' es estandarte de una ideología y casi un gurú dogmático y cuando eso pasa ya no es un periodista, es otra cosa. Ahora bien, si el 'periodista marca' es aquel cuyos artículos tienen criterio, a lo mejor no coincidente con lo que tú piensas, pero escritos con honestidad, entonces es absolutamente positivo. El lector activo le buscará. Esto va a pasar y por lo tanto los medios se van a dedicar mucho a tener periodistas con identidad propia. A veces se ha dicho que nos estamos convirtiendo en robots y lo mejor para no convertirte en un robot es no comportarte como tal.

Defiende que la objetividad en el periodismo es una farsa. ¿Es una provocación o un ataque de sinceridad?

Es que es una farsa porque el periodismo lo hacemos sujetos, no somos objetos. Eso no quiere decir que siendo subjetivo no puedas ser profundamente honesto y equitativo. No eres un narrador cámara absolutamente frío. Y eso en realidad es una ventaja porque quien te está narrando es un periodista, alguien que sufre, se interroga y que duda. Esto también tiene que ver con no comportarse como máquinas. No nos narran la vida las máquinas.

¿Uno de los problemas de los periodistas es que no somos lo suficientemente críticos?

Ha habido mucha confusión entre lo que los griegos diferenciaban claramente, entre la 'doxa', que es la opinión, y la 'episteme', que es el conocimiento. El periodista no es un juez ni siquiera es un policía. Como mucho es un detective en el sentido de que busca la huella, pero es alguien que no hace un juicio de valor.

Las tertulias televisivas que tanto éxito han cosechado en los últimos años muchas veces no van en esa línea.

Tenemos un problema con las tertulias y no es porque la tertulia no sea un formato absolutamente válido. Diría que de lo mejor que pasó en la primera televisión de la Transición eran las tertulias televisivas. Pero hoy tienen que ver con un escalón más hacia el poder. Por eso podríamos hacer un 'excel' con tertulianos que acaban en listas electorales. Tienen todo el derecho pero es muy sospechoso que el primer paso sea la tertulia. Hemos olvidado clarísimamente que el periodismo no es el cuarto poder del Estado sino un contrapoder. Es aquel que vigila a los tres poderes, no el que quiere ejercer un cuarto poder.

Y esos tertulianos que han acabado en una lista si no salen elegidos regresan a la tertulia sin que pase nada.

Y todos los espectadores sabemos que tienen un criterio muy tocado de fondo. Alguien que ha tomado una posición fijada políticamente lo que hace en una tertulia es defenderla y defenderla ya sea cinco, diez, quince o treinta y cinco años.

También escribe que la propaganda ha colonizado el periodismo. Tal vez si los medios fuesen rentables económicamente podrían dejar de ser instrumentos de propaganda.

Seguro que ayudaría. Pero no sólo es la propaganda del mercado. La pluralidad informativa no es tener un tipo de cada partido político colocado en una silla. Es tener una pluralidad de miradas y hay mucha gente que no pertenece a un partido político y que tiene una idea clara sobre cuestiones como el feminismo o la vivienda.

Pero la propaganda no es solo la que procede de la política. De hecho incluso hay empresas que pagan para que no se informe sobre ellas.

No sólo pagan por no salir sino que hay también un abordaje absoluto de los 'estudios científicamente demostrado'. Tienes que ir a la última línea para ver que detrás hay una empresa. En esto el periodismo científico debe hacer una autocrítica radical.

En el libro cita un artículo de Albert Camus en el que señalaba los cuatro puntos cardinales que debe tener el periodismo libre: las ideas, la desobediencia, la ironía y la obstinación. ¿Mantenemos los cuatro o ya hemos renunciado a ellos?

Yo no sería muy apocalíptico. Estamos saliendo de una cierta amnesia que nos produjo la llegada de internet. No recordábamos por qué nos habíamos dedicado al periodismo. Lo habíamos olvidado en el día a día pensando en crear tráfico y era un modelo que estaba agotado en sí mismo. Diría que sí que hay desobediencia porque hay muchos periodistas diciendo 'no'. Decir 'no' para un periodista no significa negarse, significa repreguntar. Lo vimos hace poco en una rueda de prensa de Vox en Castilla y León con una periodista preguntando y repreguntando.

Era una periodista de eldiario.es.

Pues eso es desobediencia. Creo que también hay obstinación y lucidez. Lo que se se ha olvidado más es la ironía, que significa distancia en el sentido etimológico. Se ha olvidado porque ha habido un periodismo de trincheras.

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