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‘El silencio de otros’ o cómo desenquistar el olvido

El documental de Almudena Carracedo y Robert Bahar es algo más que una llamada a la memoria histórica: es un grito de ayuda a los represaliados

Su estilo sobrio, elegante y certero ha conseguido sacar los colores a todos los gobiernos que han olvidado resolver una transición que no lo fue para todos

Cartel de 'El silencio de otros'. Memorial del Valle del Jerte.

Cartel de 'El silencio de otros'. Memorial del Valle del Jerte.

No es la primera vez que nos encontramos en el cine una función obviada por las administraciones. Ni será la última vez que a través de la pantalla descubrimos que hay toda una tarea social olvidada en algún cajón. Es cuando el arte sustituye, que no complementa, la función de cualquier gobierno: hacer cumplir la ley. ‘El silencio de otros’ ya es probablemente uno de los documentales más importantes de nuestra cinematografía en ese sentido, y lo es por el mérito de recordar la memoria. Así de redundante. Y hacerlo a través de la gente  que aún puede rememorar lo que nunca debió olvidarse, lo que quedó enquistado en 1977 mediante una tramposa Ley de Amnistía que trucó la transición dejando a ambos lados de una carretera, o en la última fosa de un monte perdido, los recuerdos desdibujados de varias generaciones.

Almudena Carracedo y Rober Bahart son los autores, entre un magnífico equipo de investigadores y técnicos, que han hecho posible que la sociedad española no olvide la asignatura pendiente de los que firmaron que todo nuestro pasado franquista se podía enterrar bajo el disfraz de la benevolencia. No hay mejor fórmula documental para ello que ponerle cara a los que no olvidan. El rostro trágico de María Martín, que siempre luchó por buscar el cuerpo de su madre, hasta un segundo antes de morir. Y el rostro triunfante de Ascensión Mendieta, convertida en el símbolo de la memoria histórica, cuando los restos de su padre, Timoteo Mendieta, pudieron ser recuperados de una fosa común en el cementerio de Guadalajara.

María Martín en 'El silencio de otros'

María Martín en 'El silencio de otros'

Producida por Pedro Almodóvar, ‘El silencio de otros’ sigue la estela, por un lado, de cómo se fraguó la conocida como ‘querella argentina’ promovida por la jueza María Servini con la fuerza de los denunciantes. Una posibilidad judicial que en España no ha sido posible porque ningún político ha sido capaz de defender la derogación de una ley vergonzosa y absurda, que hoy ya no tiene sentido. Desde Buenos Aires llegó la posibilidad de una denuncia colectiva que ha ido agrandándose con el tiempo, y que mantiene viva la esperanza, también, de los que aún viven para recordar su propio sufrimiento: los torturados por Billy El Niño y los que saben que en los sótanos de la Puerta del Sol todavía hay fantasmas a los que escuchar. Mientras Almudena Grandes lo contaba en ‘Las tres bodas de Manolita’ entre la realidad y la ficción, los directores de este documental acompañaban en el camino a sus tristes protagonistas, a sus familias y a sus amigos.

Por otro lado, el documental se ofrece también como un compendio de palabras que desenquistan el olvido. Introducida por las figuras del memorial del Valle del Jerte, el único monumento colectivo español a los represaliados por el franquismo en España, una breve voz en off aporta algunos datos para dejar paso a los testimonios de los que recuerdan. Y por ahí transitan, tímidos y reticentes, hombres y mujeres con una historia guardada a base de dolor. Ahí queda el de Chato Galante, entre otros muchos torturados por Billy El Niño, uno de los luchadores más incansables por algo tan obvio como que alguien pague por sus crímenes.

Chato Galante en 'El silencio de otros'

Chato Galante en 'El silencio de otros'

Lo mejor, como sucede en los buenos documentales, es que desempolva también interrogantes que deben heredar incluso los que nunca se preguntan nada. ¿Por qué ese pacto de silencio en torno a la guerra y la posguerra? ¿Por qué la Ley de Amnistía sigue siendo intocable pese a sus evidentes contradicciones con la también vigente, aunque vacía de financiación, Ley de Memoria Histórica? ¿Por qué todas las acciones de búsqueda, identificación y trabajos sobre fosas comunes siguen realizándose desde asociaciones y colectivos privados? ¿Dónde está la justicia administrativa? Y no, no ofrece las respuestas, pero sí deja adivinarlas.

Este documental ahora permitirá que nadie olvide a María Martín, poniendo flores en el punto kilométrico donde está enterrada su madre, ni a Ascensión Mendieta, pudiendo enterrar, por fin, a su padre. Ver ‘El silencio de otros’ es un ejercicio obligatorio para construir memoria sobre la memoria. También para heredar, como espectadores, todos esos recuerdos para que nada ni nadie intente volver a extirparlos de nuestra amarga y negra historia. Porque esto no es “la guerra del abuelo”. Es nuestra guerra mientras haya alguien que recuerde cómo alguien desapareció sin dejar rastro, dejando a sus hijos y a sus nietos con un rictus congelado en el rostro. Una cicatriz con una pequeña veta que el cine nos devuelve en forma de grito. 

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