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COVID, magia y pedagogía

Antoni Martínez Soriano

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Llevamos muchos días de restricciones a la libertad de tránsito, al confinamiento, al parón económico…para poder hacer algunas consideraciones previas, que por más evidentes, espero que sean igualmente de interés, más ahora que empezamos una nueva etapa en esta carrera de fondo. De entenderla en su justa medida, sin tapujos ni medias verdades, dependerá el éxito de la misma.

El COVID, como cualquier pandemia, como muchas otras enfermedades, es un problema de salud pública y como tal se ha de tratar. Cierto que cuando una enfermedad se desborda, al margen de saber los motivos, hay que tomar medidas e incluso medidas drásticas, aunque siempre ponderadas a la realidad y a lo que nos ofrezca la ciencia.

Y es cierto que las medidas, una vez impuestas, hay que seguirlas y si no lo haces, cargar con las consecuencias punibles que pueda haber. Punto.

Pero las medidas han de ser lógicas, pedagógicas y razonadas, sobre todo cuando hemos estado tanto tiempo con restricciones tan duras. Más aún cuando vamos a atravesar fases para la vuelta a una normalidad… diferente (nueva normalidad).

En términos educativos, si quieres que algo se haga, tienes que poner los medios para que se pueda hacer y motivar a las personas adultas a las que va dirigida la norma, para que la cumpla. Siempre habrá personas que se las salten, pero la mayoría responderá como adulta que es.

De lo contrario, para imponer una norma que no se explica bien (con la cantidad de información fiable que hay hoy a disposición de cualquiera) se habrá que invertir mucho esfuerzo en el castigo, para que ésta se cumpla. Y si solo se cumple por el miedo al castigo, es más fácil que se salte, si se piensa que no va a ser descubierto.

¿Qué es el COVID-19, cómo nos puede afectar y cómo nos contaminamos? Sin ser experto ni pretenderlo, estaremos de acuerdo que:

  • Como cualquier otro ser vivo (virus o no), es un ser que necesita alimentarse para sobrevivir y reproducirse. En este caso, y por lo que sé, se alimenta de nuestras propias células.
  • No tiene alas. No salva espacios mediante “vuelos” más o menos largos. Como decía un documento divulgativo que leí, necesita de nosotros, de nuestros pies, de nuestras manos, de nuestro toser o hablar, para ponerse en disposición de ser recogido por otro ser, otra persona que, manteniendo una distancia cercana o tocando algo donde está, lo introduce en su propio organismo, por las mucosas.
  • No aparece si alguien no lo presenta. ¡Donde no hay, no podemos encontrarlo!. Esto, que es muy obvio, parece que lo estamos olvidando y generamos unos miedos irracionales.

Podemos añadir datos, estadísticas, gráficas y mucha información al respecto. De hecho ya podemos hablar de una hiperinformación monocrómica. Y esta acumulación de información, desgraciadamente, puede provocar el efecto contrario: la desinformación, por hartazgo.

Además, creo que nuestra sociedad también se hace otras preguntas… y tal vez le importe saber más cosas que la cantidad concreta de fallecidos (mi más absoluto respeto hacia ellas y ellos, aunque una cifra es eso, una cifra), de multados, de contagiados…

Igual hay más personas que, como yo, se preguntan cómo va la investigación de las vacunas, cuántos equipos científicos están trabajando para encontrar soluciones a medio y a largo plazo (vacuna) y con cuántos recursos cuentan. Cómo están sus respectivas comunidades autónomas, sus municipios, en la atención a la población en general y a los más desfavorecidos, en particular.

Y puede que haya otras personas, como yo, que se preguntan si fuera del coronavirus hay vida: porque si bien es cierto que hay muchas muertes por esta pandemia… también podríamos poner en la mesa informativa las muertes por hambre, por guerras, por cáncer, por el SIDA… y también podríamos ver cómo lo hacen otros países, y de aquellos que lo han hecho diferente a nosotros, qué han ganado o perdido, respecto a nosotros.

Igual vale la pena empezar a poner encima de la mesa las deficiencias que nos han incrementado el problema y cómo los recortes en Atención Primaria, en Prevención, en Sanidad Pública de calidad han impedido que seamos más eficientes. Porque de igual manera que una catástrofe no tiene las mismas consecuencias en una zona del tercer mundo que en una zona del primero, y de igual manera que la recuperación es diferente en un sitio o en otro, igual nos ha pasado con la pandemia. Y aunque esta crisis pasará, sabemos que habrá otras, cada vez diferentes.

Y creo yo que ya va siendo hora de centrarnos en la verdad (y hacerle el vacío a quien diga tonterías, ocurrencias o, simplemente, mienta):

  • Que el coronavirus es muy contagioso, sí, pero que con una Sanidad Pública menos diezmada, la respuesta habría sido mejor… y nuestros sanitarios habrían estado más protegidos.
  • Que el virus es peligroso, sí, pero no tiene magia… ni alas, ni se teletransporta!

Dado que somos nosotros los que lo pasamos, hemos de tener cuidado de no hacerlo y que no nos lo pasen. ¿Cómo?

  • o Manteniendo una distancia de seguridad:¿con qué metros estamos seguros?, ¡pues con esos metros!
  • o Utilizando las mascarillas cuando esa distancia no es posible: ¿sirve o no sirve la mascarilla (incluyendo los múltiples modelos que corresponda)?. Pues si sirve, perfecto y si solo sirven unas y no otras, se dice de manera seria y rotunda y se difunde, para que no haya dudas, o para que quien no haga caso, no tenga excusas.
  • o Utilizando correctamente los guantes, cuando tengamos dudas de contaminar o ser contaminado.
  • o Lavándonos las manos, con jabón, meticulosamente y secándonos con nuestra toalla o con papel desechable.
  • o Utilizando el gel hidroalcohólico, cuando no contemos con el agua y jabón.
  • o Evitar tocarnos la cara, después de manipular o tocar cosas susceptibles de contagio. El virus no tiene una perforadora: si no hay una herida, ¡el virus no atraviesa la piel! El virus entra por las entradas de nuestro cuerpo: por las mucosas.

 Creo que lo demás es provocar un miedo que nos puede resultar caro, por repuntes, o que puede dar excusas a otros, para saltarse la norma… como cuando alguien cree que no le van a ver y se salta una señal de tráfico que lleva mucho tiempo sin quitarse y parece absurda… y va y le pillan!

Creo, además, que a la población se le debe tratar como adulta y se le debe hablar como a tal. Se ha hecho en otros países y parece que ha funcionado.

Solo así, entiendo, podremos hacer frente a una realidad que ha venido para quedarse y que deberemos aprender a convivir con ella, con precaución pero sin aspavientos, con fundamento.

Pero sobre todo, podremos estar en condiciones de ser críticos cuando grupos de opinión, políticos o asesores de un lado u otro, nos pretendan “convencer” en la necesidad de diezmar nuestras libertades u olviden los verdaderos problemas de la sociedad.

Porque, efectivamente, más allá del coronavirus no solo hay vida, con sus alegrías y sus penas, sino que todas y todos deberemos seguir estando dispuestos a recrearla, más justa y solidaria.

Nadie se puede quedar al margen, si hemos aprendido algo.

*Antoni Martínez Soriano, psicólogo sanitario y Educador Social

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