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'Spain is not different': un retrato crudo de la realidad que viven muchas mujeres sin hogar durante las Fallas

Una mujer sin hogar, en un momento del documental.

Raquel Lavara

València —
6 de junio de 2026 22:40 h

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Samuel Sebastian Rodríguez, escritor y director de cine valenciano, nos brinda en esta ocasión una obra con un fuerte componente crítico. Spain is not different, estrenada en 2025, es una película que destaca por su capacidad para conectar emocionalmente con el espectador. El largometraje invita a la reflexión y expone de forma sencilla problemas sumamente complejos que sufren a diario muchas mujeres en el mundo.

La película ha sido reconocida internacionalmente con premios en CineFem Montevideo (Mejor Película Iberoamericana), Kaia International Film Festival (Mejor Película Experimental) y Portugal Indie Film Festival de Cascais (Mejor Película), además de formar parte de la programación del LA Femme International Film Festival Europe de Budapest, entre otros.

elDiario.es conversa con el director Samuel Sebastian Rodríguez y la productora Lu Pastor Verdú. Una de las anécdotas más significativas ocurrió durante el rodaje en la calle en plenas Fallas. “Cuando Esther –la actriz que interpreta a la protagonista– se alejaba del equipo para meterse en el personaje era ignorada por la gente a su alrededor porque veían en ella una mujer vagabunda, sin hogar y africana, pero cuando acababan de rodar las escenas y se juntaba con el equipo de grabación, la gente se acercaba a ella creyendo que era una actriz americana, le pedían el instagram y se hacían fotos con ella”, según relata el director.

¿De qué trata la película?

Aunque el filme se centra en mujeres sin hogar, por desgracia, las problemáticas a las que se enfrentan estas mujeres en esta situación tan extrema no se alejan demasiado del tipo de violencia que sufren el resto de mujeres. La violencia se encuentra en muchos aspectos de la vida, adopta muchas formas diferentes y a distintos niveles de intensidad. Una agresión sexual, una paliza o un asesinato, suelen ser los tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres más condenados por la sociedad puesto que constituyen un tipo de violencia mucho más explícita. Pero, como ya hemos mencionado, la violencia de género adopta muchas formas distintas.

La película sigue la experiencia de una mujer que llega a un lugar completamente desconocido, no conoce la lengua ni las costumbres, y además, se encuentra en una situación muy singular: la ciudad de Valencia en plena celebración de las Fallas. Lo que para el resto de personas a su alrededor es motivo de celebración y alegría –la gente en las calles, las mascletaes, la música, los petardos– para ella supone una situación de estrés y amenaza constantes, por el desconocimiento de lo que está viviendo y por el aislamiento que supone su situación en particular.

La protagonista pronto conocerá a otra mujer en una situación muy similar a la de ella, pero por diferentes razones, una mujer latina transexual que vive en la calle y se dedica a la postitución para sobrevivir, y quien le ayudará en la medida de lo posible. La protagonista le cuenta a esta mujer que antes le gustaba bailar y era profesora de baile en su aldea, hasta que la obligaron a casarse con un hombre a los 13 años, con el que tuvo dos hijas, y que la maltrataba, razón por la que probablemente terminaría jugándose la vida en el mar y huyendo de su país, en busca de una vida mejor.

Esta mujer le advierte de las consecuencias de vivir en la calle como “olvidar tu vida anterior, tu familia, tus amigos”. Creo que esta advertencia es una de las más significativas del filme. De alguna manera, cuando una persona pasa a vivir en la calle –o más bien a sobrevivir– toda esta situación conduce a una deshumanización brutal que le despoja de todos los aspectos que conformaban su vida anterior, quedando reducido a un “vagabundo” o “vagabunda”, lo que termina definiendo a la persona en su totalidad, casi como si hubiera nacido con ese estigma.

Una de las escenas más duras del filme puede ser cuando esta mujer le confiesa a la protagonista que ella es la primera persona con la que habla en esa semana. Hecho aún más significativo teniendo en cuenta que la comunicación entre ellas es sumamente reducida ya que no comparten un idioma en común. Esta frase es tremendamente reveladora de una situación de la que se habla muy poco, pero que constituye una de las consecuencias más crudas de vivir en la calle: el aislamiento social. Se produce una ruptura de los vínculos sociales cotidianos, que conduce a una soledad no deseada y produce un tremendo sufrimiento a estas personas que pueden llegar a pasar días sin ningún tipo de interacción social.

Una tercera mujer forma parte de este relato, amiga de la mujer latina, nos cuenta mediante una conversación entre ambas que se encuentra en un albergue sin hogar debido a que ha sido víctima de violencia de género, puesto que su pareja la maltrataba por tomar pastillas anticonceptivas, ya que no quería quedarse embarazada.

Escena importante de la película, en la que se quema un monumento.

Una de las imágenes más impactantes que expone el filme es la violación que sufre la protagonsita cuando en la noche, un hombre se introduce a la fuerza en la pequeña choza hecha de cartones en un rincón del parque en la que duerme y termina abusando de ella. La impunidad con la que actúa está directamente relacionada con el hecho de que sabe perfectamente que esa mujer “no importa” a ojos de la sociedad, abusa de ella porque sabe que está completamente sola y desprotegida, y que por tanto, sus actos no van a tener ningún tipo de consecuencias. La invisibilidad ante la sociedad y las instituciones que sufren estas mujeres, es uno de los detonantes que provocan este tipo de agresiones. Tanto hombres como mujeres que viven en la calle sufren todo tipo de violencia y vejaciones de las que el resto de personas tenemos un completo desconocimiento porque estos actos, en la mayoría de ocasiones, carecen de consecuencias.

El espectador como testigo silencioso

Este filme no se limita a relatar las dificultades que puede llegar a vivir una mujer en situación de calle, sino que, a través de los relatos de vida de diferentes mujeres nos muestra las distintas formas que puede adoptar la violencia de género. Tres mujeres, con historias de vida completamente diferentes, que acaban en una situación similar, por los diferentes tipos de abusos ejercidos por hombres de su entorno, amparados por una sociedad profundamente machista que perpetúa y permite la violencia sistemática contra las mujeres y protege a sus abusores.

De esta forma nos hace partícipes de la historia desde fuera, la cámara –y por tanto, el espectador– adopta una posición de seguimiento observacional que acompaña constantemente a la protagonista casi como un testigo de su relato. Las imágenes junto, con algunos diálogos breves, bastan por sí solas para transmitir toda la información que el espectador necesita para entender y empatizar con la historia de estas mujeres.

A veces, menos es más, y este filme maneja este concepto a la perfección, el director consigue exteriorizar el estado emocional de la protagonista mediante un juego de planos perfectamente cuidados en los que el color –la película entera transcurre en blanco y negro, excepto al final del filme–, los diálogos, o la música, no cobran un papel protagonista sino que pasan a servir al espectador para centrar el foco en el mundo interior de la protagonista.

De esta manera el entorno funciona como una proyección del estado emocional del personaje creando un ambiente opresivo en muchas escenas que consigue transmitir toda la angustia, la confusión y el miedo que siente esta mujer.

Un fuerte componente símbolico

Puesto que el filme hace uso de un lenguaje principalmente visual, los monumentos falleros y las marionetas, además de tener un fuerte componente local, se convierten en símbolos clave que sirven como metáfora visual y representativa de la vida de estas mujeres.

Casi al inicio de la película la protagonista se para a observar un ninot que constituye una representación racializada de las mujeres negras y cumple todos los estereotipos que tenemos respecto a estas mujeres en occidente, acompañado de un cartel en el que se puede leer “Spain is different”, al igual que se puede leer en su camiseta.

Al final del filme nuestra protagonista, después de haber sufrido una de las formas más extremas de violencia que puede vivir una mujer en su situación –una violación–, observa entre lagrimas la cremà de la falla, concretamente el ninot de la mujer negra, al que propinan una patada para que termine de caer. Este gesto constituye una metáfora visual brutal que representa a la perfección el trato que ha recibido esta mujer en una sociedad que aparenta “ser diferente” y en realidad alberga un profundo racismo.

Esta escena evidencia la triple violencia que sufre la protagonista: en primer lugar, por su color de piel; en segundo lugar, por vivir en una situación de calle; y en tercer lugar, por ser mujer, mostrando así que quizás “España no es diferente”, como el título de la película indica.

En la entrevista, Samuel nos contaba que esta patada no estaba dentro del guión: “En esta escena, nuestra protagonista –interpretada por Esther Mamadou– únicamente debía observar cómo se quemaba el ninot, una imagen ya de por sí bastante representativa. Sin embargo, en cierto momento uno de los chavales presentes –la gente no sabía que se estaba grabando una película– le propinó una patada”. Este imprevisto, según relata el director y la productora, “supuso una sorpresa en el momento del rodaje, pero terminó aportando una carga simbólica que enriqueció la escena final”.

Este tipo de metáforas visuales referidas tanto a la violencia de género como al racismo, podemos encontrarlas a lo largo de todo el filme. Desde la mujer que interpreta un espectáculo de marionetas en la calle para ganarse unas monedas, en el que la marioneta en cuestión, de nuevo, representa a una mujer negra –no casualmente manejada a su antojo por una mujer blanca–; hasta la pintada en la pared al lado del espacio en el parque al que nuestra protagonista llama “casa”, donde podemos leer el famoso lema “Black lives matter”. De esta forma el filme evidencia la hipocresía de una sociedad que proyecta un antirracismo performativo.

Además, la productora Lu Pastor Verdú, cuenta cómo algunas casualidades tuvieron lugar durante el rodaje del filme que terminaron ayudando a enriquecer la ficción. La falla vandalizada del monumento de la comisión fallera de Lepanto-Guillem de Castro, representaba el cuerpo de una mujer desnuda y fue destrozada en la zona del vientre y los genitales, y por supuesto, decidieron hacerlo formar parte del largometraje debido al fuerte simbolismo: “esto no estaba previsto, pero pasó y qué casualidad más maravillosa”, señala Lu Pastor durante la entrevista.

Dar voz a quienes no pueden gritar

A través del filme, pronto el espectador se percata de muchas consecuencias que derivan de vivir en la calle, en las que la mayoría de personas nos nos paramos a pensar, precisamente porque las personas sin hogar constituyen uno de los colectivos más invisibilizados de nuestra sociedad, siendo sistemáticamente ignorados, estigmatizados y por lo tanto, olvidados tanto social como institucionalmente.

Ahí reside el valor de esta película que devuelve la voz a personas que son constantemente silenciadas, no porque se les pegue una cinta en la boca para que no hablen, sino porque nadie se para a escuchar sus historias, la razón por la que han llegado a esa situación.

En primer lugar son juzgadas –“algo habrá hecho para estar así”–; en segundo lugar, son ignoradas, en la calle apartamos la mirada –ya sea por lástima o indiferencia–, son vistas casi como seres extraños e incluso como una molestia; y en tercer lugar, existe una tremenda falta de representación de estas personas tanto en medios como en el imaginario colectivo lo que crea una mayor dificultad, primero para concienciarse –de cara a tratar de hacer algo para ayudar a estas personas primero tenemos que acordarnos de que existen– y segundo, para empatizar con ellas y dejar de verlas –y en consecuencia, tratarlas– como seres extraños.

Spain is not different constituye así un retrato crudo pero necesario de la realidad de estas mujeres, que invita a la reflexión y nos ayuda a ser un poco más humanos al visibilizar una problemática que rara vez ocupa un espacio en la conversación pública.

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