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Blanca Portillo recoge un premio en vaqueros: “He tenido que demostrar que sin belleza también se puede ser actriz”

Laura García Higueras

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Horas antes de que las miras cinéfilas centraran su atención en los Premios Oscar que coronaron a Todo a la vez en todas partes, Blanca Portillo protagonizó un reivindicativo y ovacionado momento en el Festival de Málaga, que celebra hasta el próximo domingo 19 de marzo su 26ª edición. Arropada por las directoras Gracia Querejeta y Paula Ortiz; y el actor Asier Etxeandia, la intérprete sorprendió por el vestuario con el que subió al escenario del Teatro Cervantes a recoger el Premio Málaga–Sur, con el que el certamen quiso rendir homenaje a su carrera.

Llorando y riendo, aplaudida por el público presente en la sala, expuso: “Os estaréis preguntando qué hace vestida así esta mamarracha en una noche de lujo y esplendor”. A continuación, la actriz se separó del atril para que los asistentes comprobaran que llevaba puesto un pantalón vaquero, una camiseta de manga corta blanca y en los pies, zapatillas de deporte.

“Ha sido una decisión muy pensada. Esta noche no estoy aquí para defender un personaje o un trabajo concreto. Estoy aquí porque habéis decidido poner en valor el trabajo de casi cuarenta años dedicados, casi de forma enfermiza, a la interpretación. Puesto que es eso lo que estáis valorando quiero recibirlo como persona, no como actriz. Y esto es sencilla y claramente lo que soy: Blanca, una persona”, compartió.

“Un ser humano despojado de lujos y disfraces, sin aditivos ni colorantes ni conservantes. Una mujer de 59 años que la mayor parte del tiempo tiene miedo y frío, y que necesita desesperadamente cariño y apoyo. Que prefiere los vaqueros a los trajes de noche. Las cañas con los amigos al champán de las fiestas, el amor a la admiración”, sumó antes de compararse con el actor Brad Pitt, asegurando que ambos tienen “algunas cosas en común”.

Entre ellas, tener “casi la misma edad” y “exactamente la misma nariz”. “Es una lástima que naciera en Oklahoma y no en Burgos, por ejemplo. Porque se ha perdido conocer al amor de su vida, que soy yo, no Angelina Jolie”, sostuvo. Por último, defendió con ironía una batalla conjunta: “Ambos hemos tenido que luchar contra nuestro físico para que se valoraran nuestras capacidades actorales, solo que al revés. Él ha luchado contra su belleza para demostrar que es más que un cuerpo y un rostro hermosos. Y yo, contra mi falta de belleza para demostrar que sin ella, también se puede ser actriz”.

He luchado contra mi falta de belleza para demostrar que, sin ella, también se puede ser actriz

Blanca Portillo

Con sus palabras arrancó el aplauso de la audiencia, que se detuvo para escuchar su la reivindicación con la que cerró su intervención: “Quiero aprovechar este reconocimiento para lanzar un mensaje de fuerza y de esperanza a todos y todas a quienes alguna vez les han dicho que les hace falta el físico para dedicarse a esta profesión. Para dedicarse a ella lo que hace falta es amor, esfuerzo, formación, capacidad de soñar lo que no existe, valentía para sobreponerse al miedo, respeto por ti mismo y quienes te rodean. Cultura, trabajo y devoción. Todo eso aumenta con los años y con la práctica. Todo lo demás, se lo lleva el tiempo”.

Su galardonada trayectoria

Nacida en Madrid en 1963 y licenciada en Arte Dramático por la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), debutó en obras de teatro como Bodas de sangre, Cuento de invierno, Oleanna, Terror y miseria del Tercer Reich y Mujeres frente al espejo. En 1997 dirigió su primera obra, Hay amores que hablan, a la que le seguiría en 1999 Shakeaspeare en pedazos. Su primera película fue Entre rojas, dirigida por Azucena Rodríguez, en 1995. Tras El perro del hortelano (Pilar Miró, 1996) y Eso (Fernando Colomo, 1996), su papel en El color de las nubes (1997) de Mario Camus le valió para ser nominada al Goya a Mejor actriz revelación.

Tras otras dos candidaturas, por Volver (2006) de Pedro Almodóvar –por la que sí fue galardonada en Cannes– y Siete mesas de billar francés (2007) de Gracia Querejeta –por la que recibió la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián–, el cabezón le terminó llegando en 2022, por su papel protagonista en Maixabel de Icíar Bollaín.

Otros títulos destacados de su filmografía son Alatriste (2006) de Agustín Díaz Yanes, Los fantasmas de Goya (2006) de Milos Forman, El patio de mi cárcel (2008) de Belén Macías, Los abrazos rotos (2009) de Almodóvar e Invisibles (2020) de Querejeta. Tiene pendiente el estreno de Teresa, el nuevo filme de Paula Ortiz (La novia).

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