Colorear fotografías de la Guerra Civil: “El blanco y negro da la sensación de que es algo que no se puede repetir”

Marina Ginestà, de 17 años, durante la Guerra Civil. Barcelona, 1937. Fotografía de Juan Guzmán. Colorización de Julius Backman

Raúl Novoa


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La imagen nos sirve como un conector intergeneracional e histórico. Desde las pinturas de las cuevas de Altamira hasta hoy en día, el hecho de ver imágenes del pasado nos conecta con él y nos ayuda a hacernos una idea de la vida que podían tener nuestros antepasados. Ahora bien, no son lo mismo las pinturas rupestres que las fotografías o los vídeos. Ya lo decía Susan Sontag en 'Sobre la fotografía’ (1977): “Las fotografías son detalles. Por lo tanto, las fotografías se parecen a la vida”.

Y, hablando de detalles, ¿cómo percibiríamos la historia republicana si viésemos a Clara Campoamor con un claro vestido azul dando un discurso, los ropajes de los soldados de la II República o la potencia del rojo en una bandera alzada de la CNT? Este proceso está llevándose a cabo. En los últimos años ha aumentado el interés general por colorear las fotografías antiguas. El colorista y fundador de Cassowary Colorizations, Joel Bellviure, considera que en un libro de historia “hay que publicar la foto en blanco y negro para que sea fiel al estudio histórico”. Sin embargo, el hecho de colorear estas fotos “acercan los hechos al gran público”. “El problema del blanco y negro es que es sinónimo de pasado y romantiza los hechos. Si pensamos en la Guerra Civil o en las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, las imaginamos en blanco y negro y eso da la sensación de que es algo antiguo y que no se puede repetir”, explica. 

Para Bellviure, esto es fundamental en el contexto actual del auge de la extrema derecha. “En los días de hoy podemos ver que son procesos que pueden volver a ocurrir. No son temas del pasado. El pasado puede volver a repetirse”, defiende el artista de Palma de Mallorca. “Si al observar la foto del miliciano de Capa, vemos el prado en verde y lo identificamos con nuestro propio jardín, la percepción histórica que tenemos sobre esos eventos es mucho más cercana. Lo vemos como que podrían ocurrirnos a nosotros mismos”, argumenta. 

“Quienes llenaron las fosas siguen dispuestos a que todo eso siga ahí enterrado y la gente permanezca callada”, asegura el colorista Tina Paterson. Para ella, la colorización de fotografías antiguas sirve como una nueva narración de la historia. Defiende que se parte de “traer el pasado de nuevo a la vida” y de “mirarlo directamente a los ojos”.

Esta nueva tendencia no solo sucede en España, también es internacional. Es el caso de Julius Backman, un colorista de origen sueco que se ha interesado también por la historia española. Explica a elDiario.es que a través de sus amigos españoles comenzó a acercarse a la historia de nuestro país y sus conflictos internos. “Me sorprendió la tragedia de la Guerra Civil y cómo dio forma a la sociedad actual de España”, relata.

Además, Backman cree que “los colores nos ayudan mucho más a relacionarnos con las personas en las fotos, eliminan una barrera entre la persona en la foto y la que la ve”. Pese a que sean hechos con menos de 100 años de historia,  “es fácil descartar acontecimientos históricos como la Guerra Civil española diciendo: 'fue hace tanto tiempo', 'todos de esa época están muertos', etc. Pese a que asegura que no es ningún experto en Historia de España, espera que con sus colorizaciones pueda demostrar ”que esto no fue hace tanto tiempo“.

En esta línea, Bellviure destaca también que, aunque recuperar acontecimientos de la II República es “importantísimo”, “también lo es hacerlo del bando franquista y del desarrollo del régimen. Sus atrocidades son parte de nuestra historia”, apunta.

La importancia de la documentación en el proceso

A día de hoy, hay apps que permiten colorear fotografías antiguas. “Están bien para hacernos una idea, pero no siempre dan con los colores exactos y pueden confundir un rojo con un verde”, ejemplifica Joel Bellviure. Los tres artistas consultados coinciden en el desarrollo del mismo proceso productivo. 

“Primero, se investiga el contexto histórico de la fotografía para conseguir referencias cromáticas que en muchos casos no se pueden encontrar”, explica Bellviure. “A menudo, no puedo obtener la referencia exacta de un elemento, así que miro si hay tendencias generales de la época y el área”, puntualiza por su parte Backman.  Esta investigación, “no es nada engorrosa, sino todo lo contrario, es muy enriquecedora para conocer mejor su época”, añade Paterson. Además, “hay que tener especial atención en este punto, ya que, si no, podríamos incluso falsear la historia”, subraya Bellviure.

Después, los coloristas se dedican a restaurar la instantánea. “Muchas veces hay problemas con los grises de la fotografía a la hora de introducir los rojos”, expone Bellviure. Además, estas imágenes muchas veces se encuentran en mal estado, con dobleces o rasguños.

Por último; la colorización. “Lo hacemos con Photoshop, es como pintar un óleo”, aclara Bellviure. Tras agregar los colores, Backman procede a “ajustar diferentes valores como la saturación y el brillo. El último trabajo se realiza cuando exporto la imagen a Adobe Lightroom y hago ajustes adicionales a la imagen para que se vea lo mejor posible”. Tras ello, ya se procedería a la “difusión en las redes sociales”, procede Paterson.

A la hora de restaurar las fotografías se encuentran con los derechos de autor. Actualmente, caducan tras 70 años después de la muerte del artista. “Esto hace que tengamos trabajos hechos sin poder publicar”, lamenta Bellviure. Además, critica que “las fotografías de Estados Unidos son casi todas de dominio público, mientras que en España no”. Por su parte y como forma de concienciación social: “pongo las imágenes coloreadas y restauradas libres de derechos y al servicio público”.

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