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“¡Toma, toma, trágatela!”

El supuesto peligro de una segunda Cataluña, un patinazo con gastos mal atribuidos, un expresidente imputado por corrupción que dice haber hecho “algo extraordinario”, los “bizcochos y magdalenas” de David Serra y una bronca parlamentaria del PP con Ciudadanos jalonan una semana cualquiera de la derecha valenciana al borde de un ataque de nervios 

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La secretaria general del PPCV, Eva Ortíz, junto a la presidenta del partido, Isabel Bonig, en las Corts

La secretaria general del PPCV, Eva Ortíz, junto a la presidenta del partido, Isabel Bonig, en las Corts

El presidente valenciano, el socialista Ximo Puig, desea “ un proyecto nacionalista de ruptura con España”. Se lo dijo a los periodistas la presidenta del PP valenciano, Isabel Bonig, antes de entrar el martes en una reunión con los suyos en el Senado. La dirigente indicó haber acudido a Madrid a alertar sobre el peligro de “una Cataluña dos”.

Casi a la misma hora, su lugarteniente, la secretaria general de los populares de esa supuesta segunda Cataluña en formación, Eva Ortiz, protagonizaba en Valencia un patinazo al criticar enfáticamente al presidente de las Corts Valencianes, Enric Morera, de Compromís, por haber gastado 710 euros de dinero público para acudir a declarar como testigo en el caso Nóos.

“Estamos cansados de la doble moral de la izquierda”, clamó Ortiz, antes de que Morera exhibiera su tarjeta de crédito personal y el justificante de pago del desplazamiento, que está pendiente de devolución por el juzgado de Palma. Resulta que los 710 euros correspondían a un escolta encargado de su seguridad y una persona de su gabinete autorizada por el tribunal a hacer de enlace con la segunda autoridad valenciana mientras permanecía aislada entre los llamados a declarar en el juicio. “Yo me pago los viajes y también los trajes”, aseguró el presidente del Parlamento autonómico.

En cambio, alguien que en algún momento no se pagó los trajes irrumpió por sorpresa en los medios al día siguiente. Citado como imputado en otra investigación relacionada con la corrupción, Francisco Camps, que ya está investigado en la causa por simular que la Fórmula 1 en Valencia fue organizada por una empresa privada cuando lo hizo realmente la Generalitat, estuvo dos horas y media declarando en el juzgado sobre el diseño, adjudicación y construcción del circuito urbano en el que se celebraba la prueba automovilística. A la salida, con cara de mártir incomprendido, Camps reclamó reconocimiento por “haber hecho algo extraordinario para Valencia”.

En Madrid, mientras tanto, David Serra, que fue vicesecretario general del PP valenciano, declaraba como procesado en el juicio de la trama Gürtel que se desarrolla en la Audiencia Nacional. Contra lo que revelan las escuchas policiales aportadas al sumario, Serra aseguró no haber intervenido en los pagos de facturas de los gastos electorales del PP en 2007 y 2008 por parte de empresarios con importantes adjudicaciones del gobierno que Camps presidía.

Serra, que negó lo evidente y descargó toda la responsabilidad sobre Ricardo Costa -el único dirigente del PP que ha empezado a contar públicamente la verdad-, tuvo dificultades para explicar sus conversaciones con Álvaro Pérez, El Bigotes, en clave de  “bizcochos y magdalenas” para referirse con toda verosimilitud a pagos en dinero negro. Preguntado por el juez, Serra trató de explicar: “El señor Álvaro Pérez hablaba en terminología, ¿cómo se lo diría, señoría…?”. Y el magistrado le interrumpió, entre las carcajadas de los asistentes al juicio: “Terminología… de organización peculiar”.

El exnúmero tres del PP valenciano sudaba tinta en la Audiencia Nacional y por aquellas horas en el hemiciclo de las Corts Valencianes se embroncaban el PP y Ciudadanos durante el debate de una iniciativa de los populares sobre la prisión permanente revisable. Como quiera que los de Albert Rivera no secundaron la proposición, la diputada del PP María José Ferrer Sansegundo se aplicó a fondo contra el parlamentario de Ciudadanos Emigdio Tormo, a quien recordó su pasado en el PP como concejal en Elche y persona cercana al expresidente provincial de Alicante José Joaquín Ripoll, imputado en el caso Brugal.

Tormo se revolvió para atacar a sus excorreligionarios: “Parece mentira que tenga sentada a su lado a la señora Bonig, que fue íntima colaboradora con el señor Costa y con el señor Camps…, que fue colaboradora necesaria de los actos seguramente legales del señor Costa y el señor Camps”. Eva Ortiz salió en defensa de su jefa: “A lo mejor es usted el que tiene que explicar por qué le expulsaron del PP por su relación con José Joaquín Ripoll, que está a punto de sentarse en el banquillo por el caso Brugal”. Isabel Bonig, futura aspirante a presidir la Generalitat, acogió esta última intervención a voz en grito: “¡Toma, toma, trágatela!”.

Así están las cosas en la derecha valenciana, al borde de un ataque de nervios, una semana cualquiera de este mes de febrero. Sería absurdo intentar añadir nada más.

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