“Hay mucha gente que no tiene claro si funcionará la medicina que están tomando países como España”

Gavin Hewitt, jefe de información sobre Europa en BBC. Foto: P. Cosano / Grupo Anaya

Como jefe de la delegación de la BBC en Bruselas, Gavin Hewitt dirige la cobertura de los asuntos europeos en la cadena británica, lo que quiere decir que ha oído decir en innumerables ocasiones a los participantes en las cumbres cómo la crisis se había solucionado y Europa se había salvado. Además, ha viajado por varios de los países que peor lo están pasando y ha sido testigo del impacto de la recesión. Su libro 'Europa a la deriva', que ahora publica Alianza Editorial, es en el fondo un largo reportaje que explica por qué la crisis se vive de forma diferente en Berlín, Madrid, Roma o Atenas.

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¿Ha encontrado en sus viajes por el sur de Europa un sentimiento común entre los ciudadanos de estos países?

Hay similitudes y diferencias. El alcance del dolor en Grecia tiene una dimensión diferente a la de otros países como Esaña e Italia. Hay partes de Atenas, si vas por la noche, que ya no parecen una ciudad europea. No es el caso en España. Si hay similitudes, las encuentras en que hay un gran temor ante un futuro lleno de incertidumbres, en especial entre los jóvenes, y una gran desconfianza hacia los políticos tradicionales. El ascenso de partidos antiestablishment viene porque se ha roto la confianza en los políticos. Quizá la gente no salga todos los días a la calle a protestar pero no es porque confíen en los políticos, sino porque no saben de qué les servirá protestar. Esa desconfianza está muy extendida en Italia, en cierto sentido también en España, en Grecia desde luego, y también en Portugal. Mucha gente sabe que cuando acabe la crisis, Europa será diferente. Europa podría evolucionar hacia una mayor integración, pero también las democracias del bienestar que conocemos pueden cambiar. En el libro cito esa frase de Merkel sobre Europa, que dice que es el 7% de la población mundial, el 25% de la economía mundial, pero también el 50% del gasto social, y eso supone un gran desafio en la crisis actual. Va a ser un periodo muy doloroso de ajustes.

Es cierto, pero los medios anglosajones llevan 10 y 15 años diciendo que lo que se llama el modelo francés no tiene futuro. Hasta ahora no han acertado.

Sí, lo sé, y sé que muchos políticos alemanes les dicen a los políticos franceses que España va por delante de vosotros porque está asumiendo esos cambios dolorosos y os estáis quedando atrás, y todo eso es parte de la presión que Alemania está ejerciendo sobre Francia. Desde luego, esos cambios que se están produciendo en países como España, y que vienen por la presión de Bruselas y Berlín, son una apuesta. No está garantizado que esos cambios estructurales funcionen a corto plazo. Nunca ha pasado antes que esos cambios, como las reformas laborales, se hayan puesto en práctica en una época de recesión, como ha dejado claro recientemente el FMI cuando ha reconocido que no previó el impacto que podían tener en una economía como la griega. Hay mucha gente que no tiene claro si funcionará la medicina que están tomando países como España, Grecia, Italia o Portugal. En algunas conversaciones con dirigentes de alto nivel, detecto un cierto nivel de ansiedad sobre si habrá realmente resultados.

Cuenta en su libro que los españoles son buenos a la hora de seguir viviendo y esconder la crítica situación económica. ¿Lo ve como una forma de negar la realidad?

Es parte del instinto de supervivencia. Creo que España es muy diferente a Grecia. Como he estado muchas veces en ambos países, creo que es un error compararlos. En Atenas ves que la sociedad se ha hundido. España ha preservado un cierto sentido de... iba a llamarlo civilización, digamos que sus ciudades han impedido caer en cierto nivel de decadencia. Cuando hablo con amigos españoles, veo que muchos han hecho ajustes (con su economía), menos comer fuera, menos vacaciones... pero aún tienen intactas sus vidas. Hay una determinación por seguir viviendo y no dejarse hundir por la crisis.

Hay una frase que ha escuchado en Irlanda, "pensábamos que éramos ricos". ¿Toda esta crisis de la eurozona tiene que ver con pagar por los pecados del pasado?

Hablé con un embajador irlandés al que pregunté ¿por qué no han salido los irlandeses a la calle a protestar? Por una palabra, dijo, remordimiento. Nunca nos creímos que la economía del tigre celta tuviera bases sólidas, dijo. Durante un tiempo el boom en España fue extraordinario, se creó más empleo que cualquier lugar de Europa. Eso transformó a la sociedad en muchos sentidos. No estoy seguro de que haya remordimientos en España pero sí se aprecia que la gente pensaba que no podías seguir viviendo así en el futuro. Creo que se puede decir que en el pasado España era bastante conservadora en cuanto al uso del dinero, y de repente en torno a 2003 y 2004 todo el mundo empezó a gastar, y después de este shock, estoy seguro de que los españoles serán más precavidos en eso.

El Gobierno usa ese argumento para convencer a la gente de que no hay alternativa.

Está claro que antes se cometieron errores, y uno de ellos tiene que ver directamente con el euro. Si había dinero fácil en España es porque nunca antes los tipos de interés estuvieron tan bajos. Uno de los problemas para el futuro es ver cómo tipos de interés adecuados para Alemania pueden funcionar en otros sitios como España.

Habrá oído muchas veces en sus viajes a ciudadanos quejarse de que es una vergüenza que la UE siempre tenga dinero para salvar a los bancos, pero no para promover el crecimiento.

Es algo que he oído en las calles de Madrid, Atenas o Roma. La gente corriente pregunta por qué estamos gastando todo este dinero para salvar a los bancos. No se sienten responsables de la crisis, la achacan a las finanzas internacionales o los gobiernos avariciosos. Existe esa idea de que los bancos están siendo protegidos. Lo cierto es que aún no estoy seguro de que los bancos estén realmente saneados, si aún hay problemas ocultos. Lo que Europa está intentando hacer ahora es que los problemas de los bancos no caigan sobre los hombros de los gobiernos y los contribuyentes. Pero no hemos llegado aún a ese punto. Hay todavía puntos débiles en los bancos. En muchos sitios, como Italia, los bancos se muestran aún muy reticentes a prestar dinero, y eso es porque aún no saben si sobrevivirán. Sospecho que ocurre lo mismo en España, nadie se cree que todo se haya solucionado.

Si esto fuera solo un problema político o económico, ya sería bastante difícil encontrar una solución, pero si resulta que es también social o moral, puede ser imposible. ¿Cómo se puede hacer que alemanes y españoles tengan la misma mentalidad para afrontar los grandes problemas económicos?

Nunca debemos subestimar las diferencias culturales. La cultura se desarrolla en años o siglos al formar una nación. La historia ha dado a Alemania lecciones diferentes a las de otros países. Una de las cosas que cuento en el libro es que si vas al museo de historia en Berlín, ves que tienen expuesto un billete de 1.000 millones de marcos de 1923, cuando su economía fue destruida por la inflación. En Alemania consideran muy peligrosa esa mentalidad de dinero fácil. Otros países no han pasado por esa experiencia. Alemania está convencida de que sólo una economía sólida puede funcionar. Pero otros países dicen que Alemania está intentando remodelar Europa en su propia imagen. Como dice, lo que en Alemania se considera una virtud quizá se vea de forma diferente en Roma, y eso es parte de la tensión.

¿Quién representa a la auténtica Alemania? ¿Angela Merkel o el Bild Zeitung? (el periódico sensacionalista, el más leído del país, que denuncia que los países del sur de Europa tienen el castigo que se merecen).

Ambos en cierto modo. El Bild proporciona un vehículo para cosas que los alemanes sienten de forma apasionada. No quieren que Alemania sea el pagador del resto de Europa. Pero creo que la diferencia es que Merkel ve que su legado estará condicionado por el final de la crisis de la eurozona. Lo cree por completo. Cree que su Gobierno se verá como un fracaso si todo termina bajo su mando en una ruptura del euro. El Bild refleja el dilema de Alemania. De momento la clase política alemana cuenta con el apoyo del país, pero no deberíamos subestimar las tensiones internas. Es cierto que muchos de los titulares del Bild sobre Grecia podían ser bastante sorprendentes u ofensivos, pero es lo que pensaban los alemanes entonces.

Sobre toda esa idea de los europeos perezosos del sur. ¿La ha escuchado en sus conversaciones con dirigentes alemanes?

Sí, ha aparecido en algunas conversaciones, pero Merkel ya ha dicho que es ridículo, hay también alemanes perezosos y británicos y italianos. Hubo esa época en torno a 2010 cuando aparecían artículos en los periódicos sobre quién era perezoso, esos estereotipos. Creo que eso ha quedado ya un poco lejos pero a veces aparece en declaraciones, pero no se puede culpar de eso a Merkel. Le he oído decir lo contrario. Respeta los pasos difíciles que ha dado España, creo que los respeta mucho más que lo que ha hecho Francia.

No digo que Alemania no tenga razón al denunciar ciertos excesos de gasto como los aeropuertos en España o el alto nivel de evasión fiscal en Italia.

Todos sabemos que no es una buena idea construir aeropuertos donde no aterrizan aviones, y en Alemania eso se ve como algo incomprensible. Pero Alemania también ha tenido problemas con algunos grandes proyectos de infraestructuras. Y también en España hay mucha gente que reconoce que ciertos niveles de gasto fueron una locura.

En el libro visita Ypres, escenario de una de las más terribles batallas de la Primera Guerra Mundial. ¿Es dramatizar en exceso recordar esas lecciones de historia sobre lo que puede pasar si fracasa el proyecto europeo?

Creo que Europa está buscando una razón para su existencia. Al principio, tras la Segunda Guerra Mundial era obvio. Francia y Alemania unieron sus industrias para que en el futuro la guerra fuera algo imposible. Fue un éxito. Luego vino la amenaza del comunismo, y Europa se convirtió en un ejemplo de democracia para los países de Europa del Este. Y ahora Europa busca un nuevo relato en un mundo globalmente más integrado. Al final, el único relato que funcionará será el de una Europa que ofrezca seguridad, empleos y crecimiento.

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