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“Hay mucha migración”, se excusa detrás de una mascarilla azul un joven agente de la Policía Nacional francesa que vigila el puente internacional de Santiago, uno de los pasos fronterizos entre España y Francia en la zona de Irún-Hendaya. Los controles son permanentes –en realidad lo vienen siendo desde al menos 2015 aunque el espacio Schengen eliminara las fronteras internas en Europa– y el incremento registrado en los últimos días de los flujos migratorios procedentes de las fronteras del sur, en este caso de Canarias, ha vuelto a generar un tapón en el norte. Es la enésima vez que cientos de jóvenes originarios de Malí, Guinea-Conacry o Gambia se quedan bloqueados en la puerta del Hexágono. Y quienes consiguen pasar en ocasiones son arrestados en puntos incluso en Burdeos (a 217 kilómetros de Hendaya). “Sigue habiendo devoluciones en caliente”, coinciden desde Irungo Harrera Sarea, la red ciudadana de acogida a migrantes, y fuentes de la Policía Nacional española.

El muro invisible entre España y Francia: devoluciones en caliente en plena Europa

El muro invisible entre España y Francia: devoluciones en caliente en plena Europa

Ousainou Chorr tiene 20 años y es natural de Gambia. Son las diez de la mañana del viernes y, bajo la capucha de un abrigo rojo, mata el rato consultando Facebook en un banco junto a la estación del Topo del recinto ferial Ficoba, a una sola parada de Francia y a menos de 100 metros a pie del destino. Su mascarilla está medio rota. Ha cruzado ya las fronteras de Gambia a Senegal, de allí a Mauritania y luego a Argelia y Marruecos. Acabó en Canarias y, en un nuevo salto, en la Península apareció en Huelva para seguir subiendo por Sevilla, Madrid y, al fin, Irún. Pero aquí no ha podido con la burocracia. Cerca del banco, unas vallas y un cartel metálico le recuerdan en tres idiomas un rotundo mensaje: “Paso peatonal cerrado en Francia”. Él mismo señala el control policial en el puente de Santiago, donde la Citroën de la Policía Nacional es ya parte del paisaje junto a una pequeña carpa para hacer más cómodo el trabajo de vigilancia. Son las paradojas de un fin de semana de gran movilidad interior en Euskadi, que estrena medidas más laxas contra la pandemia.

Este joven no es el único en esa zona. Todos ellos calibran sus opciones para cruzar. Les desanima que la patrulla revise todas y cada una de las furgonetas que pasan a Hendaya mientras, con total naturalidad, ciudadanos del otro lado pasan la muga con una 'baguette' o con el carrito del niño. Fuentes de la Policía Nacional española indican que Francia ha pedido a España más presencia en su lado de la frontera para mostrar una imagen “disuasoria”, pero por el momento no es perceptible. Estas voces alertan de que el Gobierno de Emmanuel Macron lleva años “saltándose los protocolos” internacionales y aplicando un cerrojazo en pleno marco de libre circulación. El Elíseo mira ya a las elecciones presidenciales de 2022, con la ultraderecha pisando los talones a En Marche. El exsocialista Manuel Valls también aplicó mano dura con la política migratoria frente a los Le Pen.

En Irungo Harrera Sarrera aseguran que existe para los migrantes en tránsito “un triple filtro” en estos momentos. Hay seguridad antiterrorista –por temor al yihadismo Francia endureció los controles desde 2015, el año de los atentados de 'Charlie Hebdo'–, hay controles migratorios específicos y, además, hay restricciones sanitarias por la COVID-19. Al otro lado el toque de queda es a las seis de la tarde, mientras que en Euskadi es a las diez de la noche. “Estas personas están en situación de máxima vulnerabilidad y sufren abusos de todo tipo”, explican desde esta organización, que lleva años apoyando a los recién llegados con información y hasta con unas marcas en el suelo para indicar el camino hasta el albergue del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, gestionado por la Cruz Roja en el antiguo concesionario de Opel.

La frontera norte ha vuelto a la primera línea porque el pasado fin de semana el Gobierno vasco activó el plan de contingencia por el incremento de las llegadas a la zona, principalmente desde Canarias. “Hay alguna organización institucional que permite esa movilidad”, manifestó el portavoz del Ejecutivo de Iñigo Urkullu, Bingen Zupiria. Las autoridades insulares no tardaron en denunciar lo “desafortunadas” de las palabras de Zupiria. En una entrevista realizada en la propia zona, el director de Migración y Asilo del Gobierno autonómico, Xabier Legarreta, prefiere centrar las prioridades en procurar la “atención humanitaria”. “No tenemos datos de lo que pueda llegar, pero nosotros ante cualquier escenario queremos estar preparados. Nosotros hemos empezado a trabajar”, señala. La base de datos compartida de Cruz Roja confirma que la gran mayoría de jóvenes –casi todos son varones, aunque también llega alguna mujer con hijos pequeños a su cargo– habían sido atendidos también en Canarias.

Ousainnou cuenta que la última noche la ha pasado en la calle después de haber agotado su máximo de estancia en Cruz Roja. El Gobierno, en cambio, insiste en que hay margen para atender a todo el que lo requiera y ser “flexibles” con los plazos porque no hay ni mucho menos un colapso en la comarca del Bidasoa. Hace tres veranos, sin embargo, decenas de personas sí se hacinaban cada noche en un cobertizo de la estación de ferrocarril y autobuses. El dispositivo de acogida activado en los últimos días tiene en funcionamiento tres albergues. Las propias restricciones de aforos motivadas por la COVID-19 obligan a reducir las plazas en cada uno de ellos y prever más alternativas. El principal es el de Cruz Roja en el antiguo concesionario. En su entrada, decenas de jóvenes comparten con el periodista en francés su preocupación por los numerosos controles policiales. También está operativo el albergue de peregrinos en Irún y el de la vecina Hondarribia.

“Hondarribia está aquí al lado, pero hay que hacer un trabajo de pedagogía. Ellos vienen con una especie de obsesión de llegar a Irún. Irún-muga-Europa. Y todo lo que no sea Irún, para ellos es un paso atrás. Hay que explicarles que siempre es mejor eso a quedarse en la calle”, explica Legarreta. También Hondarribia tiene un punto de entrada a Francia, un barco turístico que cruza la bahía del Txingudi hasta Hendaya. En realidad, también hay alternativas por otros puntos. Pero Catalunya nunca ha tenido ese mismo flujo de migrantes en tránsito. La Policía Nacional ha desarticulado en varias ocasiones organizaciones que tenían implantando todo un sistema para canalizar las entradas por Irún. Hace un par de veranos, la estación intermedia era Bilbao, donde también había grupos organizados. Legarreta afirma que ahora vienen directamente desde Madrid o desde el sur sin pasar por Bizkaia. No obstante, hay alrededor de 150 plazas de acogida en Bilbao por si fueran necesarias. El Gobierno vasco ha derivado de Tolosa a Oñati a los ocupantes de otro recurso asistencial y habría más plazas disponibles en Donostia e incluso en el colegio Pío Baroja de Irún durante las vacaciones de Semana Santa.

En datos, del jueves al viernes, 48 personas fueron atendidas en los recursos habilitados, 77 del viernes al sábado y 60 del sábado al domingo. Se les ofrecen comidas y cenas. Hay rotación, ya que la mayoría no repiten de un día para otro. Eso supone que tras uno, dos y hasta cinco intentos hay quien consigue entrar en Francia. “Cuando algo está prohibido siempre buscas la forma de cumplir tu objetivo, ¿no?”, señalan desde Irungo Harrera Sarea. A Ousainnou le espera familia en Marsella. Si llegara a cruzar, podría ver el control desde el otro lado junto a un cartel publicitario: “Mondialisons la solidarité, pas la misère”.

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