La Policía de Francia mantiene los controles de frontera en Irún para impedir el paso de migrantes en tránsito

Dos furgonetas del CRS de la Policía Nacional de Francia, este miércoles en la frontera de Irún con Hendaya

La Policía Nacional francesa mantiene este verano, como ya es costumbre desde hace un lustro, férreos controles en la frontera con España en la zona de Irún-Hendaya. Esta semana, el muro policial se ha traducido en dos furgonetas de las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS por sus siglas en francés, el equivalente a la Brigada Móvil de la Ertzaintza o la UIP de la Policía Nacional española) reforzando los puntos de paso del puente de Santiago y de Behobia, en los que ya se han instalado de manera permanente garitas, a pesar de ser un punto de libre circulación entre países de la Unión Europea dentro del espacio Schengen. Hay también controles en la autopista de peaje (Biriatou) o en la estación del 'topo', el tren transfronterizo. La ONG local Irungo Harrera Sarea, que atiende a migrantes en tránsito, insiste en que son controles selectivos y “racistas”, ya que en nada afectan a los españoles que cruzan o a los miles de franceses que buscan tabaco, alcohol o gasolina a mejor precio a este lado de la muga, más allá de un pequeño retraso de tráfico. Pero sí impiden el paso a extracomunitarios procedentes de la frontera sur de Europa, con devoluciones en caliente que continúan.

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Esta política ha generado dos efectos en la comarca. Por un lado, han aflorado las mafias que buscan hacer negocio con el deseo de los migrantes de proseguir su ruta por Europa y ya han sido varias las operaciones conocidas contra personas con se lucraban haciendo de 'pasantes'. Y, por otro, no pocas personas exploran rutas alternativas más peligrosas. En los últimos años, cinco jóvenes africanos han fallecidos en aguas del río Bidasoa, que es la separación natural entre Francia y España, en un caso incluso en Endarlatsa, ya en Navarra. Es una distancia corta entre ambas orillas, pero las aguas tienen fuertes corrientes y temperaturas frías buena parte del año. El último caso fue en junio. Irungo Harrera Sarea indica que, esta misma semana, un joven ha acabado con importantes lesiones hasta el punto de haber tenido que ser hospitalizado al usar un punto de paso peligroso para llegar a Francia.

Este periódico ha conocido también el caso de un matrimonio de excursionistas peruanos que formaban parte de un grupo de personas mayores de Vitoria, donde residen temporalmente con su hija, que quisieron entrar a Francia hace unas semanas. A las autoridades no les fue suficiente la exhibición de una fotografía del pasaporte en regla en el móvil -su país tiene convenio para no precisar visado- y, aunque se trataba de un viaje organizado de menos de un día a San Juan de Luz, a muy pocos kilómetros de Irún, y con la vuelta perfectamente tasada, los hicieron bajarse del autobús y les señalaron que debían caminar hasta territorio español sin poder continuar el viaje. La mujer denuncia que fue empujada por los uniformados, a los que no comprendía. Finalmente, fueron trasladados en un coche policial hasta el otro lado de la frontera.

Aseguran no haber recibido ningún documento cuando el convenio vigente para las denominadas eufemísticamente 'no admisiones' obliga a Francia a comunicar a España la devolución, a rellenar un formulario y a no ejecutarla hasta tener luz verde de la Policía Nacional francesa. Oenegés de ambos países y la propia Policía Nacional española se han quejado de que las devoluciones se practican en caliente y sin ningún formalismo.

En la zona de Hilanderas de Irún, en un antiguo concesionario de Opel, el Estado dispone de un albergue para atender estancias temporales de migrantes en tránsito. Está operado por Cruz Roja y recibe también el apoyo del Gobierno vasco. Según el área de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales del Ejecutivo autonómico, “de enero a la primera semana de agosto han utilizado el recurso de Hilanderas aproximadamente unas 4.500 personas migrantes en tránsito”. “Son cifras más o menos similares a las del año pasado”, abundan estas fuentes, que recuerdan que al cierre de 2021 se elevó a 8.100 el número de personas atendidas, unas 22 de media al día. Eso sí, en lo que va de año no se han tenido que habilitar las medidas especiales contempladas en el plan de contingencia en ningún momento ya que el flujo ha sido regular, sin picos de mayores llegadas. Es algo en lo que coincide el análisis del Ayuntamiento de Irún.

“Gente siempre hay”, apuntan desde Irungo Harrera Sarea (red ciudadana de acogida de Irún), que ofrece asesoramiento a las personas que llegan y facilita el acceso al recurso de Hilanderas en su caso. En todo caso, el registro estadístico de Hilanderas no refleja el conjunto del fenómeno migratorio, ya que no todos los que intentan cruzar pasan por los albergues oficiales. “A pesar de no tener competencia, [las instituciones vascas] han tenido que reaccionar y afrontar una respuesta humanitaria adecuada y digna a todas las personas que llegaban a Irún”, ha explicado en Euskadi el director autonómico de Migraciones y Asilo, Xabier Legarreta, quien también define como “control racista” la actuación de la Policía Nacional de Francia. “Estos controles selectivos y racistas provocan que las personas que quieren cruzar la muga utilicen rutas menos seguras, arriesguen más su vida y, en ocasiones, nos encontramos con personas que fallecen en ese intento de pasar la frontera”, entiende Legarreta, quien también dice ser “consciente” de la presencia de “mafias que hacen negocio de este drama”.

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