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ENTREVISTA
Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas para Palestina

Francesca Albanese: “Las democracias liberales se dirigen hacia el modelo israelí, con vigilancia, control y exclusión”

La relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese

Olga Rodríguez

7 de febrero de 2026 22:03 h

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La relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, lleva dos años denunciando que Israel comete un genocidio en Gaza y que el Gobierno israelí somete a la población palestina de Cisjordania y de Jerusalén Este a “un régimen de apartheid”. Sus investigaciones e informes, ceñidos al cumplimiento del derecho internacional, son claros en este sentido. 

Las denuncias de Albanese han acaparado titulares y portadas en la prensa internacional y han ofrecido datos precisos sobre el modus operandi del Ejército de Israel. La relatora también señala la complicidad con el genocidio israelí de grandes empresas y numerosos Estados “que incumplen sus obligaciones”.

Acaba de publicar un nuevo libro que ahora llega a España: “Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina” (Galaxia Gutenberg), una obra muy amena que contiene claves para entender cómo el pueblo palestino “ha sido ilegalmente ocupado, violentado y arrasado”. De ello conversa con elDiario.es en esta entrevista. 

En su libro usted escribe que “el sistema que oprime a los palestinos es una alianza consolidada entre Israel y muchos otros países”, y que ese es el sistema al que pertenecemos las sociedades occidentales.

Sí. Quizá para personas que siempre han pensado que lo que pasa entre Israel y los palestinos es un conflicto étnico o de religiones, sea difícil de apreciar. Pero lo cierto es que Israel es un proyecto colonial de asentamiento, y así puede comprobarse analizando su comportamiento. 

Israel mantiene un régimen de apartheid en los territorios ocupados palestinos, donde aplica ley militar a los palestinos y ley civil a la población israelí que ocupa esas tierras.

¿En qué se concreta ese proyecto colonial de asentamiento? 

Israel avanza en la apropiación de la tierra y de los recursos que pertenecen a los palestinos. El derecho internacional es claro, pero Israel sigue devorando territorio, demoliendo casas, arrestando, deteniendo y matando palestinos. Ha podido hacerlo con total impunidad porque hay un sistema que lo sostiene, y ese sistema es doble. 

Por un lado, hay complicidad de muchos Estados, que han seguido en gran medida comerciando e intercambiando bienes. Mire la Unión Europea, primer socio comercial de Israel. O los países que mantienen comercio bilateral con Tel Aviv. Por otro lado, están las relaciones militares. Israel produce tecnología de guerra que ha sido experimentada y probada sobre los palestinos. Esa tecnología es muy deseada, muchos países corren a conseguir los últimos productos israelíes de vigilancia y control de la población. 

También está el plano diplomático: Israel sigue sin ser expulsado, pese a los crímenes cometidos a lo largo de los años. Sigue disfrutando de un trato normal en el ámbito internacional, en Naciones Unidas, en la UEFA, en la FIFA, etc. Incluso desde el punto de vista del discurso, Israel sigue estando casi normalizado en gran parte de Occidente. 

El sistema que oprime a los palestinos es una alianza consolidada entre Israel y muchos países, y los occidentales pertenecemos a ese sistema: por eso Israel sigue disfrutando de un trato normal en el escenario internacional

¿Por qué esta deferencia? 

Porque hay un sistema de intereses financieros, económicos y de tecnología militar que hacen de Israel algo muy valioso, no solo para la economía mundial, sino para un modelo económico en auge impulsado por la seguridad.

Estamos viviendo un proceso progresivo de israelización del espacio público, porque Israel representa un modelo para las democracias liberales: un modelo de democracia donde unos pocos pueden votar, sí, pero la mayoría no solo no vota, sino que está privada de derechos. Y este es también el modelo de democracia hacia el que se dirigen las democracias liberales, en las que hay pobres, migrantes, comunidades desposeídas que forman parte de nuestras democracias pero que no pueden disfrutar de esos derechos.  

Vivimos en un sistema gobernado por intereses financieros y capitalistas que dominan a los Estados y determinan nuestras vidas. Formamos parte de ello, Israel es parte de ello, el imperialismo estadounidense, nosotros en Europa también.

El último libro de la relatora de la ONU, recién publicado en España, por la editorial Galaxia Gutenberg

Ante las sanciones de EEUU contra mí necesito un Estado que me garantice mi derecho a acceder a mi cuenta, que asuma la responsabilidad de decir a los bancos: ‘Nosotros respondemos por ella’

En el libro usted escribe que “la indiferencia es un monstruo. ¿Qué sentido tiene ver si no actuamos?” Ante ello, destaca la importancia de las redes internacionales de solidaridad y acción. 

La buena noticia es que ese despertar global que empuja a la acción ya está produciéndose. Por ejemplo, en España. No lo digo porque hable a un público español en esta entrevista. Lo digo por cómo se comporta el Gobierno español. No creo que lo haga porque sea particularmente excepcional, sino porque hay un pueblo excepcional. 

Quizá España no ha tenido las mayores protestas del mundo, pero está clarísimo lo que piensa su gente y cómo ve lo que pasa en Palestina. Hay una madurez en la población española que se refleja en la existencia de un periodismo libre, por ejemplo. Esto no tiene precio. Lo sé porque vengo de un país –Italia– donde ya no hay apenas prensa libre: todo está vinculado al régimen. 

En España vemos que hay universidades que usan su libertad académica para romper lazos con Israel, municipios que deciden romper relaciones, etc. Es toda una sociedad. Y, por suerte para vosotros, habéis tenido instituciones que acompañan este proceso. Esto también se refleja en otros ámbitos de la vida, como en la medida de regularización para personas migrantes.

En otros países de Europa está ocurriendo lo contrario. En Italia, Alemania o Francia se recortan espacios de libertad académica y de protesta cada vez que hay manifestaciones de solidaridad con el pueblo palestino. 

Vivimos un proceso de 'israelización' del espacio público, con un sistema de control en el que mucha gente no puede votar ni gozar de derechos 

Usted habla de un ‘sistema global de complicidad con la profunda injusticia en Palestina’ y de cómo nos afecta 

Hay injusticias que sufren los palestinos que reverberan en nuestro propio espacio de vida. Por eso la interseccionalidad de las luchas ahora tiene más sentido. Mucha gente ha entendido que la defensa del derecho a la vivienda y a la igualdad, por ejemplo, está conectada con la defensa de los derechos de la población palestina.

Es lo que llamo el “efecto Palestina”. Vivimos un tiempo horrible, pero sabemos que hay una grieta, una crisis ante la que tenemos que actuar, unidos.

Desde el presunto ‘alto el fuego’, anunciado en octubre, el Ejército israelí ha matado a más de 500 personas en Gaza. ¿Está bajando la presión internacional debido a ese ‘alto el fuego’?

Por parte de la gente no hay menos presión ni menos conciencia. Por un lado, Estados Unidos actúa con un liderazgo y una brutalidad hacia los palestinos que nunca había tenido. No es nuevo, pero ahora es más descarado y evidente que nunca. 

Washington quiere zanjar la cuestión palestina para siempre. ¿Por qué? Porque los palestinos, con su resistencia, con su insistencia en querer y desear ser libres, encarnan una idea que va contra este ultracapitalismo sin límites. Son una espina en el costado para todo el sistema, porque lo que hacen los palestinos corre el riesgo de ser contagioso. 

Por eso Estados Unidos ha ido tan lejos. Lo que EEUU e Israel están haciendo es contrainsurgencia. En los estudios coloniales, esto sería una pedagogía colonial de la contrainsurgencia. Esto se refleja en lo que ocurre entre los aliados de Estados Unidos: apuestan por securitizar el mundo, normalizando la idea de que la guerra es un estado natural. Esta es una tendencia. 

Francesca Albanese

Los países aliados de EEUU apuestan por la securitización y la normalización de la idea de la guerra como estado natural

La otra tendencia procede de un mundo que quiere paz, una paz basada en el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos, que deben ser la lente con la que miramos el mundo. 

La razón por la que el poder —con P mayúscula, es decir, una minoría muy rica y poderosa, los gobiernos occidentales, pero también algunos líderes árabes plenamente alineados con ellos– empuja para mantener el sistema orientado a la guerra y a la seguridad, es precisamente esa. Tenemos que empujar en sentido contrario.

Hay sanciones de EEUU contra usted y varios jueces y fiscales del Tribunal Penal Internacional. Uno de esos jueces, el francés Nicolas Guillou, ha dicho que la Unión Europea podría activar su mecanismo de bloqueo para limitar los efectos de esas sanciones, que implican no poder acceder a sus cuentas bancarias. ¿Cómo le están afectando estas sanciones?

En los últimos siete meses no he podido acceder a mi cuenta bancaria, a mis ingresos, porque ningún banco en el mundo puede ayudarme. Necesito que un Estado me garantice ese derecho, que asuma la responsabilidad de decir a los bancos: “Nosotros respondemos por ella”.

Basta con que un país haga lo correcto para frenar estos abusos. ¿Por qué tengo que ser tratada como una terrorista, como una narcotraficante, siendo además una persona de la ONU? 

La gente se une para ayudarse mutuamente y, cuanto más lo haga, más podremos cambiar este sistema injusto. Por eso digo que el caso palestino es tan revelador. Se trata de resistir ante un sistema opresivo. Ione Belarra dijo una vez algo que he repetido a menudo: “Nunca saldremos de este genocidio de la misma manera en que entramos”. 

Eso significa que, o salimos mucho mejores y ponemos fin a todas las prácticas que han permitido esta situación, o será mucho peor, y el mundo será mucho más feo para todos nosotros.

Con su resistencia e insistencia en querer ser libres, los palestinos encarnan una idea que va contra este ultracapitalismo sin límites 

El plan de Donald Trump para Gaza fue aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué supone esto?

Como dijo hace poco un parlamentario italiano, esto supone que hemos pasado del inmovilismo occidental al “inmobili-arismo”. Es decir, de no hacer nada a hacer negocios inmobiliarios en el escenario de crímenes masivos, a costa del genocidio. 

¿Se imagina que en Camboya o Bosnia-Herzegovina o la Alemania nazi o Polonia se convirtieran en lugares de negocio violento y voraz, extrayendo beneficio mientras la población sigue muriendo por bombardeos, por disparos de francotiradores, o por hipotermia, como sigue ocurriendo en Gaza? 

Este plan es el epítome de la decadencia de nuestro mundo actual. Y eso, en cierta medida, también pertenece a la ONU. Cuando estudiamos la carrera de Derecho, en el primer año, aprendemos que hay una diferencia entre “lo justo porque es ley” y “la ley porque es justo”.

Francesca Albanese, en una protesta en Roma contra el genocidio israelí, la economía de guerra y los recortes sociales, el pasado diciembre

En su libro dice que es importante usar la palabra apartheid y también dedica espacio a explicar el movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones).

Apartheid no es un eslogan ni un término ideológico. Es un concepto jurídico que significa la institucionalización de la segregación racial. Es un sistema de dominación racial de un grupo sobre otro mediante actos inhumanos con la intención de mantener esa dominación. El apartheid es un crimen contra la humanidad que conlleva responsabilidad del Estado, según la Convención contra el Apartheid y responsabilidad individual, según el Estatuto de Roma.

El crimen de apartheid se manifiesta cuando hay una división institucionalizada de regímenes jurídicos, por ejemplo. Esto ocurre en el territorio palestino ocupado, donde Israel aplica órdenes militares, revisadas en tribunales militares. No hay acceso real a la justicia para los palestinos allí. 

A ello se suman los colonos, ese 10 % de la población israelí judía que ocupa el territorio palestino. Están por encima de la ley, porque a ellos no se les aplica la misma ley que a los palestinos y, además, violan la ley: aterrorizando, destruyendo propiedad privada, medios de vida, golpeando y matando.  

Si se lo hicieran a un judío israelí, irían a la cárcel. Si se lo hacen a los palestinos, gozan de impunidad. Por eso digo que el genocidio no está solo en Gaza. Hay una destrucción intencional del pueblo como tal. Es una política de Estado.

Con el plan de Trump para Gaza pasamos del inmovilismo occidental al “inmobili-arismo”: de no hacer nada, a hacer negocios inmobiliarios en el escenario de crímenes masivos

¿Cómo puede el movimiento de solidaridad con Palestina ayudar a frenar estas dinámicas en todo el mundo?

Los ciudadanos comunes no deberían cargar con el peso de los Estados miembros, porque son los Estados los que tienen la obligación de prevenir y detener más actos de genocidio, el apartheid y otros crímenes contra la humanidad. 

Podríamos escribir una enciclopedia de cómo Israel ha puesto el derecho internacional patas arriba solo en estos dos últimos años, con sus crímenes, incluida la tortura contra los palestinos. Por eso tenemos que crear las condiciones para que la justicia prevalezca. 

A nivel individual, cada persona tiene un papel que desempeñar. Por eso el movimiento BDS –Boicot, Desinversión y Sanciones– es tan importante. Porque es una gramática de acción que activa el poder en cada uno de nosotros. Podemos elegir si apoyamos la ocupación ilegal o no a través de nuestras propias acciones.

¿Por ejemplo? 

A través de lo que compramos. Por eso animo a todo el mundo a boicotear a las empresas que se benefician de la ocupación israelí y del genocidio, como Booking.com o Airbnb. Estas empresas deben dejar de invertir en la ocupación y prescindir de los beneficios que obtienen en el contexto de un genocidio.

Pero también el boicot y la desinversión deben afectar a los institutos de investigación y a las universidades. En España hay una red de unas 40 universidades que han roto lazos con universidades israelíes.

Pero el programa Horizon de la Unión Europea continúa. Empresas israelíes de tecnología digital, de vigilancia y militar reciben fondos a través de ese programa. Esto es inaceptable.

Y, por supuesto, los Estados deben imponer sanciones a través del Consejo de Seguridad de la ONU y, si no funciona, a través de la Asamblea General o individualmente. Los países deben romper lazos con Israel, las empresas deben desinvertir y los individuos deben boicotear.

Quiero terminar esta entrevista diciendo que sí, somos frágiles, como las alas de las mariposas. Pero si las alas de las mariposas empiezan a batir todas juntas, pueden provocar una tormenta. Y esa es la tormenta que necesitamos: una tormenta que se llama justicia.

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