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Las primarias ensanchan la brecha abierta en el PP de Madrid tras la dimisión de Cifuentes

La eliminación de Cospedal en primera vuelta multiplica la distancia abierta entre Gobierno y el partido tras intervenir Génova la cúpula regional

Fuentes del PP admiten que la división llega al comité de dirección: "Cada uno sabemos de quiénes somos. Es mejor dejarlo estar hasta dentro de dos semanas"

El Ejecutivo de Garrido se posicionó con Cospedal y ahora se acerca a Santamaría; cargos destacados del partido apoyan a Casado, el más votado en Madrid

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Reunión del Comité de Dirección del PP de Madrid. / PP de Madrid

Reunión del Comité de Dirección del PP de Madrid. / PP de Madrid

"Cada uno sabemos de quiénes somos. Mejor dejarlo estar hasta dentro de dos semanas". Un alto cargo del PP de Madrid habla así del ambiente que se respira en el comité de dirección regional, reunido este lunes por primera vez desde que empezó el proceso de primarias para elegir al sucesor de Mariano Rajoy.

Sentados alrededor de la misma mesa estaban el presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, lanzado a respaldar a Cospedal desde el principio y ahora, con la secretaria general fuera de juego, más cercano a Soraya Sáenz de Santamaría; consejeros del Ejecutivo regional alineados con el jefe –Carlos Izquierdo o Pedro Rollán– y altos cargos orgánicos, como Isabel Díaz-Ayuso o Ana Camins, a favor de Pablo Casado y de mantener la competición hasta el final. De esta opinión también es el portavoz del PP en la Asamblea de Madrid, Enrique Ossorio.

La fractura ha obligado a internvenir al presidente del partido –colocado por Génova tras la salida de Cifuentes– quien tuvo que salir a pedir expresamente a todos "neutralidad" desde los cargos que ostentan. Pío García-Escudero ya había llamado la atención al propio presidente regional, Ángel Garrido, cuando se mostró sin disimulo de parte de Cospedal y ahora el jefe del Ejecutivo opera con más cautela. Es partidario de una candidatura de unidad y eso le coloca, de primeras, del lado de Soraya Sáenz de Santamaría. En todo caso, aseguran fuentes próximas al jefe del Ejecutivo, "irá a actos de Casado y escuchará a ambos candidatos". 

Una apuesta fallida por Cospedal

La eliminación de la secretaria general en la primera vuelta ha pillado por sorpresa a muchos, que ahora se quedan descolgados en la carrera. La apuesta fallida de Garrido por Cospedal –de la que dice no arrepentirse, según fuentes próximas al presidente– haría pensar que su apoyo se trasladaría a Pablo Casado, habida cuenta de la enemistad entre las que fueron las mujeres más poderosas del PP. Pero no sucederá así. Fuentes de la Puerta del Sol no comulgan con la estrategia de Casado de "embarrar" el proceso con acusaciones de presiones que han  señalado incluso al mismo presidente, según publicó la Cadena Ser

Además, la apuesta del Gobierno por Cospedal casa mal con un dato irrefutable: la secretaria general ha sido la candidata menos votada por los militantes en la Comunidad de Madrid. Solo cosechó un 19,4% de los votos, según los datos oficiales difundidos por el partido regional, frente al 56,7% que logró Pablo Casado en la región. El joven candidato también arrasó en la capital, con el 54,4% de las papeletas. Estos números le dan, según los cargos más próximos a su candidatura, la legitimidad para continuar en solitario: "Aquí ha ganado por mayoría absoluta. Si pensamos en el más votado, en Madrid sería Casado".

El choque entre cargos del PP de Madrid y, a su vez, de estos con el Gobierno, ya no lo disimulan ni sus propios protagonistas. Nadie habla abiertamente de tensiones, pero cargos ejecutivos admiten que estos temas se intentarán tratar lo menos posible hasta que se celebre el Congreso. El caldo de cultivo en el partido regional era, en cualquier caso, muy propicio para la división. La intromisión de Génova en el PP de Madrid tras la salida de Cristina Cifuentes desplazó de la cúpula a los cifuentistas. Garrido fue apartado de la secretaría general y la estructura de poder quedó sujeta a una bicefalia que ahora agrava la pugna por el liderazgo del partido.

El ambiente, admiten fuentes del PP, está enrarecido en un partido que solo ha conocido el 'dedazo'. "Los que defienden la candidatura unitaria quieren echar el cierre por miedo. Me suena a cerrar y a casa, y eso es un cierre en falso", apunta una compromisaria cercana a Pablo Casado. Los favorables a integrar los dos proyectos juegan la baza de que una competición abriría grietas irreconciliables en la organización. "Los debates no tienen por qué ser públicos. Hacerlo representa una fractura. Dividir y escenificar división", apuntan fuentes próximas al presidente del Gobierno regional. 

Debate sí, debate no

La posibilidad de que se produzca un debate público entre candidatos parece cada vez más remota. Sobre todo, después de las dudas manifestadas por uno de los hombres más poderosos del partido, el coordinador general Fernando Martínez-Maillo, que no lo ve "necesario".  De momento, la Comisión Organizadora alarga la toma de una decisión.

Las declaraciones de Maillo han escocido a una parte del PP de Madrid, que considera que con ellas su neutralidad se ve comprometida. "Está dando su opinión personal, pero no lo critico. No se puede pasar de puntillas ante este proceso. Es la primera vez que elegimos presidente, imagina que estuviéramos todos callados", ha manifestado la portavoz del PP de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso, en la rueda de prensa posterior al Comité de Dirección. El coordinador general del PP ya se ha alineado con la corriente de Santamaría, que pide unidad antes del Congreso.

Y en medio del galimatías ha aparecido la siempre oportuna Esperanza Aguirre para exigir un debate entre candidatos. "Yo no conozco cuál es la ideología de Santamaría", ha dicho este lunes. La expresidenta apostó públicamente por Pablo Casado para liderar el PP la semana pasada y este lunes ha iniciado la ofensiva contra su contrincante. 

Y todo esto cuando al PP le quedan dos largas semanas por delante. Algunos en el partido consideran que las presiones para que haya candidatura de integración serán difícilmente sorteables para Casado. Si las posiciones no cambian, las hostilidades seguirán in crescendo hasta el día de la decisión final. El 21 de julio se avista como punto de partida para la unidad. Vistos los últimos acontecimientos, nada de eso será automático. El futuro líder o lideresa del PP tendrá como primera tarea coser las heridas que ha abierto la batalla campal por ocupar el trono que dejó Rajoy y que nadie esperaba.

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