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TRIBUNA

Vallecas sigue siendo mucho más que un barrio de Madrid 75 años después

Concejala del Grupo Municipal Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid
Varias personas pasan junto a la estación de metro de Puente de Vallecas, Madrid

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Hace 75 años que el pueblo de Vallecas fue anexionado a Madrid, a una ciudad que crecía descontroladamente y que asimiló territorios estratégicos para hacer uso de los mismos sin haber tenido en cuenta cómo cubrir sus necesidades. En Vallecas, la década de los 50 estuvo marcada por las secuelas de la posguerra y el éxodo rural que las acompañó, y que tuvo como consecuencia un importante incremento de la población. De hecho, los barrios ya asentados de Puente de Vallecas como propios -barrio del Puente, Numancia, Doña Carlota, Entrevías y el recién nacido barrio del Pozo del Tío Raimundo- verán nacer en esa época los barrios de Palomeras, Alto del Arenal y Portazgo, con su famoso Cerro del Tío Pío, todo compuestos por chabolas y pequeñas casas autoconstruidas.

Y tras la anexión lo único que consiguieron estos barrios fue la desigualdad. Una desigualdad y un desequilibrio territorial que no fueron ni fortuitos ni una derivación de dinámicas poblacionales complejas, sino que respondió a una planificación urbana zonificada, donde los intereses por aislar a determinado tipo de poblaciones de otras más ‘nobles’ iban de la mano con la falta de respuesta institucional ante problemas como el éxodo rural.

Décadas después no se ha revertido esta situación, y las administraciones públicas han contribuido a perpetuar la desigualdad y las dinámicas que la generan.

Pero, pese a que han pasado 75 años desde que los vallecanos son madrileños, la identidad vallecana no ha perdido ni un ápice de su fuerza. Una identidad basada en la lucha vecinal, en la solidaridad comunitaria, en haber crecido teniendo que limpiarse el barro de los zapatos cuando salíamos del barrio. Y también una identidad que se materializa en un Rayo Vallecano, que es de Primera, y en la utopía de conseguir un puerto de mar para Vallecas.

Porque un barrio que salió del barro gracias a la lucha de sus vecinas y vecinos no se rinde nunca. Y ahora tampoco lo va a hacer, jamás dejaremos de reivindicar la eliminación de una de las infraestructuras urbanas más perjudiciales, el scalextric de la M-30. Es el momento de derribar el paso elevado, de recuperar espacio público y crear zonas verdes. Hay que conectar Vallecas a la ciudad, sus vecinas y vecinos lo merecemos.

La conexión de Vallecas con el resto de Madrid tiene que incluir, además, equipamientos imprescindibles para el barrio, como una escuela de música o un centro juvenil. La reivindicación no acaba en el puente, sino que comienza en él. Hay que revertir décadas de abandono, con inversión, con planificación, con la participación de los vecinos y vecinas.

Porque, 75 años después, Vallecas sigue siendo mucho más que un barrio de Madrid.

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