Los días 14, 15 y 16 de marzo, se producía una grave intrusión de polvo sahariano en nuestra Región. En la ciudad de Murcia el cielo se tiñó de un rojizo anaranjado que más bien parecía la atmósfera del planeta Marte. La borrasca Celia, formada sobre el golfo de Cádiz, impulsó el polvo procedente de Argelia que llegó a la Región y al Levante español. Los niveles de partículas superaron en tres y cuatro veces el valor límite que permite la normativa estatal convirtiéndose, no solo un problema ambiental, sino de salud pública. La intrusión de polvo estaba compuesta de partículas PM10 en suspensión, inferiores a 10 micras, partículas de diámetro inferior a 2,5 micras e incluso de tamaño menor.
Anteriormente, han llegado fuertes y periódicas intrusiones de polvo sahariano que han aumentado de una manera significativa la contaminación por partículas en toda la Región. Los niveles de partículas PM10 por encima de los valores límite tienen severas afecciones sobre la salud humana. Además, desde hace varios años, se producen cada vez más episodios continuados de dos, tres y hasta cuatro días de contaminación por partículas PM10. Estas partículas son emitidas por el tráfico rodado, especialmente el tráfico rodado pesado, la industria petroquímica, las actividades metalúrgicas y de producción de fosfatos, etc., a las que se suman las fuentes de origen natural como las intrusiones de polvo sahariano.
Las PM10 están en el origen de numerosas enfermedades respiratorias y problemas cardiovasculares. Por otro lado, los estudios sobre efectos a largo plazo han estimado que la exposición a partículas en suspensión puede reducir la esperanza de vida entre varios meses y dos años. Se ha asociado un aumento el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias con la exposición crónica a las partículas. El 8% de las enfermedades pulmonares (EPOC) y el 15% de cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares son debidas a estas partículas.
Las partículas PM 2,5 tienen un diámetro inferior o igual a los 2,5 micrómetros, mucho más delgadas que un cabello humano. Por su menor tamaño, las microparticulas PM 2,5 penetran más profundamente en los pulmones, pueden pasar al flujo sanguíneo a través de los alveolos y tener efectos más severos en la salud pública. Las PM 2,5, al ser tan pequeñas y de escaso peso, tienden a permanecer más tiempo en el aire que las partículas más pesadas. Esto aumenta las posibilidades de que se respiren. Se ha investigado la estrecha relación entre la exposición a partículas PM 2,5 y la muerte prematura por enfermedad cardíaca y pulmonar. También estas micropartículas empeoran enfermedades crónicas como asma, bronquitis y otros problemas respiratorios.
La medición y evaluación de las partículas PM 2,5 resulta todavía insuficiente en la mayor parte de las redes de vigilancia atmosférica. Solamente las estaciones de Mompeán en Cartagena y San Basilio en Murcia miden este tipo de contaminante. Hace falta un mayor esfuerzo del Gobierno regional para ampliar los equipos de medición a toda la red de vigilancia atmosférica.
No podemos levantar una pantalla frente a las intrusiones de polvo sahariano, pero si podemos estar preparados para la ampliación de los protocolos anticontaminación de manera inmediata y el desarrollo de medidas que minimicen la emisión de partículas por el tráfico rodado, las actividades industriales, las quemas agrícolas o las actividades de la ganadería industrial intensiva.
Las principales vías de actuación para reducir la contaminación del aire pasan por: la reducción del tráfico motorizado en las áreas metropolitanas, disminuyendo la necesidad de movilidad con un urbanismo de proximidad y potenciando en las ciudades el transporte público y los medios no motorizados como la bicicleta o el tránsito peatonal; la reconversión ecológica del transporte interurbano desde la carretera a un ferrocarril convencional mejorado y socialmente accesible; el ahorro y la eficiencia energética; la recuperación de los estímulos para la generación eléctrica renovable y la adopción generalizada de las mejores técnicas industriales disponibles para la reducción de la contaminación. Hay que establecer una fiscalidad ambiental que corrija de manera inmediata el favorable tratamiento otorgado desde hace años a la aviación y a los vehículos diésel, causantes estos últimos del 80% de las emisiones contaminantes del tráfico urbano e interurbano.
Un instrumento fundamental para la lucha contra la contaminación atmosférica es un plan de calidad del aire. Sin embargo, el Plan de Mejora de la Calidad del Aire anterior finalizó en 2018 y llevamos tres años sin elaborar otro que lo sustituya. Constituye una negligencia grave de la Dirección General de Medio Ambiente que no tiene ninguna excusa y refleja el verdadero interés de mejora de la calidad del aire que tiene el gobierno regional.
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