Parafraseando a un viejo filósofo del siglo XIX, un fantasma recorre Europa… y el mundo: es la extrema derecha, convertida ya en un peligro real para la democracia y los derechos humanos. Independientemente de cómo denominemos al fenómeno: fascismo, posfascismo, derecha populista, populismo autoritario, extrema derecha, ultraderecha, etc., ha venido para quedarse en un proceso histórico que con ascensos y descensos puede durar muchas décadas. No hay que perderse en un debate sobre definiciones mientras estos movimientos siguen su ascenso.
Las nuevas extremas derechas tienen elementos comunes con el fascismo al compartir una visión excluyente y exclusiva del nacionalismo, aunque han adaptado su programa e ideología a estos tiempos nuevos. Primo Levi opinaba que cada época tiene su fascismo y como señala la escritora Elfriede Jenilek, el nuevo fascismo se alimenta de la envidia, el odio y el miedo. Estas organizaciones consiguen imponer sus ideas en parte de la sociedad y la Región de Murcia no es inmune a ellas.
El conveniente y urgente sacar lecciones para el futuro de como la ultraderecha ha llegado por elecciones al poder en muchos casos (Chile, Argentina, Hungría, Italia, Finlandia o como el caso del Emperador del Mundo, etc.), en otros coaligada o apoyando gobiernos de la derecha clásica frente a opciones socialdemócratas o gobiernos de coalición. Holger Münch, presidente de la Oficina Federal de Investigación Criminal alemana (BKA), ha advertido contra la participación de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en las instituciones como un peligro real.
Hay que contraponer a este ascenso el relato de una democracia real e inclusiva con la defensa de los derechos humano, de la dignidad de estos independientemente de dónde hayan nacido y de la igualdad de hombres y mujeres.
Un gran objetivo conseguido por la ultraderecha ha sido normalizar su relato y discurso supremacista y segregacionista con la ayuda indiscutible de medios de comunicación y redes sociales. Ha llegado a un parte significativa de la gente joven, conectando con la parte más egoísta, insolidaria y narcisista. Con frases e ideas cortas, pretenden recetas para el mundo y la sociedad.
En este contexto hay que destacar el papel irresponsable de la derecha clásica que ha comprado gran parte del relato de la extrema derecha, en nuestra región, en este país, en Europa; en un intento de frenar el trasvase de votos, así como la crisis de la socialdemocracia y la izquierda en general.
Los datos agencias de encuestas como 40dB o el propio CIS describen que las posiciones de derecha y ultraderecha avanzan no solo en los diferentes tipos de elecciones, sino en las ideas de la gente, en la estructura profunda de la opinión pública, Se produce un efecto doppler social con un corrimiento hacia el azul, hacia posiciones reaccionarias en temas como impuestos, feminismo, igualdad, medio ambiente y migración. Hay que contrarrestar también el revisionismo histórico que nos pretende hacer creer que la dictadura del general Franco, la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y otros regímenes autoritarios eran situaciones buenas de progreso y estabilidad.
Frente a esto hay dos actitudes, la pasividad ante esta situación o una actitud activa de contraponer ideas. Creo que es más acertada la segunda. No eludir el debate en cualquier espacio: no solamente político sino en el debate social, el de a pie de calle; oponiéndoles los derechos humanos frente a esta agenda excluyente de la extrema derecha. Utilizo la frase de Aznar, “quien pueda hacer, que haga”, aunque en un sentido totalmente contrario a su planteamiento. Hay que hablar y debatir con nuestros cuñaos o nuestros cayetanos conocidos cuando se plantean ideas de exclusión, machistas o racistas. Sobre todo, tratar de evitar que estas ideas se vuelvan a considerar normales.
En nuestra región sabemos mucho de esto. En Murcia la agenda de la deshumanización de los menores inmigrantes considerados como una amenaza, los sucesos de Torre Pacheco, las agresiones al medio ambiente y el recorte de la agenda de protección del Mar Menor son jalones de un camino hacia una erosión profunda de los derechos democráticos de la gente.
En un futuro próximo es probable que la extrema derecha murciana, dada la sociología electoral, no necesite estar en el gobierno para imponer su agenda a la administración regional. Es tarea de todos y todas tratar de evitarlo, luchar por una democracia inclusiva y la defensa intransigente de los derechos humanos.
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