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"No reconocer a las víctimas de la Transición es querer negar que existió una etapa convulsa"

La periodista Olivia Carballar, que recoge en su libro ocho crímenes que siguen impunes, asegura que "el Estado tiene la obligación de reconocer a las víctimas"

Las familias "siguen sufriendo" y aunque "agradecen los homenajes", quieren "que se reconozca la verdad histórica de los hechos", asegura la autora

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La periodista y escritora Olivia Carballar.

La periodista y escritora Olivia Carballar.

La periodista Olivia Carballar recoge en su libro periodístico 'Yo también soy víctima. Estampas de la impunidad en la Transición' ocho crímenes que tuvieron lugar durante la Transición y que a día de hoy siguen sin justicia, sin verdad y sin reparación. "No reconocer a las víctimas de la Transición es querer negar que existió una etapa convulsa", sostiene la autora, quien asegura que "el Estado tiene la obligación de reconocerlas". Las familias "siguen sufriendo" y aunque "agradecen los homenajes", quieren "que se reconozca la verdad histórica de los hechos", subraya Carballar, que  recalará en la Librería La Vorágine de Santander este viernes para presentar su trabajo.

¿Cuál es el común denominador de los ocho crímenes que recoge en el libro?

El común denominador de todos ellos es básicamente la impunidad. De los ocho casos, solo en dos de ellos hubo juicio. En el de los abogados de Atocha y en el caso Almería. Yo siempre digo que hubo un juicio, pero no se hizo justicia de verdad, en el sentido de que no se llegó a determinar finalmente la implicación directa de las fuerzas de seguridad del Estado. En el caso de los abogados de Atocha, el juez instructor no quiso ir más allá. Son crímenes que no se han investigado, no se han juzgado y que, por tanto, han quedado impunes. 

¿Por qué 40 años después seguimos así?

No lo sé. Muchas veces nos dicen que en la Transición no se hizo todo lo que se tenía que haber hecho. Es verdad, pero cuando se tiene que hacer es ahora y tampoco se hace. Yo no viví esa etapa y es cierto lo que nos dicen de que no fue fácil, porque no lo es pasar de una dictadura a una democracia, pero lo que no podemos hacer es dejarlo ahí. Hay que contar lo que pasó e intentar reparar ahora que vivimos en estos tiempos, que tampoco sé muy bien cómo calificarlos. Hay que tratar de hacer lo que antes no se pudo, por no decir que no se quiso. 

¿Por qué cree que hay un interés por que cale el discurso de que la Transición fue un éxito, omitiendo los pasajes negativos de este periodo?

Claro, es que se puede decir que la Transición fue una época de éxito, pero lo que no se puede hacer es que para contar esos éxitos tengas que enterrar lo malo que también se vivió. Hemos llegado a una situación en la que no solo se cuenta lo bueno, sino que se impide contar lo malo. Son historias que están ahí por el drama que han sufrido las familias y que siguen sufriendo 40 años después. No sabemos el trauma que todavía hoy siguen sufriendo. Nadie les ha pedido disculpas, ni le ha ayudado, ni siquiera se les ha ofrecido un psicólogo con muertes tan violentas. Y tienen que pedir 'por favor' que las consideren víctimas, cuando son tan víctimas como todas las demás, de ahí el título del libro. 

¿En qué punto está la lucha de las familias, siguen con fuerza y esperanza por conseguir lo que reclaman?

Cada familia lo vive de una forma distinta. Por ejemplo, en el caso de María José Bravo del Valle, una chica que violaron y asesinaron en San Sebastián en 1980, su sobrina, que tenía meses cuando la mataron, ha hablado por primera vez del tema de una forma larga y tendida cuando se sentó conmigo, a sus 37 años. Y es que en parte de su familia este asunto todavía es tabú. En cambio, los familiares del caso Almería no han parado y quieren que se les reconozca como víctimas del terrorismo. Otro ejemplo es el de un albañil de Sevilla que lo mataron en una manifestación de trabajadores de una fábrica textil. Este señor pasaba por allí porque vivía en ese barrio y lo mataron de uno de los disparos al aire durante la concentración. Fui a hablar con gente del barrio y había una señora que había presenciado el tiro y se asustó cuando le pregunté qué había pasado allí. En definitiva, son casos distintos. No es un libro de investigación, sino periodístico sobre cómo viven hoy esas familias, 40 años después, era lo que me interesaba.

Llama la atención que haya casos, como los que menciona, en los que sigue siendo tabú hablar del tema.

Yo, que por mi trabajo hago muchas cosas sobre memoria histórica, me doy cuenta de que conocía muy poco de la Transición y mucho de los años de la dictadura cuando paradójicamente es una etapa mucho más cercana a nosotros. Esta fue una etapa que por el paso de una dictadura a una democracia no fue nada fácil, pero ahora el Estado tiene la obligación y la responsabilidad de reconocer a estas víctimas. No hacerlo es querer negar que existió una etapa convulsa en la Transición.  Homenajes como el que se hizo a las víctimas del caso Almería en el Parlamento de Cantabria están muy bien, pero se quedan ahí en los simbólico. Por ejemplo, el hermano de Javier Fernández Quesada, que fue un estudiante que mataron en la Universidad de La Laguna en el 77, me decía que agradece los homenajes, pero que quiere que se reconozca la verdad histórica de los hechos.

¿Qué le parece la postura de este Gobierno sobre memoria histórica? 

Mi preocupación más cercana, como estoy en Andalucía, es que va a pasar con la memoria histórica aquí si finalmente se forma un Gobierno de derechas. Conozco mucho a las víctimas del franquismo de Andalucía, he trabajado mucho con ellas y en los últimos tiempos se ha avanzado bastante en cuanto a exhumaciones y demás. Por eso casi no pienso en Pedro Sánchez (ríe). Hace poco hablaba con una de ellas y me trasladaba la preocupación de saber qué va a pasar y si todo lo que se ha hecho hasta ahora se va a venir abajo. 

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