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Se dispara la morosidad de los bancos con las comunidades de vecinos

La deuda total acumulada al cierre de 2014 en concepto de morosidad en el conjunto de comunidades propietarias de Euskadi se estima en 74,7 millones de euros, de los que 17,92 deben los bancos.

Se resisten a pagar las cuotas de los pisos que se quedan en propiedad tras desahuciar a los titulares.

La morosidad que soportan las comunidades de propietarios se incrementó un 3,1% en 2014

La morosidad que soportan las comunidades de propietarios crece cada año.

Los impagos siguen creciendo entre las comunidades de vecinos. Según el Observatorio de las Comunidades de Propietarios, elaborado por el Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España, la morosidad de los dueños de inmuebles en los bloques de viviendas en Euskadi creció un 2,33% en 2014 con respecto al 2013, hasta situarse en los 74,70 millones de euros. Los bancos figuran entre los principales morosos, ya que a su nombre hay deudas por valor de 17,92 millones de euros. Una cifra que se ha disparado en los últimos años: en 2012 era de 12 millones de euros.

La morosidad en las comunidades de vecinos no es un fenómeno nuevo. En mayor o menor medida, siempre han sufrido este fenómeno. Pero la prolongada crisis económica ha hecho que las deudas crezcan. Muchos propietarios se han quedado en paro y no pueden afrontar los pagos debido a su precaria situación económica. Pero hay otros que 'nuevos' dueños para los que el paro no es el problema. Son los bancos. El aumento de ejecuciones hipotecarias ha hecho que las entidades financieras se conviertan en miembros habituales y morosos de los edificios de viviendas. La negativa a pagar por parte de las entidades financieras es un comportamiento ampliamente generalizado y que obliga a las comunidades a exigir sus derechos a través del procedimiento judicial.  El impago de las cuotas deja a las comunidades en un estado de grave debilidad para hacer frente a los gastos de conservación y mantenimiento de edificios.

Los bancos se justifican en el estado de indefinición que existe entre el momento que empieza el embargo de la vivienda hasta la adjudicación final. Entre los dos instantes pueden mediar varios meses de indeterminación de la propiedad. A esto hay que añadir que cuando se inicia el proceso de ejecución hipotecaria, el embargado suele ya estar en una situación muy difícil como para hacerse cargo de los pagos mensuales de su comunidad, un deber que deja a la cola para poder satisfacer las necesidades básicas.

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