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"Terroristak dira, ez gudariak"

La concentración de víctimas en Madrid se irá diluyendo como lo harán en las próximas semanas los recibimientos con sordina de los etarras excarcelados por la sentencia del Tribunal de Estrasburgo.

Pasar entre 20 y 30 años penando en las cárceles españolas tiene poco o nada que ver con la impunidad que algunos adjudican a las excarcelaciones de etarras.

Las diferentes policías están mucho más preocupadas por las posibles andanzas futuras de los violadores y asesinos en serie que dejarán las prisiones que por los activistas de ETA, aunque salgan sin arrepentirse de sus crímenes.

Cientos de personas se manifiestan contra las detenciones de Herrira en Pamplona

Simpatizantes de la izquierda abertzale, en una manifestación reciente en Pamplona en favor de la vuelta de los presos de ETA. /EFE

Varias decenas de simpatizantes de la izquierda abertzale y familiares acudieron ayer tarde al aeropuerto de Loiu para recibir a Juan Manuel Piriz López. El etarra había abandonado la víspera la prisión de Algeciras donde se encontraba cumpliendo condena por sus crímenes, ejecutados a las órdenes de la dirección de ETA. A las puertas de la cárcel le esperaban algunos allegados y amigos. Y una ikurriña. Y poco más. Dentro de las numerosas cárceles por las que ha ido deambulando quedaban, en cambio, casi 30 años de vida.

En febrero de 1998, cuando el PNV cocinaba con el mundo soberanista y ETA la tregua de Lizarra, salió de la cárcel José Antonio Torre Altonaga, Medius. Torre Altonaga tenía entonces el honor de ser el segundo preso de ETA que más tiempo llevaba en prisión. Mitxel Sarasketa encabeza un ranking de dudosa honra. Cuando cruzó la puerta de la prisión de Logroño, Medius llevaba 19 años y 67 días distribuidos por distintos penales españoles. Había sido condenado a 30 años de prisión por colocar una bomba en la central nuclear de Lemoniz, donde trabajaba como electricista, el 17 de marzo de 1978, atentado en el que murieron dos trabajadores y otros 14 resultaron heridos.
A mediados de diciembre de 1998, ya en plena tregua, salió de prisión Mitxel Sarasketa tras 20 años de cumplimiento de condena.

12 años despúes, Torre Altonaga, Mitxel Sarasketa, entre otros presos con largas condenas a sus espaldas como Joxean Agirre o Itziar Galardi, acudieron al nacimiento de la nueva formación de la izquierda abertzale en Iruña. Fue el 27 de noviembre de 2010. Entre 1998 y esa fecha se sucedieron dos treguas más, con sus correspondientes rupturas y su acompañamiento de dolor, asesinatos, detenciones y cárceles.

Juan Manuel Piriz López, el segundo etarra excarcelado esta semana tras tumbar el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) la 'doctrina Parot', ya está en casa. Para él se ha hecho realidad ese lema que tanto se repite en las manifestaciones de la antigua Batasuna "Presoak etxera", lema al que muchas veces acompaña ese otro de "Gudariak dira, ez terroristak". Píriz fue condenado a penas que sumaban 61 años de cárcel por asesinar al exmiembro de ETA Mikel Solaun Angulo y por tirotear y dejar mal herido a un agente de la Policía. Despues de 29 años y ocho meses en "las cárceles de exterminio españolas", coletilla habitual del mundo que apoya a los presos de ETA, es difícil saber solo por las imagenes que hemos visto en televisión o en las fotografías qué pasará por sus mentes. ¿La fugaz sonrisa de una Inés del Río en libertad puede ser interpretada como que se está riendo de sus víctimas? ¿La cara de un envejecido Píriz deja acaso entrever que sigue siendo una alimaña terrorista?

Eduardo Madina dejó ayer un tuit en el aire: "La arrogancia con la que creen ser los únicos intérpretes del dolor de todas las víctimas es tan solo la forma con que les faltan al respeto". Pasar entre 20 y 30 años penando en las cárceles españolas tiene poco o nada que ver con la impunidad.


Admito mi incapacidad para interpretar un gesto tan humano a la salida de una cárcel -la sonrisa de ver a los tuyos- como algunos lo han querido vender. Esos que han jaleado a determinadas asociaciones de víctimas para que fueran en mejor ariete contra la última negociación del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, contactos que, dicho sea de paso, vinieron precedidos de una autorización mayoritaria por parte del Congreso de los Diputados. "Las víctimas siempre tienen razón", dijo hace ya muchos años un ministro del Interior ahora metido a eurodiputado del Partido Popular. Y Mariano Rajoy, ya presidente del PP, dijo precisamente en esa época, cuando se ponía a la cabeza de la manifestación de ese mundo atormentado por la "traición a las víctimas" del PSOE ante los terroristas, que él nunca traicionaría a las víctimas. Fue una manifestación multitudinaria, el 10 de marzo de 2007. Hoy es presidente del Gobierno y no estará en las calles de Madrid. ¿Acaso puede interpretarse eso como una traición a las víctimas? ¿No debería convertirse en un insumiso ante el Tribunal de Estrasburgo y hacer una peineta jaleado por la AVT y el resto de asociaciones que le han exigido que no cumpla la sentencia?

Todo el mundo sabe que ni antes Torre Altonaga, ni Mitxel Sarasketa, ni De Juana Chaos (¿alguien le ha visto enrolado en algún nuevo comando de ETA?) ni ahora Del Río o Píriz se van a meter en ETA, una organización en proceso de desmantelamiento, trufada policialmente y sin visos de que en su seno se vaya a producir una escisión para continuar su particular hoja de servicios del terror. Las policías, de hecho, están mucho más preocupadas por las posibles andanzas futuras de los violadores y asesinos en serie que dejarán las prisiones en los próximos meses por la doctrina de Estrasburgo que por los activistas de ETA, aunque salgan sin arrepentirse de sus crímenes.

Ayer, el socialista Eduardo Madina dejó un tuit en el aire: "La arrogancia con la que creen ser los únicos intérpretes del dolor de todas las víctimas es tan solo la forma con que les faltan al respeto". Pasar entre 20 y 30 años penando en las cárceles españolas tiene poco o nada que ver con la impunidad que algunos adjudican al goteo de excarcelaciones de etarras a la que asistiremos en los próximos meses. La concentración de víctimas de hoy en Madrid se irá diluyendo como lo haran en las próximas semanas los recibimientos con sordina de los etarras excarcelados por la sentencia del Tribunal de Estrasburgo. Sus crímenes son execrables y si no salen arrepentidos por el daño causado -la mayoría, probablemente, no lo hará- el tiempo y la nueva Euskadi que encontrarán en libertad les obligará a pisar tierra en menos tiempo del que las víctimas creen. Para ellos, el día soñado de una salida triunfal de las cárceles españolas no se producirá. Lo importante sería que los que aun están dentro se percaten de lo que pasa realmente fuera de las celdas y los patios de las cárceles. Y obren en consecuencia, claro.

Probablemente, ese tsunami en las cárceles aceleraría el final definitivo de ETA. Desde luego mucho más que el sellado propagandístico de dos o tres zulos en algún lugar de Francia.

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