Que empiece la política

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el president de la Generalitat, Pere Aragonés, en una imagen de archivo.

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Se nos van agotando las citas de poetas, las palabras solemnes, las fotografías simbólicas, las promesas calderonianas, las lágrimas en la lluvia y las ovaciones puestos en pie. Esta semana, sin ir más lejos, debería empezar a trabajarse en aquello que hemos afirmado tantas veces que posibilitaba los indultos y justificaba su concesión: abrir una nueva oportunidad para la política. El encuentro en La Moncloa entre Pedro Sánchez y Pere Aragonés y la comparecencia del presidente en el Congreso deberían permitirnos conocer, aunque sea a grandes rasgos, la agenda de trabajo que permita convertir esa oportunidad en política y políticas efectivas. De recepción de autoridades y cenas de gala en el Mobile ya vamos servidos, gracias. El deshielo entretiene, pero no alimenta a la política.

Nadie que sepa algo de negociaciones políticas podía esperar que desde el Gobierno central se pusiera encima de la mesa algo más que los indultos y la voluntad de hablar; o que desde la Generalitat y el independentismo se apostataran de la independencia, el referéndum y la amnistía puestos de rodillas a las puertas de Lledoners. Así empiezan todas las negociaciones, pidiendo la luna para acabar aterrizando lo mejor posible en la Tierra. 

Lo que realmente necesitamos saber es si todos los negociadores han aprendido algo de los errores pasados. Si todos son conscientes de que el independentismo carece de la mayoría que necesita y los no independentistas suman una minoría relevante y numerosa, pero que no puede bloquear eternamente las aspiraciones de los demás. Si todos asumen que, inevitablemente, esa situación de partida exige reconocer que deberán llegar a compromisos y acuerdos que implicarán cesiones por ambas partes, que el alcance requerido por tales acuerdos no cabe en el actual marco legal y, por tanto, deberá ser modificado y que esos acuerdos habrán de ser votados y respaldados por una mayoría clara de la sociedad a la que afecten. 

Para recorrer el largo y tortuoso camino hacia tales acuerdos hay algo que ya sabemos antes de empezar: no se puede contar con la derecha española; al menos de momento. No quieren ser parte de la solución. Prefieren alimentar un problema que cree que les beneficia y para ello, como han hecho tantas veces, únicamente respetarán la legitimidad de las instituciones que les ayuden en su propósito y no les importará arrasar con todas las demás. Si no me creen, pregúntenle a Felipe VI. 

Hace mucho tiempo que la gran mayoría de España le huele a traidor a Santiago Abascal y reclama una limpieza a fondo. Eso no es noticia, es su programa. La verdadera noticia reside en que Pablo Casado pretenda tumbar al Gobierno rojosatánico presionando de manera extrema a la patronal y a la Iglesia hasta hacerles llorar y pedir perdón en público. Ya no le queda nadie con quien enfadarse por los indultos: sindicatos, empresarios catalanes y de fuera, obispos catalanes y de fuera, instituciones europeas... Todos ya convenientemente anotados e identificados en la libreta de felones ingratos que ha empezado a escribir Aznar. Innovadora forma de fidelizar a tus votantes de toda la vida: señalarles en público.

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27 de junio de 2021 - 22:33 h

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