Menores en redes sociales que no son ni tan redes ni tan sociales
Define el Diccionario de la RAE una “red social” como “Plataforma digital de comunicación global que pone en contacto a gran número de usuarios”.
Dicho así, poco nos ilustra acerca de la realidad de estos sistemas de “comunicación”. Desde que se creó Facebook, en 2004, o Twitter, en 2006, muchas cosas han pasado, la mayoría de las cuales no habríamos siquiera podido imaginar, no yo, al menos. Desde entonces han surgido otras nuevas “redes sociales” y, en conjunto, todas ellas están vinculadas a concretos países y a personas con un enorme poder económico, gran parte del cual se ha generado precisamente a partir de ese instrumento.
Tengo que reconocer, sin sonrojo alguno, desde luego, que no soy una de ese “gran número de usuarios” que entran en contacto en una de estas redes. Y eso que, estadísticamente, es difícil pertenecer a ese pequeño grupo humano que permanece al margen de estos mecanismos. Y es que, según los datos, cerca del 90% de las personas que navegan en Internet utiliza las redes y, a su vez, el 95% de la población española utiliza Internet. De manera que, calculen de lo que estamos hablando, aunque lo saben seguramente ustedes mejor que yo.
He de hacer un matiz porque, si bien no utilizo estos medios, hace unos quince años creé un perfil de Facebook, con mi nombre, que no he usado nunca y, de hecho, hoy es el día en que aún no sabría cómo colocar un mensaje. La verdad es que no sé por qué lo hice. Sin embargo, tener ese perfil abierto me ha permitido saber algunas cosas muy interesantes. Por ejemplo, la cantidad de personas que “me invitan a ser su amiga” a través de sus “invitaciones de amistad”. Personas que, en su mayoría, me resultan totalmente desconocidas y cuyo interés desconozco, sin desconfiar de él, claro está. Invitaciones a las que, obviamente, dada mi perspectiva, no respondo, esperando que nadie de quienes no me conocen se ofenda por no aceptar su “amistad”.
Si estamos en un mundo – y lo estamos, sin duda – en el que la “amistad” es así de fácil, así de etérea y de insustancial, en un mundo en el que la mayor parte de la gente tiene infinitamente más “amigas y amigos” virtuales que reales, este es un mundo que ya no es el mío. Por eso no participo en él, en este mundo virtual, quiero decir.
Un mundo en el que la reflexión mínimamente sosegada no existe, en el que es habitual el insulto y en el que corren noticias y lo que no son noticias a una velocidad pasmosa y con una duración absolutamente efímera. Un mundo en el que muchas personas ignoran lo que es real y lo que no, lo que es cierto y lo que no, pero que, normalmente, tienen a creer todo lo que leen y oyen.
Algo tiene, sin embargo, este espacio de las redes sociales, dado que, incluso quienes se muestran en contra de su mal uso, y con razón, quienes despotrican contra sus propietarios y contra la manipulación de la realidad, con igual razón, incluso estos despliegan su protesta en el marco de dichas redes. Bien curioso y bien sencillo de entender, dado que tampoco aquí se busca la reflexión sino la rápida divulgación de una idea que puede durar media mañana.
Pues bien, hace unos días, como es bien sabido, el Presidente del Gobierno anunciaba en Dubai que “España prohibirá el acceso a plataformas digitales a menores de dieciséis años”, destacando la “urgencia en un momento que considera definitorio de cara a las generaciones venideras” y planteando “la necesidad de recuperar el control de la gobernanza digital y de las redes sociales para que sean un espacio sano y democrático”, tal como consta literalmente en la página web de La Moncloa. Asimismo ha anunciado otras medidas relativas a las plataformas digitales.
Llama la atención el momento, el lugar y el modo de este anuncio. Y su gran objetivo, también expresado en la misma comparecencia, de “devolver a las redes sociales a esa tierra prometida que nunca debieran haber abandonado”, en las palabras de Sánchez. ¿De verdad es una “tierra prometida”? ¿Prometida por quién, por Elon Musk por Pavel Durov…?Durovometida para qué?
Pero lo que resulta más llamativo es la medida estrella de este anuncio: la prohibición de acceso a las redes sociales de los menores de 16 años. Llamativo, no por su contenido, sino porque, desde luego, no tiene ninguna novedad. Así, en efecto, no es nueva esta medida. Es una medida que ya consta en el “Proyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales”. Un Proyecto cuya tramitación fue aprobada el 10 de septiembre de 2025 por el Congreso de los Diputados y que había sido publicado en su Boletín Oficial el 11 de abril de 2025.
Fue el ministro Bolaños el que defendió el Proyecto de Ley en sede parlamentaria, recordando datos tan relevantes como que “la edad media en la que los menores tienen móvil en España es de 11 años y que el 99% de ellos están en redes sociales”. Y dio a conocer toda una batería de medidas protectoras, como la fijación de la edad mínima de registro en redes sociales a los 16 años, la regulación expresa del uso de cualquier dispositivo digital en los centros educativos, la obligatoriedad para los fabricantes de terminales con acceso a Internet de establecer medidas gratuitas de protección a los menores como, por ejemplo, un sistema de control parental, acompañado todo ello de medidas de reforma del Código Penal para tipificar nuevas conductas delictivas. Todo lo cual consta en la página web del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, en su comunicación del pasado 9 de octubre.
Medidas alguna de las cuales ya se han aprobado en otros lugares, como en Australia, país en que, desde diciembre de 2025, rigen medidas importantes contra el uso de redes por los menores. O como podrían tomarse también, según se ha anunciado, en Francia, Reino Unido o Grecia. Y, lo que tendría mucha mayor relevancia si se aprobara, la posible adopción por la UE de medidas similares, como ya se aprobó el pasado 26 de noviembre de 2025 al votar los miembros del Parlamento Europeo un informe con un resultado de 483 votos a favor, 92 en contra y 86 abstenciones en el que se expresa la profunda preocupación por los riesgos para la salud física y mental de los menores en el entorno digital y se propone una edad mínima armonizada en toda la UE para el acceso a redes sociales y plataformas, edad que sería de 16 años en general y de 13 años para el caso de contar con el consentimiento parental.
El anuncio del Presidente ha generado reacciones de todo tipo, como era de esperar – y como, sin duda, ha sido buscado . Desde quienes defienden la medida en su integridad hasta quienes consideran que es una medida puramente populista que no tendrá grandes resultados – dejo al margen otras reacciones como la de Musk -.
Por mi parte, considero que, como ocurre con muchas medidas legislativas, su finalidad es loable y su necesidad es absoluta, pero que se deberá afinar mucho para que estas medidas sean verdaderamente eficaces.
Sobre todo, habrá que fomentar, déjenme seguir soñando, que menores y mayores disfrutemos de la verdadera amistad, de la calma necesaria para la reflexión sosegada y el intercambio de opiniones y puntos de vista. Si esto se consigue en las redes sociales, estupendo. Si no, hay otros espacios todavía, hay “tierra prometida” para ello.
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