La mentira infame de Feijóo
A estas alturas de la película, no vamos a escandalizarnos porque Feijóo mienta. Lo hace casi a diario desde que asumió el liderazgo del PP, un partido que hace ya mucho tiempo convirtió el embuste, la difamación y el insulto en instrumentos esenciales de su estrategia política. Pero hay mentiras que resultan especialmente repulsivas, porque se utilizan para intentar tapar responsabilidades en tragedias que han costado la vida a muchos ciudadanos. Lo hizo Aznar hace algo más de dos décadas al atribuir a ETA la autoría del peor ataque terrorista sufrido por España. Lo hizo Feijóo dos días después de la dana, al afirmar que el entonces presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón, lo había mantenido informado en “tiempo real” de la catástrofe.
Cuando lo dijo, ya había trascendido que Mazón estuvo en paradero desconocido en los momentos cruciales de la riada. Poco después se sabría que durante todo ese tiempo estuvo con una periodista en el reservado de un restaurante. Más que interesarse por la posible dejación de responsabilidades en que habría incurrido el barón regional, el líder nacional del PP decidió que lo importante era blindarlo contra las críticas. Y lo hizo mintiendo. A sabiendas de que mentía. Por encima de las 237 víctimas mortales y los miles de damnificados que dejó la mayor catástrofe natural en la historia de España.
No lo digo yo. Lo ha reconocido el propio Feijóo este viernes en su declaración telemática ante la jueza que investiga presuntos delitos en la gestión de la tragedia. Y lo dejan patente sus whatsapps con Mazón aquel aciago 29 de octubre de 2024, que envió a la togada en la tarde de Nochebuena seguramente para que pasaran desapercibidos a la opinión pública. Los mensajes revelan que la primera comunicación entre ambos fue a las 19.59 horas, cuando el torrente de agua estaba desatado. En ella, el único interés de Feijóo es pedirle a Mazón que controle el relato informativo. En su testimonio ante la jueza, situó la primera comunicación a las 20.59: “Me preocupa lo que pueda estar pasando en Valencia y me pongo en contacto con Mazón”. El baile de horas es lo de menos. Lo que importa es la confesión de Feijóo de que solo contactó con Mazón entrada la noche del 29 de octubre, cuando la catástrofe ya se abatía sobre Valencia, y la constatación de los wasaps de que la preocupación del líder del PP era evitar que la oposición tomara la delantera informativa.
Feijóo admitió ante la jueza que no sabía dónde se encontraba Mazón cuando el president le escribió a las 20.09 horas que la noche iba a ser “larga”. Cuando la togada le preguntó si, ante la ausencia de Mazón, había intentado contactar con la consellera Salomé Pradas, que se encontraba al frente de la emergencia, respondió: “No tengo el whatsapp de ningún consejero. Y entiendo que voy al presidente de la comunidad y sería descortés y desleal ponerme en contacto con miembros de su Gobierno”. Es decir, en medio de la catástrofe, el líder del principal partido de la oposición de España no trata de hablar con la única responsable del ejecutivo valenciano localizable porque no le parecía elegante ningunear al presidente de la Generalitat, que se hallaba vaya usted a saber dónde.¿Sabía Feijóo que Mazón se encontraba en el restaurante El ventorro con Maribel Vilaplana? La jueza se lo preguntó, y él contestó: “Yo no sé con quién comen las personas de mi partido”.
Después de la dana, Feijóo defendió durante un año a capa y espada la gestión del president, intentando desviar toda la responsabilidad de la tragedia al Gobierno central. Y cuando Mazón finalmente dimitió por la presión creciente de los ciudadanos valencianos y españoles, el líder del PP, en una exhibición descarada de cinismo, lo presentó como un ejemplo de que en su partido, a diferencia de otras formaciones, se depuran las responsabilidades políticas.
En otras circunstancias, el testimonio de Feijóo ante la jueza de la dana habría tenido mucha más repercusión pública de la que ha tenido. El líder del PP debe agradecer al enloquecido Trump que la atención esté enfocada en este momento en acontecimientos que tienen al mundo en vilo. Pero ello no minimiza la gravedad de lo ocurrido. El político que pretende llegar a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales ha reconocido que mintió en la peor catástrofe natural del país para proteger a un barón del partido que tenía la responsabilidad de gestionarla. Mintió deliberadamente, sin ninguna empatía hacia las víctimas. Y siguió defendiendo a Mazón cuando ya se sabía que había estado con una periodista en un reservado mientras sus conciudadanos estaban con el agua al cuello.
Incluso las mentiras, por despreciables que sean todas, tienen categorías. La de Feijóo en la dana pasará a la historia como una mentira infame.
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