Los trenes siguen teniendo maquinistas
Con el accidente de Adamuz, además de aprender palabras como pantógrafo o bogie, hemos descubierto que los trenes siguen llevando maquinistas, que hay una persona en la cabina conduciendo el tren. Se nos había olvidado, por su invisibilidad -a los pilotos sí los vemos subir al avión por la misma puerta que nosotros-, o lo habíamos dado por superado en tiempos en que todo está automatizado. Si hay líneas de metro automatizadas -en Sevilla desde hace años, en Madrid pronto-, y coches autónomos capaces de circular por carreteras con tráfico y en calles con peatones, cómo no va a funcionar solo un prodigio tecnológico como el tren de alta velocidad.
Si el Ave circulase sin maquinista, tampoco nos asustaríamos, al contrario: celebraríamos la desaparición del “error humano”. Hace muchos años que nos aleccionan en un optimismo tecnológico según el cual las máquinas no se despistan, ni se duermen ni se equivocan, como sí hacen los falibles humanos. Eliminar al conductor habría sido presentado como un avance, una garantía de seguridad. Total, el tren va por una vía, como un cacharrito de feria, y en Atocha hay un centro de control que parece la NASA, qué necesidad de llevar a nadie a bordo tocando palancas y botones.
Pues resulta que sí, que los trenes siguen necesitando maquinistas humanos. Tan humanos que tienen sentimientos -el ministro Puente apela mucho a su “estado anímico”-, y además tienen miedo y rabia. Por tener, tienen hasta sindicatos y convocan huelgas. Si en mi colectivo muriesen en pocos días cuatro trabajadores -tres maquinistas y un tripulante-, lo mínimo que esperaría de mis representantes sindicales sería que convocasen una huelga, no un minuto de silencio y a seguir.
Que existan maquinistas puede servir para echar a alguien la culpa por su “error humano”. Pasó hace trece años en el accidente de Angrois: el maquinista fue condenado por despistarse con una llamada al interventor y no bajar la velocidad en una curva. Pero los maquinistas también sirven para avisar de problemas y riesgos, pues son los que saben del estado de vías y trenes, mejor que nadie. En el caso de Angrois, habían alertado repetidamente de la falta de señalización y sistemas de seguridad en una curva donde había que reducir drásticamente la velocidad y dependía del maquinista a falta de otros sistemas.
Ahora sabemos que los trabajadores de la alta velocidad y sus sindicatos llevan tiempo advirtiendo de tramos en mal estado, así como en Rodalies vienen quejándose del deterioro de la red. No quiere decir que los accidentes se hayan producido por deficiencias en las vías, no dicen eso los sindicatos, pues lo determinará la investigación. Pero si un maquinista dice que hay problemas, yo creo que deberíamos escucharlos. Porque si no atendemos sus advertencias, para eso pongamos mejor un robot.
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