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Las renovables en tiempos de guerra

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El desastre bélico provocado por Israel y EE.UU. ha ocasionado, como era de prever, un alza en los combustibles fósiles. El tapón del estrecho de Ormuz recoge en un solo punto los problemas de la gobernanza de los combustibles; asunto que será vital durante muchos años. Debería funcionar una justicia global que castigase los daños causados por unos pocos a las difíciles existencias de otros muchos. Los ególatras han existido siempre. Han causado penurias a mucha gente. Cuando el trío de las Azores –Busch, Blair y Aznar- se envalentonó un 15 de marzo de 2003, sacudió el mundo. Principalmente masacró al “presunto” poseedor de bombas nucleares –Irak- Pero también lastimó al resto de los mortales. Para entender esas guerras serviría aquella frase que se atribuye a Groucho Marx –un gran equilibrista de la verdad- que anticipó aquello de que “la inteligencia militarizada es una contradicción de términos”, presuntamente. Los gobernantes que gastan más en materiales de guerra que en programas sociales no sirven al pueblo, explicaba Martin Luther King. En un alarde de imaginación tras estas palabras, se me ocurre afirmar que la ética también es renovable, en forma de energía vital que aspira a reducir las desigualdades. No debe incluirse en el mercado clandestino de la moral. Vista la olvidada secuencia del genocidio de Gaza o la guerra de Ucrania.

Personalmente, pienso que hasta que se descubra una vacuna universal contra la estupidez humana (estado permanente o transitorio, particular o genérico de la especie), “prefiero a los malvados antes que a los necios, los malvados a veces se toman un descanso”, que parece que dijo el controvertido políticamente Ortega y Gasset, tras su regreso a España en 1945. Claro que el problema se amplía si los necios son a la vez malvados. Todo lo dicho guardado en una nebulosa llamada presunción.

Los ególatras con gran poder actuales expanden sus ocurrencias/maldades en cascada¸ tardan poco en hacerse universales. Tanto es así que habrán llegado hasta los indígenas que habitan las recónditas selvas de la Amazonia o Borneo. Porque además, otros dirigentes mundiales les “ríen” las gracias a estos desaprensivos que pretenden salvar el mundo; sin haber sido reclamados por nadie. Mucho daño moral y ético parece ser, manifiestan los pacifistas, tener cerca de nosotros a partidos políticos como el Partido Popular o Vox que rivalizan, presuntamente, en ser fieles de quienes manipularon ahora la espita bélica. El despropósito político se evidencia en una noticia que cuenta que EE.UU. propone desembargar el gas ruso para reducir el precio actual, que se pondrá por las nubes a no ser que Catar se decida, y pueda, volver a bombear. El estrecho de Ormuz debe liberarse de opacidades.

Viene todo esto a cuento de que para no depender en la cuestión energética de estos, España y Europa deben reducir la energía que les llega de fuera. Están en el camino. Las energías renovables generaron aproximadamente el 30 % de las necesidades de la UE, por primera vez en 2025; un 29 % las provenientes de restos fósiles. Esto no ha salido de la chistera de ningún prestidigitador. Es el resultado de aquel Pacto Verde Europeo, lanzado en diciembre de 2019. Trascendental fue porque introdujo políticas clave para impulsar la transición hacia la electricidad limpia. Al lado del grupo de mandatarios europeos que lanzaron esta iniciativa, el Presidente español Sánchez. Criticado por ello por los partidos de la derecha patriótica. Sin olvidar en este cometido la apuesta de transición de la Ministra Teresa Ribera. Y me pregunto: ¿Es ser patriota querer mantener la independencia energética para que no estemos tan expuestos a las veleidades bélicas de los combustibles? Ahora Sánchez está implicado en el no a la guerra, sensible a la ética global y al encarecimiento en cascada de todos productos de la vida diaria; la maldita inflación. Atentos a lo que pueda suceder con Cuba y Groenlandia, espoletas que sin duda nos van a complicar el asunto energético. ¿Y el ético?

Todo lo aquí escrito es una pura presunción. Si hay algún parecido con la realidad será coincidencia no buscada. En realidad, se trata de una historieta novelada que habla de héroes y villanos; mezclados energéticamente en las guerras. A menudo todo se vuelve incierto; me confundo con la perspectiva de las cosas. Todo el mundo sabe que no existe ninguna relación aparente entre energías y guerras (sic).

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