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Claves e incógnitas de la consulta en Podemos: las bases deciden el futuro de Iglesias y Montero

El tiempo de votación ha terminado a las 14h pero los datos que marcarán el futuro político del secretario general y la portavoz parlamentaria no serán oficiales hasta el lunes

La crisis de la vivienda de la pareja ha marcado una línea divisoria en el seno del partido solo acallada por la aparición en escena de la extrema derecha

El secretario general lanza un aviso a propios y extraños: "Me he endurecido como nunca para pelear para ser el próximo presidente de este país"

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Iglesias y Montero ponen su cargo a disposición de las bases, que decidirán en una consulta si deben dimitir

Pablo Iglesias e Irene Montero, en una imagen de archivo.

Las urnas digitales de Podemos se han cerrado a las dos de la tarde de este domingo pero los inscritos y votantes del partido deberán contener la respiración unas cuantas horas más. El resultado final de la consulta sobre el futuro político de sus principales rostros, Pablo Iglesias e Irene Montero, no se conocerá hasta el lunes por la mañana. Su trascendencia a nivel electoral y social, mucho más adelante. El secretario general marcó dos condiciones para seguir: una participación similar o superior a la de Vistalegre 2 y un respaldo abultado, que no deje lugar a dudas. Lo primero se puede aventurar. Lo segundo es una incógnita.

El partido se ha enfrentado en la última semana, otra vez, a una situación límite que ha tensionado la vida interna y ha copado los medios de comunicación. Una tormenta perfecta que acabarán resolviendo las bases. Otra vez. Iglesias y Montero, enmarcados en un relato perdedor, optaron por una decisión disruptiva de las también habituales en Podemos: una consulta plebiscitaria que zanjara el creciente debate interno y les dotara de una respuesta cuando los rivales, propios y extraños, le echen a la cara en cualquier debate la compra de una vivienda en Galapagar, a 40 kilómetros de Madrid, tasado en 660.000 y por la que se han hipotecado los próximos 30 años.

La dirección de Podemos guarda con celo los datos relativos a la participación que se está produciendo en la consulta. Pero algunos detalles permiten prever una afluencia masiva. El día que se abrieron las urnas virtuales, cuya integridad se ha puesto en duda como en cada ocasión que el partido convoca a sus bases, la afluencia fue tal que el sistema tuvo problemas para asimilar la gestión de tantos usuarios. 

El sí en la consulta no está en duda. Pero sí ha habido temor a un voto de protesta, a un porcentaje alto de  noes. La oposición interna, que han encarnado con especial fruición la otra pareja de dirigentes de Podemos (la coordinadora general andaluza, Teresa Rodríguez, y el alcalde de Cádiz, José María González, Kichi) se han inclinado por la abstención. Una apuesta segura ante la imposibilidad de que participen  el casi medio millón de inscritos que tiene el partido.

La posición de Anticapitalistas no se ha decidido de forma orgánica. Solo en Andalucía, y en Asturias sin pertenecer a esa organización intrincada en Podemos, ha habido un posicionamiento tanto contra la compra del chalé como contra la consulta convocada ante la constatación de que la crisis amenazaba con llevarse  la recuperación electoral y discursiva que las encuestas han recogido en los últimos meses para el partido de Iglesias y el espacio político que lidera. 

El referéndum ha incomodado casi más que la propia adquisición. O ha permitido críticas a una decisión política que no se podían hacer a una personal. Han sido muchas voces las que han lamentado que se consulte a las bases. Entre ellas no ha estado la de Íñigo Errejón, aunque sí la de personas que han pertenecido, o pertencen, a su entorno.

El ya candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid, confluencia mediante, no se ha desmarcado de la línea oficial. Si se produce. En la sede estatal del partido se ha tomado buena nota. Pablo Iglesias, y su círculo más próximo, se han encargado de recordar cómo reaccionó él cuando fueron otros los que tuvieron que acondicionar sus posiciones como activista a la realidad de la institución. La lealtad como valor político que se da y se reclama. Monedero y Kichi han solventado en público unas diferencias que prometen una segunda parte a la vuelta de la consulta.

La irrupción de la extrema derecha permitió reconducir el relato de la pugna interna. Y centrar el debate en la consulta.

El referéndum ha conseguido así solapar la cuestión original: la supuesta incoherencia por la adquisición de una vivienda que, ciertamente, encaja mal con los Pablo Iglesias e Irene Montero de hace dos, cuatro u ocho años. Secretario general y portavoz parlamentaria asumen que sus circunstancias personales, especiales y únicas dentro de Podemos, aplacan esa incoherencia. La casa, dicen, es para vivir. Y la pagarán como todos los españoles: con una hipoteca y la ayuda de su familia. Y su aspiración es que cada ciudadano pueda acceder a una vivienda digna.

La cuestión ya no depende de ellos ni de sus explicaciones. Son los inscritos los que decidirán el futuro de Iglesias, Montero y el partido. Su abrumadora victoria en Vistalegre 2, la ausencia de un rival entonces para la Secretaría General, la apuesta de Errejón por la política regional en el medio plazo y la decisión de Rodríguez de borrarse de la política nacional ponen a las bases ante un dilema complicado: ratificación o vacío de poder a un año de que arranque un ciclo electoral trepidante.

Iglesias ha querido dejar claro que si recibe el respaldo de las bases de Podemos responderá. Los rumores e insinuaciones sobre su deseo de dar un paso atrás son constantes desde 2016. En aquél verano, tras el fiasco del 26J, sopesó dimitir. Decidió seguir. Y mantiene esa intención, pese a quienes dentro y fuera ven inminente el relevo en su mano derecha y compañera de viaje político y vital: Irene Montero.

En enero, a la vuelta de unas vacaciones extrañamente largas y pacíficas para el inquieto espacio político aglutinado alrededor de Podemos,  dijo que su intención era "jugarse la piel y la salud hasta el final". Seguramente no pensaba que pocos meses después tendría que explicar durante un receso del debate de los Presupuestos Generales del Estado el tipo de interés al que había firmado una hipoteca con una pequeña cooperativa financiera que tiene a gala no practicar desahucios.

Como en otras crisis político-personales de Podemos, Iglesias y Montero han optado por jugarse todas las fichas. Si pierden, se van a su casa a intentar recuperar su vida. Si ganan, prometen batalla. Los dos. Iglesias se lo dijo a Pepa Bueno en una entrevista en la Ser que dejó un aviso a navegantes. Y también en los pasillos del Congreso a todos los periodistas que lo quisieron oír: "Me he endurecido como nunca para pelear para ser el próximo presidente de este país".

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