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Rivera vuelve al 'no' a Sánchez tras enmendar toda su estrategia a última hora para recuperar el relato en campaña

El holograma de Albert Rivera en el arranque de la campaña electoral del 28A.

Carmen Moraga

El repentino giro que dio en el último minuto Albert Rivera a su discurso, abriéndose el lunes a negociar con Pedro Sánchez una abstención conjunta de su partido y el PP para facilitar la investidura, tenía un claro fin: servirle de 'relato' en la campaña de unas elecciones generales que a esas alturas ya nadie descartaba. Así lo creen muchos analistas políticos y lo reconocen incluso algunos miembros de su propio partido. “Después del rechazo cosechado puede decir que lo intentó por sentido de Estado pero Sánchez desaprovechó la oportunidad”, sostiene uno de los que apoyó, sin éxito, ese cambio en la Ejecutiva.

La estrategia de Rivera sorprendió a propios y extraños, y ha sembrado el desconcierto en sus bases. Pero con ella el líder de Ciudadanos consiguió que todos los focos se dirigieran hacía él en las horas de descuento, en plena ronda de entrevistas del rey con los líderes políticos, y después de más de un mes en silencio y relegado a un segundo plano.

Aunque Rivera sostuvo que llevaba meditando “algunas semanas” lanzar in extremis esa inesperada oferta, sus contundentes declaraciones de los días anteriores manteniendo un férreo 'no' a Sánchez apuntan a que fue una decisión improvisada ante la constatación de que íbamos a elecciones y los sondeos, entre ellos el del CIS, no le eran para nada favorables. Rivera necesitaba un relato.

De hecho, el día anterior, en una entrevista que concedió a El Confidencial, siguió sosteniendo que con Sánchez no se podía pactar nada. “Creo que se ha consolidado con los hechos. Esto ya lo advertimos. En campaña dije claramente que Sánchez era un escollo para que los constitucionalistas llegáramos a un acuerdo. Y lo que hemos visto es que nos insulta, que llama fachas a nuestros votantes...”, dijo. Además, reiteró que si Ciudadanos suma con el PP llamará a Pablo Casado la misma noche electoral, lo mismo que repitió el pasado miércoles una vez que comprobó que Sánchez –y el propio Casado– desdeñaba sus planes.

Fuentes consultadas por eldiario.es aseguran que Rivera hacía días que tenía encima de la mesa el último tracking sobre intención de voto a Ciudadanos en el que se constataba la pérdida de más de dos puntos porcentuales en apoyos pese a mantener “una base sólida” de su electorado. En el partido admiten la posibilidad de una fuga importante de votantes de Ciudadanos que ahora están indecisos y que son a los que Rivera intentará persuadir -o, mejor dicho, ya lo está haciendo-, de que votar al PSOE es un “grave error” porque “Sánchez es un peligro para España”.

También marcará diferencias con el PP de Casado, un partido “lastrado por la corrupción”, pero con el que gobiernan, y con el que, sin embargo, se niega a ir en la coalición de 'España Suma'. Incluso en el Senado, donde de ir juntos podrían alcanzar la mayoría absoluta, según insiste el líder del PP. “Nosotros queremos cerrarlo”, dicen en Ciudadanos, convencidos que que solos les irá mejor y no serán “fagocitados”.

Una estrategia improvisada pero refrendada en la Permanente

Con la preocupación por los datos que les dan esos sondeos internos, el lunes pasado Rivera llegó a la reunión de su Comité Permanente –el núcleo duro de su Ejecutiva– y les adelantó su nueva estrategia: Ciudadanos iba a dar “una solución de Estado” ante el fracaso de Sánchez y el bloqueo institucional que inevitablemente conducía a nuevos comicios. Para ello decidió involucrar también al PP y emplazó a Pablo Casado a una reunión para abordar su idea.

Según un destacado miembro de la dirección nacional, todos los presentes apoyaron “por unanimidad” su cambio de postura,“nadie puso ningún reparo” ni recordó a Rivera que eso fue precisamente lo que habían pedido los críticos y lo que le costó al partido una grave crisis interna por no haber accedido a estudiarlo. “Aquí las cosas se resuelven así... ¿cómo decís los periodistas? ¿A la búlgara?”, ironizó el mismo dirigente. Al finalizar la Permanente salió Rivera personalmente en rueda de prensa a anunciarlo.

Todo tenía que discurrir muy rápido, en pocas horas, porque ese mismo lunes el rey había comenzado la ronda de consultas con los líderes políticos y si no había investidura la legislatura se daba por acabada, como así fue. De modo que por la tarde, Rivera se fue corriendo al Congreso para ver a Casado. El presidente del PP le recibió en su despacho de jefe de la oposición, un detalle nada baladí porque dejaba claro dónde está cada uno. La reunión duró dos horas pero no dio los frutos deseados porque el dirigente conservador no se comprometió a secundarle.

Lo que sí sabía de antemano el líder de Ciudadanos es que iba a ser imposible que Sánchez se plegara a sus exigencias –“una solución de Estado”, según la calificó– , especialmente la de desbaratar el acuerdo cerrado en Navarra con los nacionalistas y Podemos que dio la presidencia a la socialista María Chivite.

“No hay pacto con Bildu ni lo habrá. El 155 se aplicará si la situación constitucional lo requiere, como ya se hizo”, y el Ejecutivo socialista “no subirá la presión fiscal sobre las clases medias y trabajadoras”, replicaron en Moncloa, invitándole a que mantuviera esa “abstención técnica” si, como había asegurado, su fin era facilitar el desbloqueo. Pero Rivera consideró que todo eso era “una colección de mentiras” y “una tomadura de pelo a los españoles” y retiró su oferta cuando en menos de 24 horas.

Desde ese mismo instante, Rivera volvió a instalarse en el 'no' a Sánchez. Sus ataques al líder socialista se ha redoblado, máxime a sabiendas de que el presidente del Gobierno en funciones se va a lanzar a por su caladero de votantes.

“Sánchez no tiene remedio. Se ha retratado, ha cerrado la puerta al constitucionalismo. No es la primera vez que un presidente convoca elecciones y se le borra la sonrisa de la cara por llevarse una sorpresa en las urnas”, reza el último de los argumentarios internos distribuido por el partido.

Catalunya, de nuevo en la campaña

Uno de sus ejes principales de la campaña de Ciudadanos va a ser otra vez Catalunya, la necesidad de aplicar el 155 y la sentencia del procés, alertando de nuevo de la posibilidad de que si Sánchez sigue en la Moncloa, conceda un indulto a los separatistas si el Supremo dicta una dura condena. Para eso ya cuenta con la inestimable ayuda de Edmundo Bal, el abogado del Estado que fichó tras ser cesado por el Gobierno por negarse a firmar el escrito de acusaciones de la Abogacía del Estado sobre los líderes del procés, en el que debía sostener que no hubo delito de rebelión sino de sedición. El diputado, que ya ha protagonizado varios debates sobre este asunto, encarándose con la ministra de Justicia en el Congreso, ya se prepara para salir a la arena en la que será su segunda campaña.

En el partido están convencidos de que su arriesgada apuesta de vetar por segunda vez a Sánchez y de volver a tender la mano a Casado va a salirles bien. “Crecimos de 32 a 57 escaños, seguimos teniendo una base electoral sólida y nuestras previsiones son que el PSOE puede bajar cerca de dos puntos”, afirman en la dirección.

Pero entre los críticos sostienen que la credibilidad de Rivera está “por los suelos” y que el electorado de Ciudadanos “por desgracia es el más volátil de todos”. Alguno de ellos hasta se atreve a vaticinar que si la noche electoral Rivera ve que Ciudadanos, PP y Vox no suman mayoría para repetir la vía andaluza, de Murcia o Madrid, el líder del partido podría cambiar por enésima vez de criterio y, tras esperar unos días, preparar el terreno para aceptar un pacto con el PSOE, “que es lo que quieren los empresarios”.

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