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Muere Miguel Pajares, el cura español enfermo de ébola

El sacerdote de la Orden de San Juan de Dios contrajo el virus en Liberia, donde trabajaba como misionero

Pajares fue repatriado a España por el Gobierno, junto a una monja española que no ha dado positivo en la enfermedad

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El avión medicalizado del Ejército saldrá a mediodía para repatriar al religioso español

El cura Miguel Pajares, a la derecha

El cura Miguel Pajares ha fallecido de ébola en el Hospital Carlos III de Madrid esta mañana a las 09.28, según ha podido confirmar eldiario.es. El sacerdote de la Orden San Juan de Dios contrajo el virus en Monrovia, donde trabajaba atendiendo a enfermos en el hospital San José de la congregación, en la capital de Liberia.

Un portavoz de Juan Ciudad ONGD (la organización humanitaria de la congregación) ha confirmado "la triste noticia", que les ha comunicado esta mañana el personal del hospital madrileño. "El hermano Miguel, miembro de la Orden San Juan de Dios, ha dedicado toda su vida al servicio de los demás y de manera especial a África", ha afirmado ante los medios José María Viadero, director de Juan Ciudad ONGD, que ha dado el pésame a la familia del fallecido.

El misionero fue repatriado a España por el Gobierno el pasado miércoles, junto a una monja española que también trabajaba con Pajares en Liberia, Juliana Bohí, pero que dio negativo en el virus. Este fin de semana, Pajares había recibido el suero experimental, que está funcionando favorablemente con dos enfermos estadounidenses. Por su parte, Bohí continúa estable ingresada en el hospital Carlos III, donde debe permanercer durante el periodo de aislamiento. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) hace público hoy martes sus conclusiones sobre el uso de este suero experimental, que no ha funcionado en el caso de Pajares. Las conclusiones están redactadas por un Comité de ética de la OMS, después de que el tratamiento haya sido utilizado para humanos, sin haber cubierto las fases de experimentación necesarias.

El actual brote de ébola ha acabado con la vida de 1.013 personas, según el último recuento de la OMS. En total, el número de casos detectados asciende a 1.848 enfermos.

El pasado día 9, falleció la hermana Chantal Pascaline, una de las monjas que trabajaba junto al sacerdote Miguel Pajares en Monrovia. El Gobierno decidió no incluir a Pascaline (congoleña), ni a la hermana Paciencia Melgar (guineana), en el avión que repatrió a los dos religiosos españoles.

Miguel Pajares, de 75 años, arrastraba problemas cardíacos. Fue el primer enfermo de ébola que llegó a Europa, lo que generó cierta polémica por la idoneidad de la medida.

La familia del misionero cree que su muerte " ha sido un final feliz" para el cura, según ha compartido con Europa Press la prima del sacerdote, Begoña Martín. La familia admite que la noticia del fallecimiento les pilló por sorpresa debido a los partes del hospital en los que se informaba de la "estabilidad" del enfermo.

"La noticia nos ha sorprendido pero creo que es un final feliz, quizás el mejor, aunque parezca una barbaridad, porque si Miguel tiene que vivir con la pena de la muerte de sus compañeros del Hospitalo San José no hubiese podido estar en paz", ha afirmado Begoña Martín.

No habrá autopsia

El cadáver del sacerdote Miguel Pajares será " sellado e incinerado", sin practicarle la autopsia para evitar la propagación de la enfermedad, de acuerdo con el reglamento de la Policía Sanitaria Mortuoria de la Comunidad de Madrid, según informa Efe. Fuentes de los trabajadores del Hospital Carlos III aseguraban esta mañana a eldiario.es "que no está indicada una autopsia al cadáver de Pajares".

El manejo "post morten" de un cuerpo infectado por ébola, o con solo la mera sospecha de haberse contagiado con este virus, prohíbe la autopsia por " la alta carga viral de los fluidos corporales". El contacto con los cadáveres debe realizarse "por personal entrenado" y no se procede, en estos casos, a ninguna preparación del cuerpo del difunto, han precisado a la agencia fuentes sanitarias.

A continuación, se procede al sellado del fallecido que finalmente es incinerado por la Policía Sanitaria Mortuoria. En cuanto a las medidas de control ambiental, la norma exige la limpieza con desinfectantes de uso hospitalario de las superficies potencialmente contaminadas así como la incineración de la ropa o prendas que hayan estado en contacto con el cuerpo.

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