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Los riesgos del ‘boom’ de los suplementos nutricionales: “Nos prometen un efecto inmediato, pero no es así”

Unas cápsulas de vitaminas

Guillermo Martínez

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Sus anuncios aseguran vitalidad, vigor y energía continuas. Incluso, a veces, son un intento de borrar el paso del tiempo sobre nuestras pieles. Colágeno, Omega 3, cartílago, complejos multivitamínicos, creatina, proteína en polvo. Los expertos advierten de los peligros que esconde la creciente demanda de complementos nutricionales. Enfocados normalmente en la mujer para conseguir el canon de belleza que se les impone, pero también en las personas que realizan actividad física. Su ingesta siempre debería ser pautada por un profesional de la salud para evitar toxicidad y la reacción cruzada con algún medicamento. 

Esta “locura” por los suplementos alimenticios comenzó en los años 80. Así lo sostiene el secretario general del Colegio de Diestistas-Nutricionistas de Andalucía (CODINAN), Antonio Zoido. “Llegó un momento en que la publicidad ya no se centraba en tener una salud correcta, sino en tener la mejor salud posible, y así lo explotó la industria”, adelanta. Según sus datos, en los últimos años se ha dado un aumento interanual del consumo de suplementos de entre un 6 y un 8%. “La gente debería saber que una salud óptima siempre nos la dará una alimentación equilibrada y variada. Eso es lo que nos proporcionará las cantidades diarias recomendadas de nutrientes”, añade el experto.

Los cánones de belleza, sobre todo enfocados en la mujer, son la punta de lanza para la ingesta de muchos de estos suplementos. También el hacerse mayor. Muchas personas los utilizan como prevención para futuras artrosis o enfermedades degenerativas de corte neurológico, así como profilaxis para la sarcopenia (pérdida progresiva y generalizada de masa, fuerza y funcionalidad muscular) a través de proteínas. “Si podemos ajustar esas cantidades en la propia alimentación será mejor, porque en el alimento no solo tomamos ese macronutriente, sino muchos otros que también nos hacen falta”, apuntilla Zoido.

Estos suplementos tienen nombres propios. Colágeno, Omega 3 y las proteínas son los que más se venden, según el secretario general del CODINAN. “Nos dan a entender que el colágeno es beneficioso para la piel y las articulaciones, pero estas afirmaciones no pueden aparecer en sus envases. Quizá sí favorezca la prevención de la artrosis, pero el beneficio es muy pequeño”, comenta el mismo Zoido. Algo similar pasa con el Omega 3. Este experto asevera que, “de forma generalizada no está demostrado científicamente que un mayor aporte que el de una dieta equilibrada suponga un beneficio”.

La posibilidad de comprar complejos multivitamínicos o multiminerales sin receta en una farmacia también entraña algunos riesgos. Zoido apunta que estos productos pueden tener plantas medicinales, lo que podría provocar una reacción cruzada con algún medicamento que esté tomando el paciente. “Incluso hay riesgo de toxicidad si el sistema metabólico no funciona de forma correcta”, asevera.

Un efecto inmediato que no existe

Caer en la ingesta de estos productos que prometen mayor rendimiento y energía en el día a día responde al signo de los tiempos. Todo lo queremos aquí y ahora. Vivimos en la sociedad de lo rápido. “Y estos complejos casi nos prometen un efecto inmediato, pero no es así”, dice Zoido, por eso disfrutan de tanta prédica.

Para la nutricionista-dietista Belén Rey no es raro encontrarse a alguien en su consulta demandando suplementos nutricionales. “Siempre digo que hay que repensar muy bien de dónde nos llega la información”, introduce esta argentina asentada en Galicia. Sin embargo, ella tiene claro que un profesional de la salud no debería vender o recomendar un producto de este tipo sin conocer o ver a la persona que lo demanda.

Según su experiencia, son las mujeres en quien más impacta la publicidad de estos complejos adquiribles en cualquier farmacia. “Piden mucho colágeno y cartílago, y también multivitamínicos. La B12 suele ser algo muy común y ahora parece que suplementarse con vitamina D está en auge”, señala. En este sentido, incide en que siempre hay que evaluar de manera particular e individual la idoneidad de aconsejar su ingesta.

Por otro lado, Rey muestra su preocupación ante el auge de profesionales de la salud que recomiendan estos productos a través de las redes sociales, señalando no solo un tipo de producto sino una marca en concreto. “Hace años esto también existía, pero de puertas adentro de un consultorio, y hoy se ha vuelto algo viral en redes”, alerta. 

Los riesgos de no tener supervisión

Marta Otero es otra nutricionista-dietista gallega, aunque no solo. También es farmacéutica y tiene una consulta online especializada en trastornos de la conducta alimenticia (TCA). “Yo veo que la gente pide la suplementación nutricional de manera indiscriminada”, sostiene. De todas formas, sabe que su uso debe ser siempre individualizado. Así lo ejemplifica: “Si veo a una mujer con infecciones urinarias recurrentes, puedo recomendarle tomar arándano rojo americano, que está demostrado que protege las vías urinarias, pero eso no significa que sea positivo para todas las personas”.

Si te la tomas en suplemento y no te hace falta, estarás provocando un exceso, y eso es tóxico. Que sea natural no le resta toxicidad

Marta Otero Dietista-nutricionista

Sobre la ingesta de la vitamina D, esta especialista subraya que se trata de una vitamina liposoluble, es decir, que no se elimina del organismo fácilmente. “Si te la tomas en suplemento y no te hace falta, estarás provocando un exceso, y eso es tóxico. Que sea natural no le resta toxicidad”, añade. Al igual que su colega Rey, admite sentir “preocupación” ante la cantidad de gente que pide suplementarse sin ni siquiera haberse realizado una analítica antes.

Los riesgos no solo están ahí, sino en lo inmaterial del asunto. “La suplementación no enseña a comer y la falta de educación nutricional puede desembocar en un TCA. Yo no estoy en su contra, porque en muchos casos es una ayuda, pero siempre debería ser a nivel individualizado”, repite. Por eso, remarca que la gente no debería caer en el boca a boca. Siguiendo la célebre cita de Paracelso de “la dosis hace el veneno”, Otero reitera que la suplementación sin supervisión médica también entraña ciertos riesgos.

La creatina en el deporte, el suplemento más estudiado

Uno de los suplementos más comunes en las personas que realizan deporte es la creatina. Zoido confirma que es el suplemento deportivo más estudiado. “Nos permite obtener una mayor intensidad de trabajo en un menor espacio de tiempo. En la actividad física, es lo que nos permitirá hacer un levantamiento más o un ejercicio de alta intensidad de corta duración”, ilustra. Es lo mismo que piensa Toni Solà, dietista-nutricionista y profesor en la Universidad de Vic (Barcelona), quien argumenta que los suplementos deberían categorizarse.

Según este investigador y emprendedor en el sector de los suplementos proteicos, la proteína en polvo podría llegar a calificarse de alimento. “Es un producto poco procesado y no deja de ser un concentrado de un alimento. Yo la veo como una opción más de la despensa”, defiende.

Por otro lado, Solà aclara que la creatina es una sustancia esencial que genera el propio organismo de cualquier animal. La encontramos cuando comemos carne o pescado, en los músculos, y también la generamos nosotros. Este nutricionista coincide con Zoido al afirmar que si se suplementa el habitual aporte y creación de creatina por parte de una persona se puede dar una mejora en la condición física. “Nos proporciona mayor masa muscular y resistencia, y eso está probado científicamente tras décadas de estudios en atletas de primer nivel”, comenta el experto catalán, quien recalca que la creatina ya se dispensa también orientada a la mejoría de la salud.

De todas formas, más allá de la creatina y la cafeína, y la proteína en polvo, las demás sustancias legales orientadas al deporte tienen unas mejorías “muy sutiles” en el rendimiento deportivo, continúa Solà. “A no ser que haya un déficit de algún mineral o vitamina, a nivel de suplementos a veces poner más tampoco es mejor”, abunda.

Por último, este experto profundiza en la responsabilidad del comprador de estos suplementos de saber qué se está llevando a la boca. Se refiere a la calidad de los productos. Al igual que alguien se fija en la calidad de una manzana o de la carne, pocas personas se paran a pensar de dónde procede esa proteína en polvo o qué sustancias se han añadido para cambiar su sabor y textura. “El problema a veces no está en la base, sino en lo que se le incorpora”, concluye Solà.

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