El sarampión ha vuelto a España: “No hay que generar alarma, pero puede haber un problema sin una vacunación muy alta”
Nueve años ha durado España “libre” del sarampión. El país obtuvo ese estatus de la OMS en 2016 y lo perdió el pasado mes de septiembre –aunque la decisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha trascendido este martes–, un escenario que hace solo un año pocos expertos preveían pese al repunte de los casos.
España tocó suelo en incidencia del sarampión en 2023, con solo siete casos confirmados, pero en 2024 subió hasta 227 y en 2025 continuó con el ascenso hasta 397 confirmados, evolución que ha motivado el cambio de estatus del país decretado por la OMS. “Es un aumento de los casos importante, pero no hay que dramatizar”, valora Quique Bassat, del Instituto de Salud Global de Barcelona. En comparación, en todo EEUU hubo 2.000 casos ese mismo año, cinco veces más para siete veces más población.
Pese al retroceso que supone que uno de los virus más contagiosos vuelva a circular por el país, los médicos consultados no creen que haya motivo de alarma, aunque sí sostienen que hay que preocuparse y ocuparse de la situación. “Lo que hace la OMS, como ya ha hecho con Alemania, Francia o Italia, es advertir de que puede haber un salto en la transmisión”, apunta Valentí Pineda, vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP). “Son mecanismos de la OMS para reforzar las estrategias nacionales de los países y que se pongan las pilas”, resume Bassat. Ninguno de ellos menciona el movimiento antivacunas como un factor de impacto en este caso, al menos no en España.
Los expertos en salud pública coinciden en que el problema es global, no local. De hecho, en la misma tacada que España han perdido el estatus de país libre de sarampión lo han hecho Reino Unido, Austria, Armenia, Azerbaiján y Uzbekistán. “En total, el sarampión presenta una circulación persistente en 13 países de la región”, explica el Ministerio de Sanidad en un comunicado, “entre ellos, Francia, Alemania e Italia han evolucionado desde un escenario de interrupción de la transmisión a una situación de transmisión sostenida”.
“No tenemos un problema aquí”
“No tenemos un problema aquí”, coinciden Bassat y Pineda. En España, las coberturas vacunales son elevadas y la penetración de movimientos antivacunas es limitada, añaden (al menos en este caso). El país presenta una tasa de vacunación del 97% con la primera dosis (se considera un 95% como la cifra adecuada) y un 93% (con algunas comunidades autónomas por encima y otras por debajo) en la segunda dosis, que en este caso no sirve como refuerzo sino para cubrir al 3%-4% de la población a la que la vacuna no le funciona con un solo pinchazo. Los números, insisten los expertos, son sólidos. También añaden que con la alta capacidad de infectar del virus, bajar de ese porcentaje, aunque pueda ser poco, puede disparar la transmisión.
¿Qué está pasando entonces? Covid, pobreza y movilidad y la altísima capacidad de infección del virus (unas cuatro veces más que la cepa original de Covid) explican la situación, coinciden los médicos. El impacto de la pandemia golpeó a los servicios médicos de todo el mundo, las tasas de cobertura cayeron y hay países, europeos y no, que aún no se han recuperado. La pobreza en algunas de estas naciones y las migraciones consecuentes completan el relato, explica el epidemiólogo Amós García Rojas, que también introduce el “factor bélico” como causa de la caída de la vacunación en algunos países, por ejemplo Ucrania.
“Hay entornos que provienen de países con coberturas vacunales más bajas donde la circulación del virus es mucho mayor”, explica Quique Bassat. Pineda añade que España está “en medio de dos zonas, Marruecos y Rumanía, con muchísimos casos, coberturas de vacunación muy baja y con miles de casos. Es posible que al recibir ciudadanos de estos países aparezca la enfermedad, se transmita de casos importados a autóctonos [esas pequeñas bolsas sin vacunar], y cuando se llega a un cierto número de casos podría haber contagio entre personas autóctonas”.
Sanidad ha explicado que de los 227 casos detectados en 2025, “un 23,3% fueron importados, un 44,9% estaban relacionados con la importación y en un 32,2% no pudo establecerse el origen”. Entre los 397 confirmados en 2025, añade el ministerio, “se incluyen 108 casos importados (principalmente de Marruecos y Rumanía)”. El ministerio incide en la necesidad de aumentar la cobertura, de dar ese paso extra. “Dada la situación de circulación del sarampión en países de nuestro entorno, dada la situación mundial de circulación del sarampión, es fundamental conseguir coberturas muy altas, más del 95% en las dos dosis, porque en un contexto de eliminación del sarampión hay que asegurar que toda la población o la inmensa mayoría de la población está protegida”, con especial foco en los grupos vulnerables, explica María José Sierra, subdirectora del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).
Los expertos no creen que haya un problema de tipo autonómico. Pese a que la cobertura no es homogénea por todo el país y hay comunidades que bajan del 90% en la tasa de segundas dosis aplicadas, las tres en las que más casos se detectaron en 2025 (Andalucía, Catalunya y Euskadi) están entre las mejores en esa estadística, por encima de la media nacional las tres y con coberturas del 94% o más, según datos del Ministerio de Sanidad, por lo que no se puede establecer una causalidad directa. Pineda resta importancia al dato regional: “No tenemos constancia de que el registro sea un 100% fiable, algunos perfiles pueden no aparecer”, explica, por ejemplo si se han vacunado en la privada.
“Las cosas se están haciendo bien”
En cualquier caso, los expertos coinciden en que “las cosas se están haciendo bien”, aunque conceden que se puede mejorar algo la tasa de vacunación en segunda dosis para alcanzar ese 95% mínimo deseable. Una manera de hacerlo podría ser, propone Pineda, adelantar el momento de administración de ese segundo pinchazo, actualmente cerca de los tres años, a los dos, tal y como propone el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría.
La AEP insta también a los profesionales a “pensar en el sarampión” en aras de lograr diagnósticos rápidos que permitan actuar, por ejemplo aislando a los contagiados para que no propaguen el virus. “Esto nos dice que estemos al tanto, que entrenemos a pediatras y médicos de familia a detectar el sarampión, pensar en él y actuar de inmediato”, dice Pineda.
Una línea argumental similar a la del Comité Regional Europeo de Verificación para la Eliminación del Sarampión y la Rubeola (CRV) de la OMS, que ha pedido “a todos los Estados miembros a mejorar los sistemas de vigilancia para mejorar la detección de casos y capturar más datos epidemiológicos y de laboratorio para permitir un análisis adecuado y la identificación de las cadenas de transmisión y las fuentes de brotes”, según ha informado Sanidad.
Amós García lamenta que “después de años y años de trabajo por parte de los sanitarios, de la sociedad también, se consigue declarar el territorio libre de una enfermedad que tiene un impacto terrible en la ciudadanía y, de repente y por parámetros no sanitarios, se genera un escenario que permite la circulación endémica de la enfermedad”.
Este epidemiólogo advierte contra el negacionismo (aunque no parezca aplicar a este caso) y defiende que “es una vacuna magnífica, de las mejores del mercado”.
Pineda concluye con un mensaje positivo: “No hay que generar alarma, pero sí hay que alertar y explicar a la gente que sin unos porcentajes de vacunación muy altos puede haber problema. Pero en España en lo que va de siglo solo ha fallecido una persona por esta causa”, relativiza.
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