España celebra el nacimiento de un pigargo extinto desde el siglo XIX mientras crece la polémica sobre su reintroducción
El auge de los programas de reintroducción de fauna se ha convertido en uno de los temas más discutidos del conservacionismo europeo. La idea de devolver a los ecosistemas especies desaparecidas fascina a algunos y preocupa a otros. España acaba de protagonizar un ejemplo que lo resume todo: un ave rapaz extinta desde hace más de un siglo ha vuelto a criar en libertad.
La historia gira en torno al pigargo europeo, un águila marina de gran tamaño que ha resurgido en los cielos del norte gracias a un proyecto de recuperación iniciado hace cuatro años.
Un ave marina vuelve a volar sobre la península tras más de un siglo de ausencia
El nacimiento de su primera cría marca un hecho sin precedentes. El polluelo nació en mayo en una zona del norte de Castilla y León identificada como adecuada para la especie. La iniciativa forma parte del Proyecto Pigargo, impulsado por GREFA con apoyo técnico del Ministerio para la Transición Ecológica y el respaldo inicial de Asturias y Cantabria. En 2021 se soltaron 25 ejemplares procedentes de Noruega, de los cuales 17 sobreviven. Ernesto Álvarez, presidente de GREFA, explicó que “el nacimiento del primer pollo de pigargo europeo en España representa un momento histórico para la conservación de la naturaleza”.
Las críticas, sin embargo, se acumularon desde el comienzo. Tres expertos de la Universidad de Oviedo publicaron en The Conversation que las bases científicas del plan eran débiles y que la documentación utilizada para catalogar al pigargo como especie extinta se limitaba a restos arqueológicos y citas aisladas. En sus conclusiones advertían que liberar ejemplares noruegos sin pruebas sólidas de su origen ibérico podría alterar el equilibrio de aves rapaces ya establecidas. Esa advertencia generó un debate que llevó a Asturias y Cantabria a suspender su participación en 2023.
GREFA sostiene que la reintroducción cuenta con aval de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y que el seguimiento demuestra una adaptación correcta al medio. El grupo recuerda que el pigargo actúa como depredador y carroñero y que su presencia contribuye al control de poblaciones de peces invasores como la carpa. “Gracias a sus hábitos alimenticios, cumple un papel esencial como limpiador natural de los ecosistemas”, afirmó la entidad. En su opinión, el nacimiento de la cría demuestra que la población puede consolidarse si se recupera el apoyo institucional.
GREFA defiende la viabilidad del proyecto y recalca su papel ecológico en los ríos del norte
El proyecto comenzó en 2019, cuando el ministerio incluyó al pigargo en la lista de especies extinguidas susceptibles de recuperación. En agosto de 2021 llegaron los primeros ejemplares jóvenes a Asturias, donde fueron liberados en el concejo de Ribadedeva. La experiencia fue pionera en España y sirvió para probar técnicas de seguimiento mediante GPS y control sanitario. Pese a las dificultades, GREFA asegura que los resultados superan las previsiones iniciales, ya que la reproducción se ha logrado en apenas tres años y medio, un plazo corto para la especie.
El debate sobre su procedencia biogeográfica continúa abierto. Germán Orizaola, investigador de la Universidad de Oviedo, declaró a El País en 2023 que “se está liberando una especie que carece de espacio ecológico disponible”. Argumentó que el pigargo podría competir con el águila real o el quebrantahuesos por el alimento y desplazar sus zonas de cría. Otros científicos reclaman que los esfuerzos se centren en especies autóctonas con poblaciones mermadas antes que en aves desaparecidas hace siglos.
A pesar de las diferencias, GREFA destaca que el proyecto ha impulsado mejoras ambientales tangibles. En la cornisa cantábrica se modificaron más de 400 tendidos eléctricos para proteger a las aves, y los ejemplares liberados, equipados con dispositivos de seguimiento, alertan sobre casos de envenenamiento o mortalidad. La organización confía en que el éxito reproductivo sirva para retomar colaboraciones con las administraciones y ampliar el número de parejas.
El pigargo europeo, que puede alcanzar los 2,4 metros de envergadura, fue víctima de la persecución humana y la degradación de su hábitat durante el siglo XIX. Su retorno a la península se interpreta como un ensayo crucial para medir la viabilidad de reintroducciones futuras. Mientras unos lo celebran como un paso decisivo en la recuperación de la biodiversidad, otros lo observan como un experimento de riesgo incierto. La respuesta definitiva dependerá de si esas alas recién abiertas vuelven a multiplicarse en los próximos años.
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