Los restos momificados de una chamana siberiana que ofrecen nuevos datos sobre el pasado de la gélida Yakutia
Un estudio internacional coordinado por científicos de la Universidad de Toulouse y del CNRS en el Centro de Antropobiología y Genómica de Toulouse ha arrojado nueva luz sobre la historia de los primeros pobladores de la gélida Yakutia, la república más grande de la actual Rusia y que en invierno puede alcanzar temperaturas de 60 grados bajo cero.
En Yakutia, al noreste de Siberia, se dieron siglos de expansión imperial rusa, iniciada por los cosacos. Sin embargo, el desembarco de nuevas comunidades no sustituyó a los indígenas siberianos, imprescindibles para la subsistencia ante las condiciones climáticas extremas. Al contrario, los resultados publicados por los investigadores en la revista Nature apuntan a que la biología de las poblaciones solo se alteró “ligeramente”. E incluso localizaron los restos momificados de una de las últimas chamanas siberianas, identificada como UsSergue1.
Análisis genéticos y microbianos de 122 individuos
Desde el siglo XVI, la historia de los pueblos indígenas siberianos se inscribe en la historia de la conquista de la región por parte de poblaciones europeas, atraídas por las pieles de animales, recuerdan los autores. La región de Yakutia, donde las temperaturas invernales pueden descender hasta -60 grados, tampoco fue una excepción.
Los pobladores lidiaron con una transformación profunda de su forma de vida, marcada por la introducción del cristianismo, la llegada de nuevos alimentos como los cereales y la exposición a enfermedades infecciosas como la viruela. Y la pregunta que se hacían los científicos era recurrente: ¿qué impacto biológico tuvo esta colonización en la población?
Los investigadores pudieron realizar análisis genéticos y microbianos de 122 individuos enterrados entre los siglos XIV y XIX gracias a la excepcional preservación de los sujetos en el permafrost siberiano y el resultado les sorprendió, porque se observó una “notable estabilidad” a pesar de importantes transformaciones culturales, sanitarias y dietéticas.
“Los cuerpos estaban tan intactos que pudimos realizar autopsias similares a las que realizan los patólogos forenses. Además de los cuerpos, su ropa y joyas también sobrevivieron intactas, lo que brindó una oportunidad excepcional para comparar datos biológicos y culturales”, explica Éric Crubézy, miembro del CAGT, profesor del Instituto Universitario de Francia y director de MAFSO.
Contrariamente a lo que cabría esperar de una conquista colonial, el ADN antiguo reveló una notable continuidad genética con la población actual. “Los análisis muestran que el patrimonio genético yakuto se ha mantenido estable desde el siglo XVI hasta la actualidad”, subrayan los autores, que apuntan a una alianza económica y no a un reemplazo demográfico, posiblemente debido a las dificultades logísticas de establecerse en un entorno tan extremo.
Los restos de una chamana siberiana
Dentro de los restos analizados, se encontraron unos especialmente llamativos, correspondientes a una de las últimas chamanas siberianas. Esta mujer habría sido enterrada a finales del siglo XVIII. Era descendiente del clan más poderoso, seguramente “la última persona hallada con marcadores chamánicos tradicionales” y fue identificada como hija de parientes de segundo grado.
“Probablemente representa un intento de su clan por preservar las tradiciones espirituales ancestrales frente a la creciente cristianización”, añade Crubézy. Su cuerpo estaba enterrado conforme a la cultura local: con algunos objetos funerarios atípicos de finales del siglo XVIII, que recuerdan a la cultura material yakuta más temprana.
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