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10 experiencias únicas que vivirás en el Parque Nacional Corcovado

Un tapir descansa escondido entre la maleza durante las horas de más calor. De noche recorren kilómetros y kilómetros en busca de comida.

Costa Rica es un país verde en absolutamente todo su territorio. Un lugar de selvas, volcanes y playas. Su naturaleza es su principal reclamo turístico pero, según donde vayas, es probable que encuentres más hoteles, más precios inflados y más aglomeraciones de turistas que esa flora y fauna salvaje que te ha llevado hasta Centro América.

Por suerte hay algunos rincones que conservan todo el esplendor de la naturaleza más salvaje y el Parque Nacional Corcovado es uno de ellos. Al sur, casi en Panamá, en plena Península de Osa se encuentra este lugar considerado con diferencia uno de los espacios con mayor biodiversidad del mundo. Para visitarlo tendrás que contratar obligatoriamente un guía autorizado y tu mejor punto de inicio será el pueblo de Puerto Jiménez. Una expedición de 3 días y 2 noches durmiendo en una estación de guardaparques en medio de la selva puede tener un precio de unos 230€ por persona. Tendrás que caminar durante horas, te lloverá como nunca, cruzarás ríos donde hay cocodrilos, te picarán insectos que ni siquiera conocías y estarás rodeado de una naturaleza que parece que te quiere devorar a cada instante, pero aún así, o precisamente por eso, valdrá la pena cada uno de esos euros que has invertido. Y si no te lo crees, aquí tienes 10 experiencias únicas que podrás vivir en Corcovado para terminar de convencerte.

1. Sortear alguna serpiente terciopelo

En Costa Rica hay numerosas serpientes venenosas y algunas de ellas son sin duda mortales. En Corcovado no será difícil que te encuentres con una de las más populares: la terciopelo. Es relativamente fácil ver alguna mientras caminas por el bosque por lo que deberás extremar la precaución. Existe antídoto pero salir desde la espesura de la selva hasta el hospital más cercano puede llevar demasiadas horas. Las terciopelo son una de las razones por las que en Corcovado está prohibido caminar de noche.

2. Toparte con un jaguar

Tener la suerte de encontrarte con un jaguar es tan probable como que te toque la lotería, pero el hecho de estar en Corcovado ya te convierte en un participante con muchas papeletas en el bolsillo. Los jaguares son escurridizos y casi imposibles de ver, se estima que en todo el parque haya unos siete individuos, por lo que realmente se te deben de dar muy bien los juegos de azar si te encuentras con uno. Es el carnívoro más grande de Centro América y está en peligro de extinción. Encontrarse con uno le corta la respiración a cualquiera.

3. Buscar un tapir bajo la maleza

En Corcovado sí es posible ver tapires. El tapir, o danta en Costa Rica, es un primo lejano de los rinocerontes y en el Parque se estima una población de entre 250 y 300 individuos. Son animales nocturnos y al amanecer es posible encontrar sus huellas por los caminos y las playas. Siguiéndolas, con mucho sigilo y respeto, quizá encuentres alguno huyendo del calor del día agazapado bajo la maleza. Aunque son herbívoros pueden medir hasta un metro de alto y pesar unos 300 kilos. Se trata del mayor mamífero de Centro América, por lo que hay que ser prudentes y guardar las distancias.

4. Seguir las huellas de un puma

Los pumas son más fáciles de ver que los jaguares, pero para toparse con uno hace falta paciencia y, sobre todo, una suerte infinita. Pero sí, Corcovado es uno de los mejores lugares del mundo para poder disfrutarlos en su medio natural. Puede que encuentres sus huellas y sigas su rastro, que veas cómo sus pisadas van de la selva a la playa y de la playa a la selva. Presta atención, no dejes de buscar y agudiza el oído, los monos pueden convertirse en sus presas y cuando esto sucede los gritos de alarma de los simios pueden alertarte de dónde está la acción.

5. Ver compartir río a tiburones y cocodrilos

Corcovado es como vivir dentro de un documental de la BBC o National Geographic y si tienes cierta afición por ellos es posible que te suene una escena increíble que posiblemente nunca más vuelvas a presenciar. Al subir la marea, el nivel del río Sirena aumenta, las aguas se mezclan y se revuelven por completo. En ese momento los cocodrilos que habitan el río salen al mar y los tiburones toro se adentran en el río, cruzándose en la desembocadura. El alimento les mueve y si tienes la suerte de presenciarlo será algo que jamás olvidarás.

6. El griterío de los monos aulladores

En el parque Nacional Corcovado puedes ver con facilidad cuatro especies de monos: los monos araña, los capuchinos o cariblanca, titís y monos aulladores. Pero oír, incluso a algún kilómetro de distancia, será sólo a estos últimos. No tienen ese nombre por casualidad, los aulladores emiten aullidos para marcar su territorio y es imposible no oírlos en algún momento, especialmente al llover, que es cuando más se alteran. Por cierto, si se sienten amenazados es posible que te lancen sus excrementos. Ahí queda.

7. Descubrir, por fin, la famosa rana de ojos rojos

Al viajar por Costa Rica verás todo tipo de recuerdos inspirados en esta ranita y es que, si el país tico tiene una símbolo, ese es sin duda la rana de ojos rojos. Un anfibio verde brillante, con toques en azul y pies naranjas, de largas patas y unos enormes ojos rojos. La rana calzonuda es espectacularmente bonita y no es difícil verla tanto en Corcovado como en muchos otros lugares de Costa Rica. Eso sí, el mejor momento para encontrarla adherida a las hojas de las plantas es en la oscuridad de la noche.

8. El romanticismo de los guacamayos

Los guacamayos rojos, o lapas rojas, son sin ningún lugar a dudas unas de las aves más espectaculares que esconden las selvas de Costa Rica. Son grandes, majestuosos, coloridos y fácilmente identificables por su canto. Siempre vuelan alto y prefieren las copas de los árboles más elevados, pero sólo necesitarás un poco de suerte para verlos cruzar el cielo de lado a lado. Además, siempre van en pareja. Entre las lapas el emparejamiento es de por vida y les encanta ponerse moradas a almendras en los almendros más grandes.

9. Tener el mérito de encontrar una rana dardo venenosa

Cuando has entrenado tu capacidad observadora puedes llegar a encontrar alguna rana dardo venenosa. Hay multitud de especies, pero en Corcovado hallarás con mayor facilidad la negra y verde, una preciosa combinación que advierte de su peligro. Esta rana, de unos escasos 5 cm, recibe su nombre por la gran multitud de alcaloides venenosos que se encuentran en su piel. Los pueblos indígenas frotan sus dardos y puntas de flechas con su piel para convertirlos en efectivas herramientas de caza. Las toxinas sólo penetran en el cuerpo a través de mucosas y heridas abiertas, pero por si acaso… mejor mantenerse a distancia.

10. Las mágicas tortugas marinas

Las playas del parque Nacional Corcovado son frecuentadas por cuatro especies de tortugas marinas, las golfinas o loras y las verdes son las más comunes, pero también se pueden encontrar carey o incluso espectaculares baulas o laud. Las tortugas desovan durante la noche por lo que en Corcovado, como no está permitido salir de los refugios en ese momento, es difícil encontrarlas anidando. Sin embargo, las tortuguitas nacen a plena luz del día y en ese momento abandonan el nido. Ese instante, cuando las tortuguitas corren playa abajo hasta el mar, es imposible no considerarlo una de esas 10 experiencias únicas que se pueden vivir en el Parque Nacional Corcovado de Costa Rica.

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Publicado el
9 de junio de 2017 - 14:32 h

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