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Una propuesta suicida

Los partidos nacionalistas vascos y catalanes tienen en el Congreso los escaños que les corresponden, ni más ni menos.

Esos escaños son esenciales para que el Congreso sea una fotografía y no una caricatura de la sociedad española

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Albert Rivera durante la presentación de la plataforma 'España Ciudadana'.

Albert Rivera EFE

España es como es y el nacionalismo catalán y vasco forman parte de ella. Es posible o, mejor dicho, probable o incluso seguro que hay nacionalistas vascos y catalanes a los que no les gusta que sea así. Pero lo es, porque quienes somos españoles no depende de nuestra voluntad, excepto si decidimos nacionalizarnos como ciudadanos de otro Estado. Españoles por voluntad propia solamente lo son los extranjeros que deciden nacionalizarse. Los demás lo somos independientemente de nuestra voluntad. Y por lo tanto, los nacionalistas catalanes y vascos son ciudadanos españoles. Forman parte del “pueblo español” en el que reside la “soberanía nacional”, como dice el art. 1.2 de la Constitución. En la Constitución no hay nada más que UN PUEBLO, el pueblo español. No hay un pueblo andaluz, ni vasco o catalán. Hay un pueblo español del que formamos parte todos, independientemente de nuestro lugar de nacimiento o residencia. Esto es algo que, dicho sea de paso, debió tener en cuenta el Rey Felipe VI en su discurso televisado del 3 de octubre de 2017. Se habría ahorrado y nos habría ahorrado a todos espectáculos perfectamente evitables.

El nacionalismo catalán y vasco políticamente forman parte de la Constitución material de España y tienen que estar representados, en consecuencia, en el órgano constitucional portador de la soberanía nacional/popular. Y tienen que estarlo en condiciones de igualdad con los demás españoles. Y así es como lo están. Las provincias catalanas y vascas no están sobrerrepresentadas en comparación con las de las demás Comunidades Autónomas. Y los partidos nacionalistas catalanes y vascos no están sobrerrepresentados en comparación con los demás partidos. El sistema electoral español es NEUTRO para los partidos nacionalistas. Favorece a PP y PSOE y desfavorece o directamente penaliza a los demás partidos de ámbito estatal.

Dicho de otra manera: los partidos nacionalistas vascos y catalanes tienen en el Congreso de los Diputados los escaños que les corresponden. Ni más ni menos. Y esos escaños son esenciales para que el Congreso de los Diputados sea una fotografía y no una caricatura de la sociedad española. Sin la presencia del nacionalismo catalán y vasco el Congreso de los Diputados sería un órgano constitucional deforme, mutilado. El sistema político español no podría calificarse de democrático.

Esta es la razón por la que resulta disparatado el contenido del tuit que hizo público ayer Andrés Rivera: “Necesitamos una ley electoral que fije el umbral del 3% del voto nacional para que un partido tenga representación en el Congreso; se debe proteger el interés general”.

Está claro que con esa propuesta los partidos nacionalistas pasarían a ser partidos extraparlamentarios. Serían mayoritarios en sus Comunidades Autónomas e inexistentes en el Estado. ¿Hay alguien que de verdad piensa que una sociedad puede autodirigirse políticamente, que es en lo que consiste la democracia, mutilándose de esta manera? Si los excluimos de la representación en el Parlamento del Estado, ¿cómo argumentamos que no tienen derecho a ser independientes? El argumento más sólido frente al nacionalismo independentista es que todos somos titulares de derechos en condiciones de igualdad, que ellos no están privados del ejercicio de ningún derecho y que no pueden justificar su voluntad de independencia en tal privación.

Con la reforma de la ley electoral que propone el líder de Ciudadanos se les regala este argumento. Si el voto nacionalista es un voto estéril porque demográficamente es imposible que llegue al 3% del voto nacional, se les está privando del ejercicio del derecho de sufragio, que es el derecho constitutivo de la ciudadanía, que, justamente por eso, está reservado a los “españoles” (art. 23 en relación con el 13.2 de la Constitución). Políticamente se los está convirtiendo en extranjeros, que pueden ejercer los derechos fundamentales, como lo puede hacer los extranjeros, pero no el de sufragio en las elecciones generales, que solo lo pueden ejercer los españoles. ¿Cabe mayor disparate?

La complejidad de la sociedad española es la que es y tiene que autogobernarse sin mutilación de ningún tipo. Me temo que la moción de censura y la formación de Gobierno por Pedro Sánchez ha trastornado a Ciudadanos mucho más de lo que cabía esperar. Con propuestas disparatadas como la que estoy comentando, únicamente puede llegar a quienes están en la muy, pero que muy extrema derecha. Sería negativo para todos, pero para ellos más que para los demás.

El suicidio es libre.

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