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Un poco de luz

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Energía eléctrica.

La multiplicación del precio de la electricidad en plena ola de frío y la forma con la que Gobierno y medios de comunicación de masas están dando explicaciones frente la alarma social creada merece un poco de luz.

¿Cuál es la causa real de esta subida y, sobre todo, qué podemos hacer para evitar que esto suceda en el futuro y reducir nuestra factura energética? Ciertamente las olas de frío, como las de calor, incrementan la demanda de electricidad.  El ministro de energía y los medios están poniendo el foco en que este hecho -junto con una menor capacidad de producción de las renovables por condiciones meteorológicas adversas y el parón nuclear en Francia, que conjuntamente están reduciendo la oferta de la energía más barata- está haciendo entrar en carga la producción eléctrica procedente de centrales eléctricas de ciclo combinado, que es la más cara en general y cuya materia prima, el gas, está subiendo de precio. Pero esto por sí sólo no explica que el precio se haya disparado.

La regulación del mercado eléctrico es la que provoca esta anomalía. Lo explica muy bien mi amigo Sixto Martín en el correo que nos envía a los socios sevillanos de Som Energía: "Si para cubrir la demanda de una determinada hora, 12 empresas, con diferentes tecnologías ofrecen su electricidad con diferentes precios, se ordenan las ofertas de menor a mayor precio. Supongamos que estos precios son: 0 ( la nuclear y renovables entran a coste cero), 0,02€/kwh; 0,03; 0,035; 0,040; 0,05; 0,06; 0,07...si al llegar a la que oferta a 0,06 cubrimos la demanda, a todas se les paga a 0,06 aunque la hayan ofertado a 0,03, 0,04...  !¡Fantástico para las eléctricas, verdad!  y un desastre para los ciudadanos".

Para concretar lo que esto supuso la semana pasada, Ecologistas en Acción nos aporta el siguiente dato: "A una central nuclear le cuesta generar un megavatio hora de electricidad menos de 20 euros, mientras que el precio al que esa nuclear está vendiendo ese megavatio hora en el mercado mayorista se ha situado esta semana por encima de los 95. Estaríamos pues ante una rentabilidad (de hasta 75 euros el megavatio) de más del 300%, cuando a las renovables el Ejecutivo les ha impuesto por ley una rentabilidad máxima del 7,4%”.

¿Qué sentido tiene que esté limitada la rentabilidad de las renovables y no lo esté la nuclear? ¿Por qué no entra cada energía en la subasta a su precio real de coste y se obtiene el precio final de la subasta como sumatoria de la "cesta" real de cada día?

A estas preguntas que afectan directamente a los elementos anormales que explican la artificial, por desproporcionada, subida de precios de la semana pasada, habría que añadir otras importantes: ¿por qué el consumo de energía repercute sólo un 35% en el coste de la factura que pagamos y la potencia contratada un 40%? Si se quiere primar el ahorro en el consumo de energía, como está promoviendo Europa, habría que premiar a los consumidores que toman medidas para ahorrar energía. Cuanto menor sea la cuota fija del recibo y mayor sea la variable, asociada al consumo, mayor repercusión tendrán las medidas de ahorro.

Por otra parte, en España se produce una anomalía sobre la que los Gobiernos deberían actuar y que afecta de forma importante al precio de la factura. La potencia contratada y la tarifa elegida son las que determinan el coste fijo de la tarifa. En España los consumidores tenemos contratada cuatro veces más energía de la que consumimos. Eso quiere decir que tenemos un gran margen para reducir este término de la factura, ajustando la potencia contratada a la que realmente necesitamos y sobre esto nada está haciendo el Gobierno para informar a la población. Tanto las empresas como los hogares ahorrarían un buen porcentaje del coste de la factura simplemente tomando estas dos medidas: reducir la potencia contratada, normalmente sobredimensionada, y pasar a tarifa de discriminación horaria. En el tramo nocturno, que para un hogar tipo supone el 50% de su consumo, la tarifa se reduce a la tercera parte.

Pero si hay algo que el Gobierno podría hacer para reducir el coste de la energía a las empresas y los hogares es imitar las medidas que están tomando los países que impulsan el autoconsumo. La energía autoproducida en los tejados de nuestras casas, edificios públicos y empresas es más barata que la que consumimos de la red. La anomalía mundial de la política contra el autoconsumo de nuestro Gobierno estriba en que está concebida para desincentivar esta práctica que constituirá antes o después un eje central del nuevo modelo energético.

Portugal e Inglaterra, los países que más recientemente impulsaron esta vía, ambos con Gobiernos conservadores, siguen el modelo de éxito iniciado por pioneros como Alemania: la factura de la luz recoge el balance de la energía producida y la consumida y halla la diferencia. El objetivo es dimensionar las instalaciones para lograr el balance neto, esto es, para que la producción iguale el consumo a lo largo de un año, compensando el día con la noche y el invierno con el verano. Una instalación bien dimensionada logra reducir la potencia contratada y puede llegar al coste cero en consumo.

Lo que urge no es investigar, como pide la fiscalía y aplauden las grandes eléctricas, si ha habido una manipulación en el precio de la energía. Lo verdaderamente urgente es abrir un debate sobre la regulación del mercado energético y sobre el propio modelo porque es su funcionamiento el que provoca estructuralmente subidas como las ocurridas la semana pasada y el que nos lleva en dirección opuesta a la que deberíamos emprender con urgencia.

Es inconcebible que un estado como el nuestro, potencia en recursos renovables, puntero en tecnología renovable de futuro, que logró crear en poco tiempo un innovador tejido empresarial para desarrollarlas, con una población que se organiza en cooperativas para consumir energías renovables, tenga una política energética tan ciega e injusta, que prima las nucleares, el carbón, el petróleo y el gas y pone trabas al sol y al viento.

La composición actual del parlamento permitiría tomar medidas para dar la vuelta a la situación. Los partidos se van a retratar. ¿Están dispuestos a ponerse de acuerdo para hacer una auditoría del mercado eléctrico e impulsar una ley de energía y cambio climático que nos lleve en la dirección que necesitamos? Si no lo hacen, las ciudadanas y los ciudadanos tendremos que presionarles de tal modo que no tengan más remedio que hacerlo. Está en nuestra mano, es nuestra responsabilidad.

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