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“El antiguo ‘Laboratorio de los Ingleses’ de Guadalajara debería asociarse al CEEI”

El historiador Pedro J. Pradillo aboga por que el edificio pueda convertirse en “centro de conocimiento” del pasado textil de la ciudad

Acaba de ser reconocido como Bien de Interés Patrimonial por parte del Gobierno regional, algo que “la experiencia dice que no sirve para nada” si no se apuesta por una conservación real y "tematizar" el patrimonio

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Edificio del' Laboratorio de los Ingleses'

Edificio del' Laboratorio de los Ingleses'

Castilla-La Mancha acaba de incluir en el catálogo de ‘Bien de Interés Patrimonial’ al edificio conocido como ‘Laboratorio de los Ingleses’ en Guadalajara, con la  categoría de ‘Construcción de Interés Patrimonial’. Se trata de un inmueble construido en 1786 que está íntimamente ligado a la historia de la Real Fábrica de Paños de Guadalajara, la más importante industria de la provincia durante el siglo XVIII ya que llegó a dar empleo a 20.000 personas, entre quienes trabajaban en la ciudad y las más de 100 cooperativas asociadas en varias de las actuales provincias de Castilla-La Mancha y Madrid.

La Real Fábrica de Paños de Guadalajara (que nada tiene que ver con otra similar en la localidad de Brihuega) se abrió en 1719 por iniciativa de la Corona Española, con el objetivo de implantar en el país la fabricación de paños finos y  reducir la importación de telas extranjeras e incluso exportar a la América española. El ‘laboratorio de los ingleses’ se construyó con la idea de acoger a cierto número de trabajadores especializados que, a través de un agente irlandés, se contrataban en Inglaterra para la creación de nuevos paños. Estaba junto a otros inmuebles dentro de un complejo industrial de los Batanes de la Real Fábrica, al lado del río Henares.

Sin embargo, el edificio se quedó pequeño para las necesidades de producción, y hubo de transformarse en Oficina de Tintes. Tras el cierre de la Fábrica de Paños el inmueble pasará por distintos usos, el último de los cuales fue un taller de carpintería, hasta su reciente abandono.

 Estuvo a punto de ser demolido

Izquierda Unida Guadalajara, a través de su coordinadora local, Elena Loaisa, mostraba su “satisfacción” por este reconocimiento. La formación recuerda que lo había pedido ya en el año 2011 tras conocer el trabajo de investigación de Pedro José Pradillo, titulada 'El laboratorio de los ingleses en Guadalajara, 1786. Un caso de patrimonio industrial en peligro', donde explica cómo la ciudad se convirtió en uno de los centros industriales más importantes de la España de los Borbón y, también, de la Europa ilustrada. Nada de eso queda.

De hecho, el ‘laboratorio de los ingleses’ es el único edificio que queda en pie del que fuera entre 1719 y 1822 el complejo industrial de los Batanes de las Reales Fábricas de Paños de Guadalajara.  La petición se dirigió a la entonces delegada de Cultura de la Junta, que después fuera consejera, Reyes Estévez. Sin embargo, la "inacción" de la Junta –después llegaría el Gobierno de Dolores de Cospedal-  permitió que el Ayuntamiento de Guadalajara ordenase su demolición en octubre de 2014, "una decisión que consiguió frenarse a raíz de un recurso de Izquierda Unida", comenta Loaisa.

La noticia tiene un sabor agridulce para el propio Pedro José Pradillo, historiador y actual director del Museo Francisco Sobrino de Guadalajara. Sobre la declaración como BIC del edificio  explica que “la experiencia nos dice que no sirve para nada. En este país, lamentablemente, las administraciones no cumplimos con la ley”. Pone otro ejemplo en la propia ciudad de Guadalajara como es el del Poblado de Villaflores, también BIC, y que “se está hundiendo”. Por eso comenta que “está muy bien que pongamos etiquetas sobre los edificios y hagamos declaraciones de buena voluntad pero al final la experiencia es que se nos caen las cosas”.

Asociar el viejo  ‘laboratorio’ al CEEI Guadalajara

El edificio se planteó como edificio destinado a investigadores “que al final no vinieron”, recalca Pradillo,  y aplicar sus conocimientos en las fábricas textiles de  Guadalajara. Eso no ocurrió porque se convirtió en un lugar donde se experimentaba con plantas para crear tintes de colores variados. “Eso del I+D que está tan de moda ya lo pusieron en práctica en Guadalajara a finales del XVIII”. Pradillo plantea la idea de asociar el actual Centro Europeo de Empresas e Innovación de Guadalajara (CEEI) a este edificio. “Ya que la parcela también está protegida se podría apostar por cultivos experimentales como ya se hiciera hace tres siglos o crear un jardín con ese tipo de plantas. Se puede conseguir una zona amena y muy atractiva para el visitante”.

Plano de la fachada de los Reales Batanes en 1727

Plano de la fachada de los Reales Batanes en 1727

Aboga también por que la Administración intervenga “de oficio” para tomar medidas cautelares contra la ruina de este tipo de inmuebles que tienen, en su opinión, “un interés fundamental para el patrimonio de este país”.  Recuerda que junto al edificio están los restos de los Batanes, los martillos hidráulicos que utilizaba la Real Fábrica de Paños de Guadalajara y llevaba asociados una serie de canales por los que entraba el agua del río y un estanque con compuertas. “Eso está en el subsuelo y lo ideal sería recuperar la planta de esos batanes, sacar a la luz todos los elementos de conducción de agua para que pudiera convertirse en un centro de conocimiento de nuestro pasado tecnológico, relacionado con la producción textil”.

“Tematizar” el patrimonio

Se trata en opinión de “tematizar” el patrimonio y “saber para qué servía”. Y es que Guadalajara contaba con un amplio patrimonio industrial vinculado al sector textil. El edificio principal se encontraba frente al Palacio del Infantado, donde hoy está  el Archivo Militar. En 1924 un fuego destruyó casi todo el edificio y se terminó derribando.

La otra gran fábrica, ubicada en el antiguo Alcázar de Guadalajara se destruyó en 1936, durante la Guerra Civil. No muy lejos, los batanes de la Real Fábrica desaparecieron. “Si no protegemos el laboratorio, la memoria de una ciudad como gran centro textil del siglo XVIII se borraría completamente”.

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