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La bola de cristal de Churchill: predijo los móviles, los drones y la bomba atómica

En ‘De aquí a cincuenta años’, uno de los artículos que publicó a principios del siglo XX, Winston Churchill habla sobre energía nuclear, teléfonos móviles, alimentos fabricados en el laboratorio, robots comunistas y reproducción 'in vitro'. Sin embargo, detrás del texto y de su carácter visionario hay una mente científica cuya firma no aparece junto a la del político: la de su asesor Frederick Lindemann.

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El artículo 'De aquí a cincuenta años' se publicó en 1931 en el periódico 'News of the world'

El artículo 'De aquí a cincuenta años' se publicó en 1931 en el periódico 'News of the world'

La bomba atómica la inventó el genio de la ciencia ficción H. G. Wells. Es cierto que el escritor británico no fabricó explosivo alguno a partir de uranio hablaba de una granada hecha de este elemento que “seguía explotando indefinidamente”, pero fue el primero en concebir la idea: acuñó el término en su libro  ‘El mundo liberado’, publicado en 1914. El autor sabía mucho sobre física atómica; había leído los tratados de importantes científicos de la época, como el químico Frederick Soddy, descubridor de la desintegración del uranio.

Cuando  Winston Churchill llegó al Parlamento británico en 1900, se las arregló para conocer en persona a Wells. Había quedado profundamente impresionado por las predicciones que aparecían en sus obras, que había leído repetidas veces. El político, conocido por su interés en llevar la innovación al campo militar, mantuvo el contacto con el escritor durante muchos años. “Wells fue sumamente importante a la hora de estimular el interés de Churchill por la ciencia y la tecnología”, indica a HojaDeRouter.com  Graham Farmelo, biógrafo y autor del libro  ‘La bomba de Churchill’

'De aquí a cincuenta años' habla de niños creados en un laboratorio

'De aquí a cincuenta años' habla de niños creados en un laboratorio

La influencia fue tal que el mandatario se dedicó a publicar sus propios ensayos visionarios durante la primera mitad del siglo XX. Entre ellos se incluye el artículo ‘¿Estamos solos en el universo?’, sobre la posibilidad de que haya vida extraterrestre, cuyo contenido ha sido desgranado recientemente por el astrofísico Mario Livio en la revista  Nature. Según Farmelo, él ya había leído el manuscrito hace seis años mientras se documentaba para su libro. Se trata en realidad de una versión de un texto más amplio,  ‘¿Hay hombres en la Luna?’, publicado en 1942 en el periódico Sunday Dispatch con la firma de Churchill.

Aunque el líder británico se adelantaba a su tiempo planteándose la existencia de vida alienígena en esta pieza, lo cierto es que ya había demostrado su visión futurista en un documento anterior. En ‘De aquí a cincuenta años’, recogido por primera vez en 1931 en News of the world, no solo mencionaba la energía nuclear, sino que también hablaba sobre “robots, teléfonos móviles, televisores por control remoto y el crecimiento de animales en laboratorios”, enumera Farmelo. 

Crónica de un descubrimiento anunciado

“Cuando era niño, Churchill no era bueno en ciencias y odiaba las matemáticas”, señala Farmelo. No obstante, su actitud cambió con los años. Mientras estaba en el Ejército, el británico se dio cuenta de que necesitaba tener conocimientos básicos en ciencia y tecnología si quería conseguir su objetivo: ser primer ministro de Reino Unido. Cuando estaba destinado en la India como soldado, “comenzó a leer libros para educarse”, entre los que se encontraban textos de Charles Darwin y su admirado Wells. 

Churchill mencionó por primera vez las armas atómicas en el artículo ‘¿Deberíamos suicidarnos todos?’ (donde  hablaba también de drones), publicado en 1925, pero no fue hasta 1931 cuando se explayó sobre el asunto de la energía nuclear. En ‘De aquí a cincuenta años’ asegura que “no hay dudas entre los científicos de que esta gigante fuente de energía existe”. Lo único que les faltaba era “la cerilla para encender el fuego”. 

Según el líder británico, el descubrimiento y control de una fuente de energía tan poderosa permitiría manipular procesos de magnitud cósmica. “ La geografía y el clima obedecerían nuestras órdenes”, aseguraba. Creía que 50.000 toneladas de agua, con las herramientas adecuadas, “son suficientes para llevar Irlanda al medio del Atlántico”.

Increíblemente, tres meses después de la publicación del texto, un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge daba con esa cerilla subatómica de la que hablaba el mandatario: el físico británico James Chadwick y su grupo descubrían los neutrones en un experimento realizado en el Laboratorio Cavendish. 

Aunque Winston Churchill firmaba el artículo, el físico Frederick Lindemann había escrito la primera versión del texto

Aunque Winston Churchill firmaba el artículo, el físico Frederick Lindemann había escrito la primera versión del texto

Claro que Churchill conocía los trabajos que se llevaban a cabo tanto en Cambridge como en otros centros de investigación. Sin embargo, el mérito no era del todo suyo, aunque firmara aquellos impresionantes artículos. En 1931 su amistad con Wells se había enfriado bastante, pero contaba ya con un sustituto. Según Farmelo, el político había conocido al físico y profesor de la Universidad de Oxford  Frederick Lindemann en una fiesta en 1922. Hicieron tan buenas migas que lo convirtió en su asesor científico.

“Lindemann no era un científico brillante, pero estaba al tanto de todo lo que pasaba, los últimos descubrimientos y avances”, indica el escritor. Además, tenía un talento especial para explicar los conceptos más complicados. “Era Lindemann quien sabía tanto sobre la tecnología y la ciencia del futuro”, sostiene Farmelo. El físico había escrito el borrador de ‘De aquí a cincuenta años’, la primera versión sobre la que Chuchill trabajó posteriormente para convertirla en un texto “entendible por la gente y ameno”. El proceso, según el literato británico, se repitió en varias ocasiones. 

Robots al servicio del comunismo

En el visionario artículo, el líder británico hablaba de los revolucionarios cambios de la época. Decía que el tiempo en el que vivía era “diferente de todos los anteriores en los anales de la historia” por la aceleración del progreso que advertía, el aumento de la longevidad y de la esperanza de vida de la población. Tenía claro que la causante de esta “prodigiosa velocidad” era la ciencia, pero no confiaba demasiado en que las personas fueran capaces de controlar y asimilar estos rápidos avances. Sus lecturas le habían llevado a pensar que “los seres humanos solo pueden adaptarse a los cambios lentamente”, indica Farmelo. Por eso, el desarrollo científico y tecnológico del momento “le alarmaba y dudaba de que los humanos tuvieran la sabiduría y la flexibilidad para tratar con sus propias creaciones en estos campos”, advierte el escritor.

Uno de los avances que Churchill preveía como consecuencia de la innovación era la fabricación de robots. Para él, una especie de máquinas humanoides que “podrían ser construidas para adecuarse a las siniestras teorías del comunismo”. Porque no había nada en la “filosofía de los comunistas” que impidiera su creación. La referencia del mandatario es en realidad una alusión al escritor checo Karel Čapek, que acuñó el término robot en su obra  ‘Rossum's Universal Robots’ para designar a unas criaturas subhumanas utilizadas como esclavos. “La producción de estos seres será posible dentro de cincuenta años”, vaticinaba el artículo.

El político se mostraba en realidad reticente a la creación de estos seres. Según Churchill, cualquier intento de modificar la naturaleza humana artificialmente acabaría teniendo como objetivo la opresión y la explotación. No hay que olvidar que “era fundamentalmente un conservador, creía firmemente en preservar el orden social y en darle poder a la aristocracia y la riqueza para que las cosas funcionaran”, dice Farmelo. 

El supuesto autor de ‘De aquí a cincuenta años’ también habla en el texto sobre un proceso similar a la fecundación ‘in vitro’.  “Existen pocas dudas de que será posible llevar a cabo en un entorno artificial todo el ciclo que ahora da lugar al nacimiento de un niño”, asegura. No obstante, en su previsión, sostiene que cualquier interferencia en el desarrollo mental de estos bebés probeta, la sugestión o tratamientos recibidos durante sus primeros años producirían “seres especializados en pensar o trabajar”. Estos últimos tendrían unas capacidades físicas mejoradas, pero estarían programados para no tener ambiciones. 

Las ideas expuestas en el artículo recuerdan a las reflejadas por el también británico Adous Huxley en su famoso libro  ‘Un mundo feliz’, publicado en 1932. Pero Churchill seguía empeñado a considerar a los rusos como la fuente de posibles problemas: advertía que la Unión de Repúblicas Soviéticas, “armada con todo el poder de la ciencia”, podría crear “una raza adaptada a las tareas mecánicas y con la única idea de obedecer al Estado comunista’”

“La revolución rusa de 1917 le había inquietado profundamente y se convirtió en un anticomunista”, cuenta Farmelo. “Siempre le había preocupado que habría pasado si los poderosos comunistas tuvieran manos peligrosas [como las nucleares o químicas], pero no tenía los mismos miedos sobre Reino Unido y Estados Unidos”.

De izquierda a derecha: el profesor Frederick Lindemann acompaña a Winston Churchill y Alwyn Crow, Comisario de Desarrollo de Projectiles (1939-1945)

De izquierda a derecha: el profesor Frederick Lindemann acompaña a Winston Churchill y Alwyn Crow, Comisario de Desarrollo de Projectiles (1939-1945)

Teléfonos móviles y animales de laboratorio

En el ensayo, el político británico mencionaba asimismo la obtención de “materiales treinta veces más fuertes que el mejor acero”. Se utilizarían para crear motores que controlaran la nueva fuente de energía descubierta por la humanidad. Las comunicaciones y el transporte por tierra, agua y mar tomarían “formas inimaginables” si el hombre era capaz de fabricar “un motor de 600 caballos de potencia que pesara 20 libras [unos nueve kilos] y llevara combustible para mil horas en un tanque del tamaño de una pluma”. 

El texto ahonda un poco más en las tecnologías de la comunicación, prediciendo la existencia de televisores y teléfonos sin cables que permitirían a su dueño conectarse con otra habitación “igualmente equipada”. Este podría “escuchar y tomar parte en una conversación como si estuviese asomando su cabeza por la ventana”, según Churchill. De todas formas, desde su punto de vista (o el de Lindemann), los urbanitas del futuro tampoco interaccionarían demasiado salvo con sus amigos íntimos y siempre a través de “medios de comunicación excesivamente rápidos”. 

Además del contacto remoto, la producción de alimentos también dejaría de ser un problema en el futuro visionado por el mandatario y su asesor científico. Sin embargo, mientras que en los años 30 la mayoría del sustento se obtenía gracias a la luz solar (ya fuese cultivos o ganado alimentado con pasto), los coautores del artículo veían el balance energético en el medio ambiente como un proceso ineficiente. 

En cuanto a los cultivos, la energía solar dejaría de ser necesaria. “Enormes bodegas, donde se generaría radiación artificial, sustituirán los campos de maíz y patata del mundo”, profetizaban el artículo. 

Muchos de los vaticinios de Lindemann y Churchill eran exagerados, pero otros acertaban de lleno con lo que sucedería unas décadas más tarde. O incluso poco después: en 1938, otro artículo firmado por el mandatario ahondaba de nuevo en el tema de la energía nuclear y pronosticaba su lanzamiento definitivo. “Dos meses después fue descubierta en Alemania", cuenta Farmelo. "Es absolutamente increíble”. 

El escritor británico apostaría “cien mil dólares” a que el texto sobre astrofísica analizado por Livio también salió de la mente de Lindemann. “Churchill no tenía ni idea de ciencia”, recalca. Su verdadera proeza consistió en apoyar la innovación desde su posición política y divulgar conocimientos científicos y técnicos en un lenguaje entendible por el público general. No es moco de pavo. “ Imagina a Donald Trump escribiendo un artículo sobre la teoría de cuerdas, por ejemplo”, invita divertido Farmelo. O a Theresa May. O a Mariano Rajoy.

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Las imágenes de este reportaje proceden del ensayo  ‘De aquí a cincuenta años’ (Winston Churchill) y cortesía de los  Imperial War Museums

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