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Las tres veces en 8 días que Rajoy pudo evitar este desastre y no quiso

La declaración de independencia es responsabilidad del soberanismo catalán, pero evitar la fractura estaba también en manos de Rajoy

Puigdemont ofreció su rendición y Rajoy la ha rechazado. Y ahora no sabemos a qué nos enfrentamos.

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Rajoy recibe información de los sucesos de Kabul por teléfono.

Rajoy, en una imagen de archivo EFE

Solo en los últimos 8 días, Mariano Rajoy ha tenido al menos tres oportunidades para evitar el desastre al que nos condena la declaración unilateral de independencia y el 155. No hablamos de hipótesis políticas imposibles de asumir por el presidente, no se trata de referéndums pactados ni de mediaciones internacionales. No hay que remontarse a cómo el PP ha sido el gran impulsor del nacionalismo catalán al perseguirlo. Hablamos de tres momentos específicos en esta última recta final, donde Rajoy podría haber sido el líder sensato que dice ser sin dejar de defender su línea política sobre Catalunya.

1.

El primero sucede cuando Puigdemont responde al requerimiento de Rajoy para que aclare si había declarado la independencia en aquel pleno tan confuso del 10 de octubre. El president catalán, no a la primera pero sí a la segunda, admitió que la DUI nunca fue tramitada.

Rajoy, muy claramente, había dicho al presentar su requerimiento en el Congreso: “ Basta con que diga (...) que no declaró la independencia”. Si no hay DUI, no habría 155. Es más, fuentes del Gobierno aseguraron a través de los medios de comunicación que si se aclaraba que no se había DUI, “se volvería al escenario anterior al 6 de septiembre”. Eso significa que el Gobierno estaba dispuesto a obviar la ley de transitoriedad y la convocatoria de referéndum, que de hecho ya habrían sido argumentos suficientes para aplicar el 155. Al ver la respuesta de Puigdemont, que confirmaba que la independencia no se declaró , muchos respiraron aliviados. Rajoy renunciaría a la intervención de Catalunya. Pero no.

El 19 de octubre, en su primera oportunidad en los últimos 8 días para evitar este desastre, Mariano Rajoy se agarró a los matices para ignorar la respuesta de Puigdemont y poner en marcha el artículo 155; y no una versión suave que nos había prometido el pacto con el PSOE, sino la más dura. El control total de la Generalitat.

2.

Rajoy desplazó entonces la línea roja de la negociación. Se mandaron señales claras de que si Puigdemont convocaba elecciones autonómicas , quizá no fuera necesario aplicar el 155, cuyas consecuencias son imprevisibles. Es lo que lleva pidiendo Ciudadanos desde hace semanas. Es lo que el PSOE apuntaba como solución in extremis para evitar la intervención.

Y ante la presión y esa oferta, este jueves Puigdemont se da por vencido. Cumpliendo el plazo que le daba Rajoy al activar el 155, decidió este jueves disolver el parlamento catalán y convocar elecciones autonómicas.

No era un movimiento estratégico, no era un farol. Era una rendición. La prueba es que inmediatamente después de comunicárselo a los diputados de JxSí, muchos de los presentes en la reunión salieron muy enfadados, diciendo “se acabó” o aliviados, mascullando en el caso de ERC y luego la CUP contra la decisión del president. Dos diputados del PDeCAT que estaban en esa reunión estratégica anunciaron su dimisión. La dirección de ERC dejó caer que abandonaría el Govern para no ser cómplice de una convocatoria de elecciones que eran una cesión al chantaje del 155. La campaña electoral había comenzado.

Puigdemont ofreció su rendición, pero Rajoy dijo no . El PP afirma que Puigdemont no solo ofreció a Rajoy las elecciones sino que pidió que la fiscalía pidiera la libertad provisional de los Jordis y hasta inmunidad personal, pero la mayoría de las informaciones apuntan a que Puigdemont solo pidió que se frenara la intervención.

3.

Justo en el momento en que Puigdemont habló en el parlament para explicar que había fracasado su negociación con el Gobierno, se abrió paradójicamente otro último resquicio para la solución. Puigdemont no aprovechó ese mismo discurso para dar por hecha la independencia. Aún quedaban algunas horas para que todo cambiara de nuevo.

Una vez humillado ante los suyos, Puigdemont se retiró a un segundo plano. El president ha dejado en manos de los grupos parlamentarios catalanes, y no solo de su decisión ejecutiva, el trámite hacia la declaración de independencia. Ni siquiera ha tomado la palabra antes de la votación en el Parlament, ni para anunciarla ni para defenderla. No parece la típica actitud de quien ejerce chantaje.

Con el retraso en las votaciones se han estirado las horas disponibles de negociación. El PSOE, y especialmente el PSC, que no quiere cargar con la culpa histórica de un 155 desastroso pactado con el PP, ha intentado que Rajoy frene y anule el 155 por ahora.

Pero no. Rajoy no se ha movido y ha confirmado las medidas del 155 más agresivo. El Senado ha sellado la decisión con un estruendoso aplauso.

El independentismo catalán se ha embarcado en una aventura irresponsable. No se dan las condiciones sociales para una declaración de independencia sin conflicto y tampoco se dan las condiciones políticas para que haya un referéndum acordado con garantías legales. La responsabilidad de esta DUI es suya.

Pero eso no significa que Mariano Rajoy no sea parte responsable del desastre al que nos asomamos. Ha podido evitar el 155 y no ha querido. Ha preferido el aplauso a la solución. Porque no se fía de que sea una trampa o porque le conviene electoralmente mantener la mano dura y humillar al independentismo. Por la razón que sea, Rajoy ha preferido apretar.

Y ahora no sabemos a qué nos enfrentamos.

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