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Desidia pública y abandono del Patrimonio cultural en el "Museo más grande del mundo"

Más de 160 bienes de interés cultural y lugares de Castilla y León figuran en la lista roja de Hispania Nostra, de los que sobresalen las localizaciones en el mundo rural: monasterios en ruinas, castillos desmoronados, o ermitas olvidadas.

Se ha sumado a la relación el jardín histórico de El Bosque, en Béjar (Salamanca), ante la gravedad de su deterioro y la negligencia en la gestión de las autoridades locales y autonómicas.

Con los recortes y políticas recientes, sin “musculos financieros” y sin entusiasmo social, asistimos a una nueva fase de abandono y de expolio del patrimonio que raya  en la necedad e insensatez más inadmisibles.

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La ermita-santuario de Santa Catalina, en Tierra de Almanza (León), en la lista roja de patrimonio de Castilla y León. Hispanianostra

La ermita-santuario de Santa Catalina, en Tierra de Almanza (León), en la lista roja de patrimonio de Castilla y León. Hispanianostra

La lista roja del patrimonio ha dado de nuevo la voz de alarma a través de Hispania Nostra. Los datos generales sobre la ruina de nuestros bienes culturales nos muestran un cuadro verdaderamente desolador en todo el país, y los más específicos de Castilla y León nos confirman la incapacidad pública y social para asumir con mínima responsabilidad la conservación y gestión de "el  museo más grande del mundo", según califica a la región la propaganda de la Junta en la última feria de FITUR.

Más de 160 bienes de interés cultural y lugares de todas las provincias de la región castellano-leonesa figuran en la lista roja, sobresaliendo las localizaciones en el mundo rural: monasterios en ruinas, castillos desmoronados, o ermitas olvidadas son hechos comunes y reiterativos. Con más de veinte llamadas de atención figuran Palencia(28), León (25), Soria (25), Burgos (22), seguidas de Segovia (15), Valladolid (14), Salamanca (13), Zamora (12) y Ávila (13). No faltan en la lista ejemplos en las capitales de provincia o en las ciudades de la región como la presencia de la cerca medieval de León.

Estos días se ha sumado a la relación el jardín histórico de El Bosque, en Béjar, ante la gravedad de su deterioro  y la negligencia en la gestión de las autoridades locales y autonómicas. El informe no deja lugar a dudas: abandono general y desatención de los jardines, sustracción de aguas, entorno maltratado o incumplimiento del Plan Director del Bien de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico, “facilitando el expolio, el avance de la ruina y del abandono de la villa renacentista”. Béjar se muere; a la ruina textil, se suma ahora el desamparo de los bienes históricos  e industriales.

Alguien se preguntará sobre las circunstancias que atraviesa nuestro patrimonio más privilegiado. Y ciertamente diremos: ¿cómo no vamos estar apasionados por los paisajes y patrimonio del Camino de Santiago, de las herencias históricas de la Vía de la Plata, de los corredores ecológicos y culturales de las cañadas ganaderas, o de nuestras tres ciudades patrimonio de la humanidad? ¿Cómo no vamos a sentirnos orgullosos de labor tan encomiable realizada en los últimos tiempos por La Fundación Las Edades del Hombre en defensa y recuperación del patrimonio religioso, de las tareas tan enriquecedoras emprendidas desde Aguilar de Campoo por la Fundación Santa María la Real en torno al románico, o de esos  esfuerzos locales en convertir sus bienes culturales y patrimonio en señas de referencia comarcal a través de las programas Leader o Proder?

Pero hay algo más allá del “museo” y del decorado turístico. Y  también, más allá de la denuncia tan bien documentada y localizada de Hispania Nostra, aunque nos demos de bruces con una realidad vergonzosa y descorazonadora. La región de Castilla y León sufre el deterioro irreparable de todo su patrimonio rural y de la memoria colectiva depositada en las ermitas solitarias, en los barrios y lugares abandonados, en las sendas de herradura y caminos carreteros de ayer, o en esos enclaves agrícolas y de frescor de los pequeños valles y vegas donde los cultivos y la trama vital desaparecieron hace décadas, dejándonos hermosas norias ya herrumbrosas o humildes acequias e ingeniosas caceras ya derruidas o cubiertas por la vegetación. Aquí, en cientos de parajes de expresiva toponimia y con arquitecturas elocuentes, el patrimonio se guarda o se oculta en auténticos palimpsestos del paisajes de lectura cada vez más dificil y entrañable, eso si, despreciados por las autoridades ignaras  y soberbias de nuestra región.

La imagen y las circunstancias nos recuerdan  la voz dolorida de aquel notario regeneracionista de Frómista comprometido con el futuro de la región, Julio Senador, cuando escribio hace cien años aquella obra tan lúcida y crítica: Castilla en escombros: las leyes, las tierras, el trigo y el hambre (1915).

Además de conocer y defender las herencias patrimoniales, nuestra sociedad y nuestra política cotidiana necesitan  de una sensibilidad afectiva y de un respeto colectivo hacia estos bienes culturales. Por ello, consideramos que nuestra matriz educativa debería  manejar con inteligencia  una mirada verdaderamente transversal y con capacidad para integrar el patrimonio en la vida escolar -por supuesto, incluída la Universidad- y en el quehacer responsable y comprometido de los ciudadanos. Salvo ejemplos honrosos de asociaciones o fundaciones como la propia Hispania Nostra o “Pro Monumenta” (León), que merecen el reconocimiento público, nuestra política y nuestras prioridades están muy alejadas de los anteriores principios y comportamientos, propios de una sociedad sensible y culta. Más bien, con los recortes y políticas recientes, sin “musculos financieros” y sin entusiasmo social, asistimos lamentablemente a una nueva fase de abandono y de expolio del patrimonio que raya  en la necedad e insensatez más inadmisibles. Así nos va.

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