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Cinco mitos sobre el incendio de Santander

Solo dos de los casi 400 edificios afectados por las llamas en 1941 fueron restaurados y ambos eran religiosos: la catedral y la iglesia de La Compañía

En plena dictadura franquista se acallaron las quejas de las víctimas y los vecinos, que vieron cómo se les expulsaba del centro y no eran compensados

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Vista general de la Puebla Vieja de Santander.

Vista general de la Puebla Vieja de Santander tras el incendio que arrasó el centro histórico de la ciudad.

La mitología alrededor del incendio del centro de Santander y del rediseño urbano que le siguió no deja de ser alimentada. Los testimonios emocionales del pasado, el relato del espanto y de la reconstrucción "modélica" suelen dejar de lado algunas otras realidades que, paradójicamente, son muy útiles para entender el presente de la ciudad. Estos son cinco de esos mitos.

1. Se quemó Santander

En realidad se quemó una pequeña e importante parte de la ciudad que era el centro antiguo de la misma. El censo de 1941 reseña que Santander era una ciudad con 101.793 habitantes (similar a San Sebastián o La Coruña) y los afectados por el incendio se calculan en 10.000. Es decir, el desastre fue para el 9,82% de la población.

2. La ciudad fue reconstruida

Quizá es el mito fundacional. Se construyó una nueva ciudad, pero no se reconstruyó la ciudad quemada. Solo dos edificios fueron reconstruidos y fueron religiosos (la catedral, aunque alterada en su exterior, y la iglesia de La Compañía). De hecho, el centro histórico de la ciudad fue doblemente destruido. Si lo visible de la Puebla Vieja y la Puebla Nueva fue pasto de las llamas, lo invisible fue arrasado por las excavadoras.

Con el cerro Somorrostro, tajado en buena parte para ampliar las calles Lealtad e Isabel II, no solo desapareció el trazado de Rúa Mayor (la vía principal del Santander histórico) sino que se perdieron capas de historia arqueológica de la ciudad. Quedan apenas vestigios mínimos de una ciudad que, según los apologetas de la “reconstrucción”, se “modernizó” para olvidarse de sí misma.

3. Todas las víctimas fueron resarcidas

El régimen franquista tenía claras sus prioridades. Si bien alojó de forma temporal a algunos de los afectados en hoteles de veraneo de El Sardinero o en La Magdalena, esta población tuvo que moverse a zonas de chabolas degradadas con nombres tan explícitos como Manchuria o Venecia y apelar a la autoconstrucción. O las víctimas no fueron 10.000 o se atendió a muy pocas, ya que la propia reseña del comité de reconstrucción indica que se atendió a 237 familias, eso sí: "no sólo físicamente, sino también moral y espiritualmente".

La reacción sí fue rápida para ayudar al comercio afectado por el incendio. En semanas se levantaron pabellones temporales para que pudieran reanudar su actividad. En cuanto a los propietarios de los edificios siniestrados, la mayoría no pertenecientes a la clase adinerada de la ciudad, sufrieron la expropiación forzosa de sus terrenos y hubo múltiples conflictos por los pagos de las indemnizaciones y protestas veladas. La dictadura no era un ecosistema de libertad como para exigir la reparación prometida.

4. La reconstrucción fue una demostración de fuerza del régimen franquista

En realidad, el régimen se dedicó a diseñar el marco legal para que los promotores inmobiliarios pudieran hacer su negocio. Mientras, se levantaron con dinero público los edificios no rentables: la catedral y la iglesia de La Compañía, los grupos de viviendas para empleados y operarios y las casas ultrabaratas para los pobres. Estas acciones con dinero público para las clases populares tampoco cumplieron las expectativas.

El régimen prometió, por ejemplo, la construcción de 900 viviendas en Peñacastillo y Maliaño, 600 en el Barrio Pesquero (que no llegaron a 300), 1.000 en la parte alta de la Calle San Fernando o 106 sobre el túnel del Pasaje de Peña. Nada de esto ocurrió. De un total de 3.011 viviendas 'humildes' proyectadas, solo se construyeron 1.399 (pero 200 de ellas ya estaban en construcción antes del incendio).

Durante la "reconstrucción" de la ciudad, los miembros más ideologizados de Falange se enfrentaron al gobernador civil, Joaquín Reguera Sevilla, y al alcalde Emilio Pino. Este último también terminó enfrentado a Reguera Sevilla que fue quien, con su mancuerna con el sector privado, salió triunfante.

5. Se reconstruyó con el aporte solidario del resto de España

La cifra oficial de la recaudación lograda con la suscripción nacional de apoyo a la reconstrucción del centro de Santander fue comunicada por el gobernador Reguera Sevilla: 20.161.033,93 pesetas. La negligencia en su manejo y las irregularidades sospechadas fueron tales que se paró el proceso de recaudación de donaciones. Un ejemplo del descontrol puede ser el cheque de 23.717 pesetas entregado por la comunidad cántabra en México al embajador español en ese país. El cheque, entregado en 1941, anduvo perdido hasta 1947. La ayuda, prevista para distribuirla entre los damnificados, nunca llegó a los habitantes, sino que sirvió para financiar la construcción de edificios públicos y/o religiosos.

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