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"En el PSE, de Euskadiko Ezkerra solo quedan las siglas"

El historiador Gaizka Fernández Soldevilla repasa en el libro 'Héroes, heterodoxos y traidores' la historia de ETA pm hasta la integración de Euskadiko Ezkerra en el PSE.

Para el autor, 'Pertur' y Mario Onaindia son los personajes clave en la historia de EE.

El actual final de ETA coincide con la desaparición de ETA pm en que no ha sido por razones morales sino estratégicas.

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El historiador vizcaíno Gaizka Fernández Soldevilla.

El historiador vizcaíno Gaizka Fernández Soldevilla.

Gaizka Fernández Soldevilla (Barakaldo, Bizkaia, 1981) es un historiador metódico. Tal y como se describe en su blog, no le preocupa tanto el resultado del camino como el trayecto en sí mismo. Hace diez años, tras un viaje a Madrid para estudiar un máster, se 'escondió' en la Biblioteca Nacional de la decepción de no haber acertado con su elección y allí, entre las encuadernaciones más importantes del país, descubrió la pasión por desbrozar la historia de ETA político militar (ETA pm) y  Euskadiko Ezkerra (EE). O quizás la pasión dio con él, ya que hasta ahora se ha hablado mucho del viejo partido que evolucionó del marxismo y el independentismo al autonomismo y el respeto al Estatuto de Gernika, pero no había ningún estudio profundo sobre una transformación que, en buena medida, sirve de metáfora de lo que ha sucedido con una parte de la sociedad vasca.

Euskadiko Ezkerra, el partido de Mario Onaindia, Juan Mari Bandrés y Kepa Aulestia entre muchos otros, vivió su particular transición acelerada. Nacido a partir de ETA pm se fue incorporando a la democracia hasta rechazar la violencia y vivir en el otro extremo: el de padecer la amenaza de ETA militar, la facción que lamentablemente ha perdurado hasta nuestros días. Algunos de sus militantes padecieron la frialdad de las cárceles franquistas, incluso la pena de muerte, y terminaron con la sombra de la escolta que les protegía del punto de mira de ETA. Pero no todo es épica en la vida de ETA pm y su rama política. Tal y como describe Fernández Soldevilla en el libro 'Héroes, heterodoxos y traidores' (Tecnos, 2013) no había una ETA buena, encarnada en los 'polimilis' (que era como se conocía a los miembros de ETA pm) y una mala que se quedó en ETA militar. Había dos facciones que mataban y dejaban víctimas, cuantitativamente unos más que otros, pero víctimas con toda la crudeza y el dolor que causaron.

Aquella transición que desembocó en una fusión-absorción en el Partido Socialista de Euskadi dio lugar al actual PSE-EE y un giro vasquista en el viejo partido obrerista. Hubo quien, tras la suma de las dos fuerzas, creyó que el socialismo vasco llegaría a los extremos de sus compañeros catalanes del PSC. Pero la realidad es que parte de aquella ilusión del sector más vasquista de EE se ha ido diluído con el tiempo. La historia apasionante de un partido que se quedó en el recuerdo y en la mitología de la izquierda vasca -se decía que EE tenía más simpatías que votos- está trazada con una precisión quirúrgica en un libro que, para dar cuenta de su fundamento, tiene 16 páginas de bibliografía consultada. Pero a pesar de la cantidad de datos y reseñas se lee como una novela que fue una realidad que se ha instalado en el imaginario del progresismo vasco. Y cobra toda la actualidad ahora, en una época en la que de nuevo parte de la sociedad vasca tiene que repetir el trayecto de los zulos a las instituciones y cuando, inevitablemente, se traza un paralelismo con lo que ya sucedió hace 35 años.

Pregunta: En el imaginario vasco existe en cierta medida la idea de que Euskadiko Ezkerra hizo una transición casi perfecta de la violencia a la democracia pero, ¿hasta qué punto hemos idealizado esa transición?

Respuesta: En una parte de la población y del espectro político, Euskadiko Ezkerra está demonizado. Para la izquierda abertzale son los traidores a la patria. Pero para otro segmento político, especialmente entre los intelectuales, el mundo universitario y los medios de comunicación tanto vascos como del resto de España están muy idealizados. Lo poco que hay escrito sobre EE tiende a pasar por alto todas las sombras que tuvo este partido. Y son muchas que van desde la relación con ETA pm durante toda la transición hasta que EE se nutrió económicamente de ETA pm o el silencio ante los crímenes de ETA pm. En el libro intento destacarlas porque son parte de su historia y lo que he pretendido es hacer un relato al natural, realista, sin tapar nada. Ni demonizarlos ni idealizarlos sino mostrarlos tal y como eran.

P.: ¿La vida de Euskadiko Ezkerra puede servir de metáfora de la evolución de una parte importante de la sociedad vasca?

R.: Es un buen ejemplo. En gran medida, Euskadiko Ezkerra era a pequeña escala una réplica de la sociedad vasca. En su seno convivían vascos más nacionalistas y vascos menos nacionalistas, personas más de izquierdas y menos, había gente 'euskaldun zaharra' (cuyo idioma materno era el euskera) e inmigrantes... contaban con una cierta heterogeneidad que, hasta cierto punto, coincidía con la de la sociedad vasca y durante diez años supieron convivir juntos a pesar de sus diferencias porque tenían un mínimo común denominador que era el Estatuto de Gernika. Pero también es cierto que al final de la etapa esto estalla y las diferencias se agrandan y los más nacionalistas van a un lado, los menos a otro... Eso sucede en el años 1992 o 93 y es premonitorio de lo que va a pasar en el 98 en la sociedad vasca con el Pacto de Estella, el frentismo, el plan Ibarretxe... En cierto modo, el fracaso de EE de conseguir la cohesión de sus militantes va a ser luego el fracaso de la sociedad vasca en su conjunto.


Me llamaba la atención que en la Transición a ETA pm siempre se la veía como la ETA ‘buena’ frente a ETA m. Los ‘polimilis’ eran los etarras blandos, los del terrorismo de fantasía, los Robin Hood… Pero claro, es cierto que mataban a menos gente, pero una muerte es una muerte.


P.: En una situación como la actual, con la ciudadanía huyendo de los partidos tradicionales, y el escenario político actual de Euskadi, ¿tendría cabida una alternativa como EE?

R.: Creo que EE ocupaba en el País Vasco, más o menos, el espacio electoral de Izquierda Unida. Situados más a la izquierda del Partido Socialista, críticos con el sistema y más allá de la socialdemocracia y que tenía el 'bonus' de no estar 'manchada' por la política tradicional, la corrupción, el desgaste del poder... Eran inmaculados en ese sentido y, por tanto, EE hoy tendría un hueco pero limitado. En la situación actual, con la crisis que señalan las encuestas de los partidos tradicionales, le sucedería como a IU o UPyD y tendería a subir pero creo que tendría un techo claro y no podría subir más ya que su discurso era demasiado racional, cívico, intelectual como para ser asumido por la gran parte de la población.


Fusión con el PSE

P.: ¿Ese discurso racional e intelectual se ha disuelto al convergir EE con el PSE?

R.: Creo que sí. La convergencia del Partido Socialista con Euskadiko Ezkerra era una buena idea sobre el papel para crear una alternativa vasquista y progresista a la hegemonía que había tenido el PNV pero esa unión cuando se lleva a cabo se convierte en cambiar un poco el Partido Socialista de toda la vida, modificar un poco el discurso, introducir algunas caras nuevas y ampliar las siglas pero de fondo lo que subyace es el PSE de toda la vida. Sigue siendo una fuerza más obrerista, de la Margen Izquierda y por tanto, al final, EE y sus hombres y mujeres con su discurso se van diluyendo. Sale a la luz otra vez un poco en la era de Patxi López, que ha recuperado un poco el discurso y también ha repescado a bastantes ex militantes de EE que incluyó en su Gobierno, pero no deja de ser una recuperación muy parcial y de Euskadiko Ezkerra solo quedan las siglas.

P.: Algunos ‘viejos’ militantes de EE señalan en este sentido que cuando se fusionaron ambas formaciones más que una suma fue una compra debido a la alta deuda que tenía el partido.

R.: Es bastante cierto. En el libro he podido acceder a las cuentas de EE y a principios de los 90 tenían una deuda de cientos de millones, en torno a 700 u 800 millones de pesetas (de 4,2 a 4,8 millones de euros) y eso era inasumible para el partido porque cada vez tenía menos cargos institucionales y menos ingresos. No podían mantenerse y el PSE, al ofrecer hacerse cargo de la deuda, fue un flotador al que agarrarse y salvarse de un desastroso final que, por otra parte le ocurrió antes a numerosos partidos en la Transición. Esa es una parte de la historia y la otra es que el PSE tenía muchos más militantes y siempre el pez grande se come al chico y así sucedió excepto en algunas localidades de Gipuzkoa, como Andoain y Zarautz, donde son más los ‘euskadikos’ que los socilistas y por lo tanto el partido que queda nuevo es sobre todo EE.

El historiador vizcaíno Gaizka Fernández Soldevilla.

Un momento de la presentación del libro de Gaizka Fernández Soldevilla.


‘Pertur’ y Mario Onaindia

P.: Vamos al origen de EE, a la época más dura y difícil. ¿Se puede decir que los dos grandes nombres del partido son Moreno Bergareche, alias ‘Pertur’, y Mario Onanindia?

R.: ‘Pertur’ es como el fundador de Euskadiko Ezkerra. Aunque no asistió a la fundación de EIA (Euskal Iraultzako Alderdia) ni de EE. Pero él es el que da la idea, da el primer paso y el que genera el movimiento. Sin su atrevimiento hubiese sido imposible todo lo demás porque él pone las bases. Luego realmente es Mario Onaindia el que continúa ese cambio. No de manera lineal ni siguiendo un plan establecido, pero él es el que hace ese camino hacia posibilismo, el abandono de los mitos, la toma racional de decisiones, el abandono del sectarismo y del fanatismo. Efectivamente, creo que son los dos grandes adalides de Euskadiko Ezkerra. Luego evidentemente hay que sumar otros como Juan Mari Bandrés o Kepa Aulestia.

P.: Desde la situación actual, en la que hay un cierto paralelismo salvando las grandísimas diferencias temporales y de coyuntura, da la sensación de que en aquella época fue más fácil reinsertar a los 'polimilis' y que la ciudadanía tenía mayor predisposición. ¿Fue más generosa la sociedad y la clase política de aquella época que la de ahora?

R.: Sí, la verdad es que lo fue mucho más. Y la explicación puede ser la cercanía y la imagen de la Guerra Civil. Todo el mundo tenía presente lo que había sucedido con la II República donde las diferencias se habían resuelto a tiros y ese miedo a repetir la violencia hizo que todos los partidos cediesen mucho más de lo que hubieran hecho en circunstancias normales. Existía la obsesión de llegar a grandes consensos: los pactos de La Moncloa, la Constitución, los estatutos de autonomía… En cambio, hoy en día esa cultura se ha agotado. Todos los partidos hablan de llegar a acuerdos pero en realidad nadie quiere hacerlo porque para pactar tienes que hacer cesiones y en la política española en general y en la vasca en particular cuando se dice que hay que alcanzar acuerdos en realidad a lo que se aspire es que a se esté de acuerdo con lo que uno dice. Se ha perdido cierta generosidad, el ansia de llegar a acuerdos y también a una serie de políticos que eran más estadistas que políticos y que hoy en día se echan de menos.


Guerra imaginaria

P.: En el libro cuenta que ETA pm no deja de matar por una convicción ética, que lo hace por necesidad estratégica. ¿Estamos viviendo lo mismo?

R.: Estoy convencido de que estamos viviendo lo mismo con ETA. No se han despertado de la noche a la mañana demócratas sino que se han dado cuenta de que la violencia les era contraproducente. Por ejemplo, la violencia les impedía que fuesen a las instituciones democráticas y eso estaba permitiendo que otras alternativas como Aralar o NaBai ocuparan su espacio electoral con el peligro de que acabasen asentándose ahí y quitándoles el hueco. No creo que en la situación actual hayan hecho ninguna reflexión moral. Quizás la hagan en el futuro pero ahora simplemente han visto que la violencia no ha dado resultados y así lo señalan en su ponencias. Han visto que después de 40 años y más de 800 muertos no han logrado nada y ahora van a seguir su guerra imaginaria por otros medios.

P.: ¿Con el libro intenta desmitificar la existencia de una ETA ‘buena’ que encarnarían los ‘polimilis’ frente a una ETA perversa que sería ETA militar?

R.: Cuando investigué me llamaba la atención que en la Transición a ETA pm siempre se la veía como la ETA ‘buena’ frente a ETA m. Los ‘polimilis’ eran los etarras blandos, los del terrorismo de fantasía, los Robin Hood… Claro, es cierto que mataban a menos gente, pero una muerte es una muerte. Los ‘polimilis’ inventaron el ‘impuesto revolucionario’, los atracos a bancos, los secuestros exprés con tiros en las rodillas… es decir, auténticas barbaridades que luego copiaron los ‘milis’. No creo, en absoluto, que hubiese una ETA más mala que otra.

P.: ¿Esa sensación se pudo construir porque muchos ‘polimilis’ acabaron amenazados por ETA m?

R.: No. Esa sensación ya se daba en la Transición. Cuando secuestran a Javier Rupérez, la familia está esperando para saber quién le ha secuestrado y en el momento que se enteran que son los ‘polimilis’ dicen “menos mal”. La gente, la población e incluso las víctimas veían durante la Transición con menos temor a ETA pm porque se creía que su violencia era menor. Luego, con el tiempo, sí es verdad que esa leyenda se ha agrandado por la trayectoria de una serie de personas que abrazaron la democracia y eso hace que su pasado se endulce. Pero eso también da más valor a lo que lograron. Cuando miras al pasado y ves lo que hicieron y que consiguieron dar el paso e integrarse, hay que valorarlo. Viniendo de donde venían fueron capaces de salir del odio y la violencia y de acabar con el terrorismo e incluso impulsar el pacto de Ajuria Enea.

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